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El Real Madrid sin alegría ni gol ni liderato en Mallorca (1-0)

Brahim, que no había jugado ni un minuto esta temporada, fue la solución de Zidane para intentar sacar algo positivo de Mallorca. Eso fue el Real Madrid en las islas, un equipo con muchas novedades, demasiado experimental, bastante soso, sobre todo en la zona en la que hay que ser atrevido, en el área. Una jugada definió lo que le sucedió al equipo cuando llegaba cerca de la portería contraria, en la ocasión más clara del Real Madrid en la segunda mitad contra el Mallorca. «Hacia dentro, a portería», parecía decirle con las manos Benzema a Rodrygo. Pero al joven extremo blanco se le había escapado un poquito el balón cuando llegaba al área y en vez de tirar, sólo pudo centrar. La jugada acabó, como el resto, en nada.

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Y se quedó sin marcar el Real Madrid y se quedó seco en Mallorca, sin liderato y con la sensación de que no termina de arrancar, de que es un equipo que no se despega de la irregularidad. Un gol en el minuto 7 de Lago Junior fue demasiada losa para los de Zidane: lentos casi siempre y con pocos recursos para llegar al área. Vinicius fue su gran arma, el más ofensivo y profundo, pero sin acierto en el momento de la verdad. Como Vinicius, el Real Madrid fue un equipo impotente cuando tenía que ser decidido. Un golpe duro para un grupo que tras la victoria contra el Granada parecía que había encontrado el molde y que ahora tiene que ir detrás del Barcelona en LaLiga.

Entre las lesiones y las circunstancias, como la paternidad de Hazard, Zidane presentó un equipo extraño en Mallorca, ofensivo, aunque puede que poco consistente. Posiblemente fue mejor que el Mallorca y un empate no hubiese sido un resultado engañoso, pero le faltó algo al Real Madrid: imaginación y carácter. O quizá velocidad para apretar al rival de verdad. No fue capaz de cambiar el ritmo del encuentro ni que el Mallorca viese el peligro o se sintiese cerca del precipicio.

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Sin Kroos ni Modric y con Valverde con demasiados kilómetros de vuelo, el francés dio el centro del campo a Casemiro e Isco, apoyados por James Rodríguez. No funcionó: Isco se pierde en el centro del campo, se le hace muy grande todo y no tiene ritmo ni capacidad para llevar al equipo. James dio más luz, pero fue intermitente. El control del Real Madrid fue, durante muchos minutos, plano, con el control del balón en lugares pocos peligrosos. Arriba Zidane mezcló a Jovic y a Benzema, pero no mezclaron la verdad. El serbio no encuentra el sitio en el equipo y no está muy claro cuál es su labor. Comenzó el choque por detrás de Benzema, como el jugador que tenía que hilar al centro del campo y la defensa, pero apenas tocó la pelota, lejos del área casi siempre, sin saber muy bien qué tenía que hacer. Fue cuando Benzema bajó cuando mejor se vio al Madrid. No por nada, los dos primeros cambios de Zidane fueron para quitar a Isco y Jovic.

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El Mallorca hizo el partido perfecto para sus intereses. Ordenado atrás, tapando al rival por dentro y sólo algo alterado cuando la pelota llegaba a Vinicius. El equipo local tenía claro que había que salir fuerte, aprovechar el efecto sorpresa y conseguir el mayor botín posible. Marcó el tanto muy rápido en un buen contrataque que pilló a todo el Real Madrid descolocado y pudo hacer otro, que se anuló por fuera de juego. El trabajo ya estaba hecho, después consistía en aguantar todo lo que fuera posible. Resultó ser todo el partido. Hubo un remate de Benzema al larguero en la primera mitad tras un sensacional pase de James, pero se fue al larguero y después Vinicius lo intentó, con sus virtudes y sus defectos. Volvió loco a Sastre, el lateral que le tocaba, que tuvo que ser cambiado de banda y sustituido después, pero perdía toda la fuerza cuando buscaba las soluciones al llegar al área.

El Real Madrid dominaba, pero el paso del tiempo podía con su entusiasmo. Zidane hizo los cambios, pero el equipo empezaba a sentirse perdido. No había ayudado la expulsión de Odriozola, que se pasó de frenada cuando ya había visto una amarilla. Acabó el Real Madrid sin muchas ideas, colgando balones como única arma, sin saber muy bien qué hacer.