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El Barça gana al Slavia (1-2) en Champions, pero sufre demasiado

Con un extraordinario portero y un grandísimo delantero se puede llegar lejos, sobre todo cuando enfrente hay un rival con maneras, pero inocente como fue el Slavia Praga en la primera parte. Messi fulminó una jugada que él había empezado, porque fue quien robó el balón en zona de peligro. Un apoyo en Arthur para que le devolviera el balón, y para adentro con una caricia. Se llevaban sólo tres minutos de partido. Todo empezó bien, pero el resto de esa primera mitad fue más mala que buena y el protagonismo pasó de Leo a Ter Stegen, obligado a hacer dos o tres paradas ante Zeleny y Masopust.

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Era bueno el resultado para los intereses del conjunto español, pero el plan del delantero y el portero no es la idea. Siempre le ha importado al Barça, y en realidad a cualquier equipo, lo que sucede entre medias de esos dos jugadores, tener el control de alguna manera, mandar a través de la posesión, o de las transiciones, pero que el encuentro esté donde tú quieras. Y nada de eso sucedía en Praga. Sin el dominio de la pelota no tuvo la iniciativa el Barcelona. Le faltaron posesiones más largas y cedió terreno. Los centrocampistas se veían obligados a correr mucho hacia atrás, sufría Piqué y tuvo que ser Ter Stegen el que espantara los fantasmas. Claro que el Barça también dispuso de oportunidades en ese intercambio de golpes que le propuso el Slavia, pero Luis Suárez mandó lejos la más clara, para continuar con su mala puntería en Europa. Tampoco Griezmann ofrecía mucho más que trabajo. No aprovechaban los espacios que dejaba el conjunto checo, aseado arriba, pero dando ciertas facilidades atrás. Por la derecha, con la subidas de Semedo o alguna aparición de Messi, estaba el hueco, pero los centros acababan en agua.

Avanzó líneas todavía más el conjunto local nada más volver del descanso, y los primeros minutos fueron de acoso. Más apuros todavía para los chicos de Valverde, incapaces de superar la presión y sufriendo pérdidas cada vez más pronto. A veces la lógica se impone en el fútbol y aunque esta vez costó, el Slavia encontró el gol que había merecido, obra de Boril, que encontró un pasillo por el medio y superó hasta a Ter Stegen.

El empate fue un toque de atención para el equipo catalán, que entonces sí empezó a mostrar la intención de mandar con la pelota en campo contrario. Un poquito su paso adelante y otro el temor o las precauciones que les entran a los equipos más pequeños cuando tutean al grande, pero el escenario cambió. Aunque el tanto del triunfo no llegó fruto de esa transformación. La fortuna también influye, y el gol de Olayinka en su propia portería, cuando trataba de despejar un centro de Luis Suárez, contó con algo de suerte.

De nuevo el Barça estaba por delante y aunque perdonó la sentencia, siguió sufriendo demasiado atrás, sostenido por Piqué y Lenglet. Los de Valverde no encuentran la regularidad ni suman dos actuaciones buenas seguidas. Al menos sacaron el resultado, pasándolo mal hasta el final.

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