El día incompleto de Morata

Marcó un gol y el Real Madrid ejerció la opción de recompra, pero Vicente del Bosque lo cambió para protegerlo de sus peleas con los centrales croatas.

Morata, dentro de la portería de Italia, tras marcar el tanto de España, después de un pase de Cesc
Morata, dentro de la portería de Italia, tras marcar el tanto de España, después de un pase de Cesc

Marcó un gol y el Real Madrid ejerció la opción de recompra, pero Vicente del Bosque lo cambió para protegerlo de sus peleas con los centrales croatas.

Marcó Morata e igualó con Bale como el máximo goleador del campeonato. Era el tercer tanto del delantero español en el torneo. Un motivo para ser feliz. Ha marcado ya tantos goles en la Eurocopa como los que había marcado antes. Pero sólo uno era oficial, el de la victoria contra Ucrania en la fase de clasificación. Los otros dos llegaron en uno de los amistosos de preparación contra Corea del Sur.

Morata es el nuevo «7» de España, la referencia en el juego de ataque. Ocupa el centro del área para rematar o se abre a las bandas para dejar espacios a los que entran por detrás. Ayer sólo tuvo que empujar a la red un balón que Cesc había devuelto al centro después de un sensacional pase de Silva. El delantero había corrido para recoger el pase de Fábregas en profundidad, pero rebotó en un defensa y entendió entonces que el camino era otro. Silva dio un pase a Cesc a la espalda de la defensa y Morata estaba en el área pequeña para completar el intento de remate del centrocampista español.

Ese conocimiento de lo que exige la jugada le faltó después en un par de ocasiones. En otro pase de Cesc, que sólo necesitaba controlar bien para quedarse solo delante de Subasic, falló en la recepción. La pelota se le fue larga y terminó en las manos del portero croata sin demasiadas complicaciones.

Después no supo abrirle una línea de pase a Nolito en un contraataque. Fue a juntarse con él en lugar de despejarle el camino para que pudiera seguir con la pelota o regalarle el gol. Y la jugada se perdió en un enredo de piernas al borde del área.

Pero su problema, más que en el juego, estaba en lo que le sacaba de él. Los centrales croatas, primero Jedvaj y luego Corluka, jugaron con sus nervios. El árbitro, el holandés Kuipers, le advirtió después de lanzar un manotazo y una patada a Jedvaj cuando reclamaba una falta del defensa. Después se encaró con Corluka y con Perisic. Y el árbitro volvió a advertirle.

Cambio

Del Bosque entendió que esos roces le estaban sacando del partido y que podían hacerle perderse el siguiente. Quedaban casi 25 minutos para terminar el encuentro cuando decidió sustituirle por Aduriz. No había visto ninguna tarjeta, pero parecía mucho más cerca la amarilla que su segundo gol. Todavía estaba empatado el partido, todavía no se había desatado la tormenta que llegó después por la banda izquierda de Croacia y la zurda de Perisic. Pero Morata se marchaba al banquillo con una sensación extraña. Había igualado a Bale como máximo goleador, pero algo le había faltado para completar su partido en el mismo día en que el Real Madrid había ejercido la opción de recompra. Definitivamente, deja de ser jugador de la Juventus y, según el comunicado oficial de la entidad madridista, hará la pretemporada a las órdenes de Zinedine Zidane.

Morata ha conseguido un gol por partido en el torneo hasta el momento. Es el hombre que parecía haber acabado con el problema de España ante la portería rival. Pero ayer sólo llegó el suyo. Ni siquiera de penalti contribuyeron sus compañeros. Falló Sergio Ramos con el portero croata casi en el borde del área pequeña. Pero eso ya no era tarea para el nuevo delantero del Real Madrid, que estaba en el banquillo.

Cuando se fue, España aún no se había complicado la vida. Vivía feliz con el empate que le garantizaba alejarse de todos los favoritos en las eliminatorias. Ahora, el rival en octavos de final será Italia y España, en lugar de tener cuatro días para preparar el encuentro después de una competición que avanzaba sin problemas, tendrá media docena para rumiar una derrota que le exige mucho más en los cruces desde el primer momento. Para Morata seguirá siendo un día extraño.