Griezmann, el héroe incompleto

Llevó a su país hasta la final, pero no pudo guiarla hasta el título. Se conforma con el trofeo de máximo goleador y el subcampeonato del torneo. Una alegría insuficiente

Llevó a su país hasta la final, pero no pudo guiarla hasta el título. Se conforma con el trofeo de máximo goleador y el subcampeonato del torneo. Una alegría insuficiente

Para Griezmann, el partido también era aburrido. Vivía cerca del área, pero lejos del gol en los comienzos. Tuvo que inventarse una vaselina en un remate de cabeza a centro de Payet para que Francia llevara algo de peligro hasta la portería de Rui Patricio. También de cabeza llegó otra ocasión en la segunda parte, aunque esta vez el centro era de Coman. Había pasado mucho tiempo entre un remate y otro. Demasiado para el francés. Se aburría el máximo goleador del campeonato y, como no le importa recorrerse medio campo en busca del gol, como ha demostrado en muchas ocasiones en el Atlético, bajaba al centro del campo a recibir la pelota.

En su equipo, cuando recibe en esa posición, tiene por delante muchos metros y pocos rivales. Su velocidad es suficiente para acercarle al gol. Ayer tenía los mismo metros, pero muchas más piernas por delante. Se trataba de buscar algo de fútbol en el camino. Tan desesperado estaba que acabó encargándose de los saques de esquina y de las faltas cerca del área.

Francia confiaba en su héroe y en la estadística para alcanzar su tercera Eurocopa. Era el heredero de Platini y de Zidane, los que habían enseñado el camino en 1984 y 2000 para convertir a los «bleus» en la mejor selección de Europa. La estadística decía que Francia se enfrentaba cada dieciséis años a Portugal antes de ganar la Eurocopa. Dieciséis años pasaron desde el triunfo en la semifinal después de una prórroga y dos goles de Domergue, el lateral izquierdo suplente de Francia, en 1984 y la derrota de la mejor generación de futbolistas de Portugal en la semifinal de 2000. Una semifinal frustrante que terminó con tres futbolistas portugueses expulsados. Dieciséis años tuvieron que pasar para que Francia llegara a una nueva final, pero esta vez sin pasos intermedios contra Portugal. Y Griezmann no fue suficiente. Había marcado seis goles en los seis primeros partidos del torneo, pero le faltó el tanto decisivo, el que toda Francia pensaba que reservaba para la final.

Se conforma el delantero del Atlético con ser el máximo goleador del campeonato y el cuarto en la historia del torneo. Platini le marcaba el camino, pero no fue suficiente. No pudo repetir la celebración que ha ensayado durante todo el campeonato, en la que imita al rapero Drake. Tan feliz estaba con su festejo que hasta compartió en las redes sociales el vídeo en el que se ha inspirado sustituyendo la cara del rapero estadounidense por la suya.

Griezmann cargaba con el peso de la ausencia de Benzema, sustituido por Giroud en la alineación, pero no en el gol. No era un trabajo nuevo para él. En sus dos temporadas en el Atlético ha tenido que convivir con «nueves» menos productivos que él, con Mandzukic primero y Jackson Martínez, después. Giroud no ha sido una excepción.

La estrella francesa había dejado atrás tiempos más oscuros. Fue apartado durante un año de la selección después de escaparse de una concentración de la sub’21 con varios compañeros. Pero lo que más le dolió no fue la sanción, sino las palabras de su padre, que le advirtió de que ese no era el camino. Y aprendió. Trabajó más que nadie para poder seguir el ritmo de sus compañeros en el Atlético. Al principio, incluso los entrenamientos le asfixiaban, pero no tardó en ser la estrella, en convertirse en un héroe para el Atlético como el que esperaba Francia. Pero ha terminado resultando un héroe incompleto, que ha llevado a su país hasta la final pero no ha podido ir más allá. «Segunda final perdida en un mes... Es una mierda», se lamentaba el goleador francés después del encuentro.