Adiós al piloto que batió al más grande

Alonso afronta su última carrera en la F-1. Pasará a la historia por sus dos títulos y por ganar al piloto más laureado: Schumacher.

Fernando Alonso consiguió que España se paralizara para ver sus carreras. La gente conoció la Fórmula 1 y el asturiano fue un referente. El domingo lo deja, pero podría volver
Fernando Alonso consiguió que España se paralizara para ver sus carreras. La gente conoció la Fórmula 1 y el asturiano fue un referente. El domingo lo deja, pero podría volver

Alonso afronta su última carrera en la F-1. Pasará a la historia por sus dos títulos y por ganar al piloto más laureado: Schumacher.

Era marzo de 1999 cuando un piloto español, en su debut en el Gran Premio de Australia, acababa sexto y lograba un punto, un hecho excepcional que levantó el animo de los escasos aficionados a la F-1 que por aquel entonces había en España. Aquel piloto era Pedro de la Rosa, sin embargo, la gesta no tuvo continuidad en las siguientes carreras y el catalán perdió años más tarde la titularidad. La esperanza española se diluyó entonces hasta que dos años después apareció, casi de la nada, un asturiano llamado Fernando Alonso. Hasta la fecha sus logros más importantes eran un campeonato del mundo de karting y el título del Open Nissan. Lo importante no era la victoria, sino la forma de conseguirla y su extremada bisoñez batiendo a pilotos más experimentados. En la F-3000 dejó signos de maestría en las últimas carreras, pero no firmó una buena posición en la general. Sin embargo, aquel chaval tenía algo que le llevaría a la F-1 de cabeza. Briatore dirigió sus primeros pasos en la categoría reina, primero cediéndole a Minardi y luego como reserva de Renault. Fue en 2003 cuando dio el paso definitivo, el de la titularidad, una posición que abandonará el próximo domingo y por voluntad propia. Aquel año ganó su primer Gran Premio, y la cadena pública que lo emitió firmó una audiencia de 600.000 espectadores. Nada que ver con los 12 millones que llegó a concentrar dos años después en septiembre de 2005 en Brasil, el día que se proclamó campeón del mundo. Convirtió la Fórmula 1 en un deporte de masas en España, logró que las tertulias deportivas en los bares hablaran, al margen del fútbol, también de bólidos.

Y lo hizo gracias a sus batallas con Michael Schumacher, el piloto más grande en la historia de la F-1, el piloto que más títulos ostenta, siete, y el piloto que estaba destinado a seguir ganando hasta que apareció un indolente asturiano. La conocida «Alonsomanía» caló en España, pero también en todo el planeta, porque el ovetense, por su forma de conducir y por su carácter guerrero en la pista cautivó a millones de aficionados. Con él, en nuestro país, mucha gente revisó sus neumáticos antes de partir de viaje o comprobó el nivel del aceite del motor, algunos de los «motivos» que provocaron los pocos abandonos de Alonso en competición hasta que regresó a la actual y patética McLaren. Y no sólo eso.

Ya fuera en un Renault, en un McLaren o en un Ferrari Alonso era rápido. Luchó por el campeonato en tres ocasiones más y siempre lo hizo en condiciones de inferioridad, sin el mejor monoplaza en el caso de la escudería italiana, y con un ambiente hostil en 2007 cuando luchó en McLaren contra su propio equipo y el «paleto» patriotismo con el inglés Lewis Hamilton que invadió a los responsables en aquel momento.

Alonso será recordado por su tremendo talento, por su capacidad para llevar a los monoplazas hasta el 130% de su capacidad, por «destrozar» a sus compañeros que, excepto Hamilton, no han estado a su altura. Por su consistencia, por su capacidad para adaptarse a las circunstancias. Para muchos en el paddock de la F-1 es uno de los mejores pilotos de la historia, y su número de títulos realmente no refleja su verdadero potencial. Pero en la F-1, como en la vida, también cuenta la política y quizá Alonso no acertó en sus decisiones. O le llevaron a no acertar.

Su magia al volante la echarán de menos millones de aficionados. Nadie sabe si volverá como en su día hicieron grandes como Lauda y Prost. Lo que es seguro es que lo intentará. Y puede que no haya que esperar a 2020. El próximo mes de junio ya estará libre después de disputar Indianapolis y Le Mans.

«De momento, es un fin de semana más, normal, e imagino que el domingo será distinto y seguramente tendré más emociones. He aterrizado hace diez horas desde Japón y el fin de semana estuve en las 6 Horas de Shanghai, así que todavía no estoy pensando en la última carrera, me encuentro bien, va ser especial y emotivo», aseguró Alonso, en la conferencia de prensa. A su lado, Hamilton se mostraba muy cariñoso con él. Recuerdos, carreras, la ilusión de recibir el Premio Príncipe de Asturias y el convencimiento de que «he conseguido que en España se siguiera la Fórmula 1». Nadie lo duda.