Champions League

Pierde, pero se gana el respeto

El jugador del Manchester City, Wilfried Bony (2d), remata para conseguir gol ante el Sevilla CF
El jugador del Manchester City, Wilfried Bony (2d), remata para conseguir gol ante el Sevilla CF

El Sevilla, que se adelantó en el marcador, cae ante el City en el tiempo de prolongación.

El Sevilla cosechó en Manchester su segunda derrota consecutiva en el grupo de la muerte de la Liga de Campeones, aunque esta vez sí pueden los hombres de Unai Emery lamentar su perra suerte, porque los blanquirrojos dieron la cara como titanes en el campo de uno de los ogros del torneo, se adelantaron en el marcador, dominaron durante toda la segunda parte y sólo se inclinaron en el último minuto, por culpa de una terrible ingenuidad de Iborra, que le regaló el 2-1 a De Bruyne.

Seis saques de esquina en veinte minutos. La puesta en escena del Sevilla en el Etihad fue digna del campeón de la «Europa League» y digno de quien ambiciona brillar en la «Champions», pese a su modestia. Nadie sensato puede reprochar a los sevillistas una derrota en el campo de la Juventus, como la que cosecharon en la segunda jornada, pero la actitud mostrada en Turín sí fue deleznable. Pero, con independencia del resultado, esta vez sí compitió. Lo hizo hasta el punto de que, a la media hora, la tronante afición inglesa había enmudecido víctima de la jindama. Un silencio maestrante reinaba en la gélida noche del otoño inglés. Justo cuando se cumplía el tercio de partido, Banega filtró un pase para Vitolo, cuyo centro lo convirtió en el 0-1 Konoplyanka. El ucraniano, al fin titular después de su exhibición contra España en la jornada FIFA, ya había estampado a esas alturas una falta en la madera y había dejado varias incursiones peligrosísimas por la izquierda, donde se entiende a las mil maravillas con Tremoulinas.

El Sevilla ganaba, acaparaba la posesión y acumulaba ocasiones ante un City arrugado que tuvo, como grande de Europa que es, en la pegada su mejor virtud. Cuando más sufrían los británicos, Yaya Touré se inventó de la nada la acción del 1-1 con regate inverosímil sobre Kolo. El tanto lo marcaron al alimón Bony y Rami, que intentó despejar pero acabó batiendo a Rico. Aún tuvo Gameiro en su cabeza el 1-2 antes del descanso, pero no pudo precisar su testarazo, igual que al comienzo de la segunda mitad, cuando remató alto en posición franca, dilapidando el regalo que le había hecho Tremoulinas en su enésima subida. El encuentro había adquirido otro tono porque el City dio un paso adelante, pero el Sevilla se mostraba amenazante en sus salidas y Sergio Rico no pasaba apuros. Las ocasiones eran visitantes aunque el mensaje que emanaba de los cambios de Emery era conservador. N’Zonzi por Konoplyanka, está todo dicho. Pese a ello, el gol decisivo llegó en un contragolpe mal defendido por Iborra, que permitió a De Bruyne maniobrar en el área como si estuviese en medio campo y acomodarse hasta batir a Sergio Rico con un tiro raso junto al palo. Gran partido del Sevilla, que se trae un mal resultado y una tonelada de respeto.