Fútbol

El año de Modric

Gana el premio The Best de la FIFA tras haber conquistado también el de la UEFA y ser elegido el mejor del Mundial. Sólo le queda el Balón de Oro

Gana el premio The Best de la FIFA tras haber conquistado también el de la UEFA y ser elegido el mejor del Mundial. Sólo le queda el Balón de Oro.

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El nuevo rey del fútbol es croata, luce melena y juega en el Real Madrid. 2018 es, futbolísticamente, el año de Modric, un jugador de los que entienden y manejan los partidos desde la inteligencia y el conocimiento del juego. Quizá menos espectacular que otros, pero una bendición para los que aprecian el fútbol bien jugado. Después de un largo dominio de Cristiano y Messi en los premios individuales, ahora el foco de estos reconocimientos ha retrasado unos metros su posición en el campo. De los dos mejores goleadores de la historia, a un centrocampista más bien bajito y callado que ha llevado al Real Madrid a una nueva Champions y a Croacia, a las puertas del título mundial.

Después de recibir el premio al mejor futbolista de la Copa del Mundo y de mejor jugador del año para la UEFA, ayer fue la FIFA quien se rindió a la calidad del croata. Su protagonismo en 2018 es incuestionable. Ha monopolizado los tres galardones individuales que ya se han repartido y sólo le quedaría el Balón de Oro para cerrar el círculo. Su problema es que este trofeo lo entrega «France Football» y es posible que el Mundial ganado por Francia pese demasiado.

Pase lo que pase, Modric ya tiene el «hat trick» de reconocimientos con el que ayer le entregaron en Londres. Decidían los votos de, por un lado, los técnicos y los capitanes de las selecciones nacionales y, por el otro, de un grupo de periodistas y del público en general a través de las redes sociales. Se impuso Lukita por delante de Cristiano y Mohamed Salah, otro de los que se ha atrevido a subirse al podio en el que siempre estaban Ronaldo y Messi. Ninguno de los dos estuvo en la gala. El portugués decidió no ir porque tiene partido mañana con la Juventus. Su ausencia le quitó algo de emoción al asunto. Si no estaba, era también porque tenía claro que su nombre no aparecería grabado en el premio. Messi, incluido en el once ideal y candidato al mejor gol, tenía pensado acudir, pero unos problemas familiares de última hora le obligaron a ausentarse. Después de once años de repartirse el dominio absoluto del planeta del balón redondo, ambos lo vieron desde casa (como Neymar), en una especie de cambio de guardia que todavía no se va a producir del todo. Parece sólo un paréntesis que han aprovechado jugadores de un perfil algo más bajo para reivindicarse.

Si Modric es delicioso con la pelota, también lo fue en su discurso. Una ración de normalidad que le hace muy bien al fútbol en tiempos de egos enormes. Primero se acordó de sus rivales ayer y, después, de la generación croata de 1988, tercera en el Mundial de Francia e inspiración de Luka. «Ellos nos enseñaron que era posible llegar hasta allí y espero que nosotros podamos ser también un ejemplo para las próximas generaciones», decía mientras en la primera fila, Zvonimir Boban, uno de aquellos futbolistas croatas que Modric tenía como ídolos, no podía contener las lágrimas. «Este trofeo no es sólo mío, es de mis compañeros y entrenadores tanto en el Real Madrid como en Croacia». Entre estos dos equipos se reparte ahora su corazón y por eso quiso cambiar el inglés por el español y el croata para dar las gracias a los aficionados madridistas y a sus compatriotas. Impecable también con las palabras un futbolista al que le ha llegado el máximo reconocimiento a los 33 años, justo cuando su fútbol ha alcanzado el máximo grado de madurez. Después de ser un niño de la guerra de los Balcanes y de jugar en Croacia, el Tottenham lo reclutó, y su llegada al Real Madrid en el verano de 2008 no generó un gran estruendo. El día de su presentación le preguntaron cuál era su posición preferida sobre el campo y sorprendió a muchos que dijera mediocentro. El gran público le tenía más bien por un mediapunta, pero él ya entonces dejó entrever lo que luego se ha ido confirmando: no sólo se veía capaz de involucrarse en la creación de juego, es que se ha convertido en un centrocampista total, capaz de recibir el primer pase de los centrales y también de romper líneas cerca del área rival.

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«Es un año increíble para mí, el mejor de mi carrera, creo que todavía no soy del todo consciente de lo bueno que ha sido lo que me ha sucedido, tanto a nivel colectivo como individual», decía en la alfombra roja previa a la gala. «No he hablado con Cristiano esta vez», bromeaba respecto a su ex compañero y rival por los premios individuales en lo que va de 2018. Los dos han ganado juntos la tercera Champions consecutiva con el Real Madrid, aunque el Mundial es el que le ha dado ventaja a Modric. Croacia enamoró a muchos con su romántico camino en la última Copa del Mundo y Luka fue uno de los líderes de ese equipo que sólo se rindió ante el físico francés en la final.

Puede que también un galo le aparte del Balón de Oro, pero Luka lo va a pelear, como sabe hacer desde que la guerra le robó la infancia.

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