Madrid no se rinde

La ciudad de Madrid se convenció de aquello de que quien resiste gana y está luchando por tercera vez consecutiva por ser sede de los Juegos Olímpicos. Falló en las dos ocasiones anteriores como estaba cantado, aunque en una de ellas estuvo a punto de saltar la sorpresa, y ahora, acude con el beneplácito del Comité Olímpico Internacional, que siempre ve con buenos ojos la persistencia. No hay en este momento el argumento en contra del cambio de continente, porque después de Londres se viajará a Río de Janeiro. Ahora, Tokio tiene el argumento de que albergó los Juegos, pero en 1964, y España, con Barcelona, los tuvo en 1992. Queda como tercera opción Estambul, ciudad que además de ofrecer el oro, el moro y Santa Sofía, es enclave entre dos continentes y sería la primera sede de país con tanta historia de contrastes y grandes peculiaridades del mundo árabe.

Todos dan por favoritas para celebrar los Juegos de 2020 a Madrid y Tokio y convendría no olvidar al tercero en discordia. Madrid ya no tiene la tara de los problemas del terrorismo que propiciaron la inoportuna pregunta de Alberto, príncipe monegasco. El inconveniente actual es, principalmente, el económico. La candidatura madrileña garantiza la celebración con todas las infraestructuras deportivas construidas, dado que ya existe un porcentaje elevadísimo de las mismas.

Sólo presenta problema el estadio de La Peineta, condicionado por el estadio Vicente Calderón, al que le cayó encima el estallido de la burbuja inmobiliaria. Contra la candidatura de Tokio existe el dramático recuerdo del estallido de la central nuclear de Fukushima. Puede influir.

Posdata. JuanAntonio Samaranch, últimamente, decía que tenía prestigio, pero no poder. Ahora no está.