Los caracoles del entrenador de moda

Roberto Martínez nació en Balaguer, donde va cuando puede a ver a su familia y a tomar su plato preferido. Futbolísticamente creció en Inglaterra. Al frente de Bélgica, es la sensación del Mundial.

Roberto Martínez, en un entrenamiento de la selección belga en el Mundial de Rusia

Roberto Martínez nació en Balaguer, donde va cuando puede a ver a su familia y a tomar su plato preferido. Futbolísticamente creció en Inglaterra. Al frente de Bélgica, es la sensación del Mundial.

En el Mundial de las sorpresas, el bombazo mayor lo protagonizó un hombre nacido en Balaguer. Roberto Martínez es el entrenador de Bélgica y en su localidad natal están como locos con él. «Aquí todos son “belgas”», cuenta Antonio, uno de los dueños de «El Parador», el restaurante donde se ven los partidos ahora de Bélgica y antes de los equipos de Roberto en Inglaterra. «Que uno de aquí esté triunfando en el fútbol, con lo difícil que es...», asegura Rafa, el otro socio del lugar al que la familia del técnico acude a comer cada domingo desde hace 20 años y donde el propio entrenador va cuando está de vacaciones a tomar su plato preferido, unos caracoles a la llauna. «Se llega a comer 200 el tío», bromea Antonio. «Viene, se junta con amigos y echamos unas risas», añade. «Es una persona normal, saluda a todo el mundo y llegó a jugar al fútbol sala para la cafetería “El Parador”», explica Rafa. «Es un trozo de pan», insiste el otro socio de un lugar que para las semifinales contra Francia se va a quedar pequeño, y por eso van a poner unas pantallas LED y unas sillas en la plaza que hay enfrente.

En «El Parador» hay banderas de Bélgica, del Wigan y del Everton firmadas por Roberto Martínez, que ha hecho la mayoría de su carrera en Inglaterra. Su padre nació en Zaragoza y fue futbolista en el equipo de su tierra. Emigró a Balaguer y también fue entrenador. Y su hijo, siempre detrás. Como futbolista, Roberto Martínez estuvo en el filial del Zaragoza y llegó a debutar en Primera en un partido contra el Atlético. Pese a que se movía por el fútbol modesto, fue el protagonista de una historia apasionante, ya que junto a Jesús Seba e Isidro Díaz se fueron al Wigan, a Inglaterra, en una época (era 1995) en la que no era habitual ver a futbolistas españoles en el extranjero. «En la Premier sólo estuvo Nayim, en el Tottenham», cuenta Isidro, que esta temporada va a dirigir al Castro, en Regional. Seba es ayudante de Roberto Martínez en Bélgica. Así recuerda el primero cómo fue el fichaje por el Wigan: «El dueño del Wigan en esa época tenía tiendas de deportes en Zaragoza, Valencia, Palma y Madrid. El director de estas tiendas en España era un chico holandés que fue futbolista y nos conocía. Rober y yo ya no estábamos en el filial del Zaragoza, fuimos a Balaguer, a su pueblo, a jugar. El entrenador del Wigan fue a vernos un partido y le encantó. Era una buena oferta económica y allí la tercera es profesional».

Primero vivieron en un hotel y después les buscaron una casa. Las anécdotas de aquello son «miles», según Isidro. Ahí va una: «En los partidos de local es obligatorio llevar traje y corbata. En uno, creo que de pretemporada, jugábamos fuera, y nos pusimos traje y corbata y todos los demás fueron en chándal. Al siguiente, que era en casa, al revés: todos en traje y nosotros en chándal. El entendimiento... A veces dices “yes, yes”, pero no te enteras de nada». Roberto era el único que sabía algo de inglés y hacía de traductor para los otros dos. «En cuatro o cinco meses ya lo entendía todo», dice Isidro.

La historia no pasó inadvertida. Tanto los medios nacionales como los locales se hicieron eco. Los llamaban «The three amigos» (los tres amigos). «En Wigan el deporte rey es el rugby. Tienen el mejor equipo de Inglaterra. Que tres españoles fueran allí a jugar al fútbol a un club que no era de campanillas fue un boom. Y, además, salió bien: el segundo año, subimos», rememora Isidro. Con ellos tres ascendieron una categoría y luego Roberto se quedó más tiempo y está considerado uno de los mejores jugadores de la historia de Wigan. Los tres son ídolos allí.

«Rober era un centrocampista fuerte, que iba al choque, pero el balón lo jugaba con criterio, era de toque», describe Isidro. El actual seleccionador belga continuó su carrera como futbolista por las islas y en categorías inferiores, sobre todo en el Swansea, en el que llegó a ser capitán y que, después de que se hubiera marchado, lo reclamó en 2007 para que fuera entrenador-jugador. Así empezó su aventura en los banquillos, llegando a ascender al Swansea a segunda. Se fue al Wigan, a la Premier, y salvó la categoría todos los años menos el último, en el que hizo historia al conquistar la FA Cup. «Roberto me enseñó que no son los entrenadores los que te ponen, eres tú con tu rendimiento. Él sabe que cada persona es diferente y por eso saca lo mejor de cada uno. Sabe cuándo un jugador está en buen estado para ponerlo y que ayude al equipo», opina Jordi Gómez, quien fuera su delantero en el Swansea y el Wigan. Esa capacidad la ha demostrado en el Mundial con Bélgica, donde llegó después de haber dado el salto al Everton. Sus cambios contra Japón sirvieron para remontar un 0-2 crítico. Su equipo ha sabido tener el balón y ser dominador, pero también contragolpeador, como contra Brasil. «Usó una táctica parecida a cuando ganamos la FA Cup: aprovechar los espacios que dejaban sus laterales ofensivos. Sabe identificar muy bien las debilidades del rival», analiza Jordi Gómez. «Cuando juegas con Brasil puedes intentar hacer cambios tácticos, pero lo importante es poder romper la barrera psicológica de enfrentarte a un equipo así», explicó el propio Roberto, que en sus inicios se declaraba «cruyffista» porque le gustaba cómo Johan había cambiado la idea del Barça. Eso hizo él también en Inglaterra, de ahí que se llamara «Spanish Swansea» a uno de sus equipos. Y eso está haciendo con esta fantástica generación belga, con la que sólo ha perdido un partido, el primero, ante España. Sus aficionados le abuchearon ese día. Hoy la historia es otra. Su nombre está entre los candidatos a ser seleccionador de la Roja. «Ahora no pienso en eso», declara él. Y los que le conocen lo ven difícil porque en España, hasta que no la ha liado en el Mundial, apenas se le conocía y porque «él está acostumbrado a proyectos a largo plazo, y no que con dos derrotas te echen».