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El sufrimiento de Nairo

El jueves llegó «vacío» y ayer ofreció varios síntomas de debilidad.

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«En la Vuelta todos los días son difíciles», advierte Fabio Aru, el líder de la carrera. Pero algunos, más que otros. Especialmente duro fue el de ayer para Nairo Quintana. El colombiano ya había advertido el jueves de que estaba vacío. Su ritmo vital, nunca muy elevado, parecía haberse ralentizado aún más. Llegó sin fuerzas, desgastado y con más ganas de retirarse que de continuar. Ayer por la mañana tenía buen aspecto, pero las sensaciones seguían siendo igual de malas. Solicitó la asistencia del coche del equipo y se descolgó en la primera ascensión del día, aunque no tardó mucho en regresar al grupo.

Nairo sufre, aunque los aficionados colombianos hagan como si no. Dos hombres y una mujer con la camiseta de la selección colombiana de fútbol entraban a un bar cerca de la llegada en Tarazona a «repostar» antes de que conectara la televisión. Mucho antes de que conectara la televisión, ajenos al sufrimiento de su compatriota. Los periodistas colombianos, en cambio, temen una retirada temprana y echan cuentas para comprobar que hace un año y dos días se bajaba de la bicicleta después de la caída que sufrió en la contrarreloj de Borja, muy cerquita de donde acababa ayer la etapa.

«De salida Nairo estaba bastante mal», confiesa su compañero Alejandro Valverde. «Luego se ha recuperado y ha acabado bastante bien. Son días extremadamente duros y se hace lo que se puede», añade. A Nairo, lo que menos le preocupaba es que por delante, en la fuga de la que terminó saliendo el ganador de etapa, Oliveira, viajaran Brambilla y Sicard. Los dos le han adelantado en la general y le han sacado de los diez primeros puestos de la clasificación.

A Quintana, con fiebre y débil en los últimos días, le quedan por delante tres finales en alto, los últimos de la carrera. Son las tres oportunidades que les quedan a los escaladores para «liquidar» a Tom Dumoulin. «Rivales a estas alturas son todos», explica Purito, que en la jornada de descanso reconocía que necesitaba sacar más diferencias en la montaña. «Si no, no acabo ni entre los diez primeros», asegura. «No quiero pensar en las diferencias que le tengo que sacar a Dumoulin», advierte Aru. «Me siento bien. Quedan tres etapas muy duras y todos los días son difíciles. Habrá que estar concentrado», añade.

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Por eso, la de ayer era una jornada para tomársela con calma, para que triunfara una escapada que no fuera especialmente incómoda para los primeros. Fueron 24 los que comenzaron la aventura y sólo dos particularmente molestos, Sicard y Brambilla. Se trataba, pues, de tenerlos controlados, a una distancia razonable que limitara los daños. Y eso hizo el equipo del líder –Aru agradeció el trabajo después–.

Eran 24, pero nadie respondió al ataque del portugués Nelson Oliveira en el Moncayo, el último puerto de la etapa. En el descenso consolidó la diferencia y nadie fue capaz de alcanzarlo. El portugués, especialista en contrarreloj –ha ganado tres veces el campeonato nacional y el año pasado fue séptimo en el Mundial–, se lanzó en una lucha individual de 30 kilómetros. «Han sido los más largos de mi vida», aseguraba. Y reconocía que su habilidad contra el cronómetro le había ayudado. «Sé regular las fuerzas que me quedan y me ha venido bien», dice.

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Oliveira, que se hizo profesional en el Xacobeo, se expresa en español, inglés e italiano, además de en portugués, y agradeció el trabajo por detrás de Rubén Plaza y de Conti, sus compañeros en el Lampre, que viajaban en la escapada. El español es su compañero de habitación y su mejor amigo dentro del equipo. «Los dos han ayudado a tapar huecos por detrás», explicaba el portugués. Rubén le devolvía el favor de la etapa que ganó en el Tour, en Gap. «Quería ganar, pero Plaza estaba mejor», decía entonces Oliveira, que hizo la misma labor de guardaespaldas que ayer correspondió al español. «Se lo merece, es un gran mérito. El mérito es de Nelson, yo he hecho mi labor de compañero y amigo», reconocía.

La de ayer también la tenía marcada Oliveira en el libro de ruta, que lo ha intentado varias veces en la Vuelta. Por ejemplo, en la etapa de Andorra, fue el último hombre al que superó Landa camino de su victoria. Ayer, en Tarazona, nadie le impidió hacer una reverencia a su entrada en meta para festejar la victoria, la primera para él fuera de su país.