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Las claves del revés de Nadal, su gran arma en el US Open

Rafa Nadal iluminó la noche neoyorquina con un buen puñado de puntos ante Marin Cilic en los octavos de final del US Open (ganó por 6-3, 3-6, 6-1 y 6-2 y ahora se cita con el argentino Schwartzman por un puesto en semifinales). El croata, que rompe la bola, exigió un paso adelante del español cuando le ganó el segundo set, y así sucedió. Para el recuerdo queda la carrera y el tiro que el zurdo mandó dentro colocando la pelota por el lateral de la red en lugar de por encima. El público de la Arthur Ashe, que tantos problemas ha tenido con los jugadores en esta edición (con Djokovic, Medvedev, Kyrgios...), tuvo una sensación orgásmica por las caras de los hombres y mujeres, chicos y chicas, que había en la grada.

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Pero eso fue sólo el detalle. Más allá del fantástico punto estuvo el tono general del manacorense en una jornada asfixiante por la humedad, en la que cada pocos juegos los tenistas se tenían que cambiar la camiseta empapada. El número dos del mundo tiene una derecha de leyenda, de las mejores de la historia, más allá de si la finaliza moviendo el brazo por encima de la cabeza o pasando la mano de forma más académica, pero el revés es decisivo para activarla. Es un golpe básico en su juego y en Nueva York está siendo una de las claves para que el español esté dando un nivel estratosférico hasta el momento. «Una de las cosas muy importantes en el juego de Rafa con su revés es que prácticamente es una derecha. Si tú le quitas la mano izquierda en ese golpe, técnicamente es casi una derecha», explica Roberto Carretero, ex tenista y ahora comentarista en Movistar.

Nadal es un zurdo de «mentira». Con el pie sí le da mejor con la izquierda, pero con la mano maneja la derecha con más destreza. De niño su tío Toni se planteó si enseñarle con una o con otra. Finalmente decidieron que iba a utilizar la izquierda. El mérito es que lo haga con la destreza que lo hace con, en teoría, su peor brazo. Lo bueno es que al dar el revés su mano dominante le permite, cuando está fino, jugar de forma más natural, lo que da a sus golpes mucha profundidad y más facilidad para abrir pista. La ventaja la explica Carretero. «Lo más importante es que con su revés cruzado hace muchísimo daño. Cuando un tenista diestro juega y pega una derecha cruzada lo que hace el rival, que normalmente es diestro también, es defenderse con una bola un poquito más alta sobre el revés de su oponente. Así, digamos, neutraliza ese ataque», cuenta el ex tenista sobre una jugada que se ve decenas de veces en cualquier partido de tenis. «¿Qué pasa? Que a Nadal le va al revés y lo tira cruzado como si fuese una derecha. El contrario se defiende como puede con un paralelo, pero como Rafa es zurdo no le va al revés, le va a la derecha, y la pega cruzada y liftada y no llegas», continúa Carretero. Como el 90 por ciento de los tenistas son diestros, al tener enfrente un rival que le pega con la izquierda hace que tengan que cambiar los esquemas, mientras que el zurdo está acostumbrado a competir contra diestros.

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«También está el revés cortado que tiene Rafa, que es muy táctico. Le permite ralentizar el punto, mete al rival en pista, le hace dar un golpe sin fuerza porque la bola queda muy abajo y tiene que superar la red, y entonces él normalmente se invierte y genera con su derecha», prosigue quien fue campeón del Masters 1.000 de Hamburgo de 1996, al superar a Álex Corretja en la final.

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Claro que nada de esto sirve si la cabeza o el físico no van, y ambas están en su punto. Nadal está metidísimo en el último Grand Slam del año. Contra Cilic celebró algunos puntos como cuando era un adolescente, con mucha energía. La situación se le ha puesto de cara. Puede alcanzar la final sin medirse a ningún «top 10», pues por el otro lado de su cuadro quedan vivos el italiano Berrettini y Monfils, verdugo de Andújar. Y en el duelo decisivo no estarían ni Djokovic ni Federer.