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Nadal: "De niño no soñaba con ganar Roland Garros"

El reciente campeón del Grand Slam parisino fue entrevistado a pie de pista por Àlex Corretja para la cadena Eurosport.

«No ganar no es un drama. Es más complicado manejar los problemas físicos que he tenido durante 18 meses», confesó Rafa en Eurosport abrazado a su trofeo. Y es que el duodécimo título en París tiene poco que ver con los once anteriores. El colofón fue el mismo. La Copa de los Mosqueteros acabó en sus manos, la elevó al cielo de París y el trofeo se llevó el pertinente mordisco. Pero lo que sucedió en las semanas previas fue muy diferente. La aparente «facilidad» con la que ganó los partidos previos a la final contrasta con el tortuoso camino que padeció antes de llegar a París. La alfombra roja que pisó en temporadas anteriores en Montecarlo, Barcelona o Madrid fue un terreno minado. Hay que remontarse a Indian Wells y sus problemas en la rodilla derecha para explicar su atípico comportamiento en la gira europea sobre tierra batida. En California no pudo jugar la semifinal ante Federer y ahí empezó el calvario. «Nunca había visto a Rafa así y menos en la gira de tierra batida. Estaba muy cabizbajo, sin motivación. Llegó a perder la ilusión y las ganas», aseguró Carlos Moyá a la ATP.

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Rafa apareció en Montecarlo, donde había ganado once títulos, en una situación desconocida. «Hizo lo que tocaba: jugar, poner buena actitud y buena cara», afirma su entrenador. Sí, pero los resultados y las sensaciones no llegaron. «No es que los resultados no fueran buenos, es que tenía problemas en lo emocional y por tanto en lo tenístico. Dentro de no estar bien, al menos no perdí partidos tontos», comenta Rafa. En el Principado cayó en la semifinal ante Fognini y de ahí viajó a Barcelona. Donde tampoco llegaba bien. «Si Roland Garros hubiera sido antes de Barcelona es muy improbable que Rafa hubiera ganado el torneo», dijo Moyá. En el club de toda su vida, el techo volvió a estar en la semifinal. Enfrente estaba Thiem y el austriaco fue demasiado para el Nadal de hace un par de meses. Dos torneos en tierra y dos derrotas cuando lo habitual era que la gira empezara levantando un par de títulos.Y llegó la Caja Mágica, llegó Madrid. Las sensaciones eran mejores, pero como reconocía el entorno de Rafa: «Estamos expectantes. Está mejor que en Montecarlo y Barcelona, pero todavía le falta». En un torneo complicado para Nadal, el límite volvió a ser el mismo. En semifinales aparecía Tsitsipas y el griego fue también superior. «Fui dando pasos, pero sin jugar bien, tenía problemas y tenía que dar un pasito más», asegura Nadal.

Llegaba el Foro Itálico y por primera vez lo hacía sin haber ganado ningún torneo en la gira, pero las sensaciones ya estaban cambiando. La lucha, la actitud y el paso al frente que se adivinaron en la capital se confirmaron en Roma. Varios roscos, Verdasco, Tsitsipas y la final ante Djokovic. El 6-0, 4-6 y 6-1 ante el serbio fue la señal de que el Rafa de París estaba cerca. «La semana de Roma fue decisiva», confesó. «Es increíble que después de pasarlo tan mal alcanzara este nivel», reflexiona Moyá, que en las últimas semanas ha sido más un amigo que un entrenador.

Con menos títulos y menos partidos que en ediciones anteriores, Rafa aterrizó en Francia. Lo normal era empezar a tope la temporada de tierra. Sumar títulos, aflojar un poco en Roma, coger temperatura en la primera semana de París y terminar levantando la Copa de los Mosqueteros. El final, por duodécima vez, ha sido el mismo, aunque el trayecto no ha tenido nada que ver. Y eso que, «nunca soñe con ganar Roland Garros. Yo de pequeño sólo pensaba en el siguiente torneo o en el siguiente entrenamiento», dice el propio Rafa.