Carlos Moyá: «Me aburre el ruido y en el fútbol hay mucho»

Carlos Moyá (27-8-1976, Palma de Mallorca) vive ahora lejos del ajetreo del circuito ATP, centrado en pasar tiempo con su mujer, Carolina Cerezuela, y sus dos hijos. La semana pasada apadrinó «Evolution», un nuevo sistema de entrenamiento que permite aprender a jugar al tenis de forma natural y reduce el tiempo necesario para empezar a divertirse practicando este deporte.

–¿Qué es lo que más echa de menos de sus tiempos de jugador?

–La adrenalina que te da la competición, es casi lo único que añoro.

–¿Y aquello que le alegra no tener que hacer ahora que está retirado?

–Viajes, maletas, cambios de horario, aviones, aeropuertos...

–¿Calculó cuántos kilómetros recorrió? ¿Llegó a no saber dónde estaba?

–Nunca me paré a contarlos, pero sí que había veces que me despertaba en mitad de la noche en un hotel y decía: «¿Dónde estoy?»

–Se dice que en la bolsa de un tenista se puede encontrar de todo, ¿qué había en la suya además de raquetas?

–Probablemente algo para escuchar música y leer, porque en los torneos, si llovía, había mucho tiempo libre. El teléfono, quizá un iPod y poco más...

–¿Qué se siente al llegar a ser el número uno del mundo en lo suyo?

–Es una manera de conseguir tu máximo objetivo, con el que sueñas desde que eres un niño y no eres consciente de las dificultades que conlleva. Con el paso del tiempo ves que será difícil, hasta que llega el día en que lo consigues y es una satisfacción total.

–Dicen en el fútbol que se sufre más de entrenador que de jugador, ¿a usted le pasa lo mismo ahora?

–Es un sufrimiento distinto, se sufre más en el aspecto de que no tienes el poder de tomar decisiones. Dentro, sabes dónde vas a tirar, cómo viene la bola, si pegarás de derecha, si pegarás de revés, si subirás a la red a volear... Desde fuera pierdes este poder de tomar decisiones y en ese aspecto, al no tener controlado nada, es difícil de aceptar.

–¿Le fue fácil dejar de ser jugador?

–Para mí esta transición no fue nada complicada, ya lo tenía asumido; nació mi hija y tenía claro que quería disfrutar de cada momento con ella. El proceso de tomar la decisión de retirarte es duro, pero me lo facilitó la llegada de mi hija, fue la gota que colmó el vaso.

–¿Cuál es el trabajo de un capitán en la Copa Davis? A tipos como Rafa Nadal, Ferrer o Almagro no les va a decir cómo se juega al tenis...

–El capitán es un gestor de equipo, de las 16 personas que hay en cada eliminatoria. El jugador llega allí, se entrena y se lo dan todo hecho, como me sucedía a mí. Entonces las circunstancias cambian mucho. Además, intentas aportar tu punto de vista sobre aquello en lo que puede estar fallando el jugador y tratas de meterte en la piel del rival.

–Está de moda que grandes estrellas del pasado sean entrenadores de los tenistas actuales, ¿le apetece seguir el camino que han tomado ex jugadores como Becker, Lendl o Chang?

–Son muchas semanas fuera de casa. De momento estoy cómodo en el trabajo que estoy haciendo. He viajado durante toda mi vida 35 semanas al año y creo que ha llegado el momento de descansar un poco, aunque no lo descarto en un futuro próximo. Ahora es fundamental para mí tener tiempo libre para estar con mi familia.

–¿Ha cambiado tanto el tenis que mitos como Laver o Santana no tendrían nada que hacer hoy en día?

–Es difícil comparar épocas, pero si ellos destacaron en su momento fue en las mismas condiciones que el resto. Hoy encontrarían la manera de destacar, no tengo la menor duda.

–Usted se enfrentó a Nadal cuando él sólo era un jovencito, ¿cómo era?

–Yo creía que iba a ser muy bueno, pero nadie podía prever que sería uno de los dos o tres mejores jugadores de la historia. Notabas que con 15 años era un chaval especial y la clave en su caso es que evolucionó muy rápido y se fue adaptando a las circunstancias.

–¿Y si sus hijos quieren ser tenistas?

–Me daría lo mismo, lo importante es que se diviertan con lo que hagan. No van a tener presión para convertirse en profesionales de nada.

–Le gusta mucho el fútbol, pero dice estar harto del camino hacia el que va este deporte.

–En el tenis no hay tanto circo alrededor. A mí lo que me gusta es jugar al fútbol, ver jugar y ya está. Todo lo que viene después me cansa un poco. Me aburre el ruido en general y en el fútbol hay mucho.

–¿Con el «ojo de halcón», la Federación y la UEFA se ahorrarían mucho dinero en neveras para los árbitros?

–Soy partidario de la tecnología en el fútbol. Sería fundamental para que el árbitro estuviera un poco más protegido.

–¿Nunca protestó al juez de silla?

–Hay días en que la situación te puede y te calientas, pero es que en cada partido que veo es una norma protestar, fingir, tirarse, engañar...

–¿Se ha perdido en el fútbol la educación que ha sido clave en el tenis?

–Totalmente, tanto en el césped como en las gradas. La gente está muy crispada y muchos van al campo de fútbol a soltar esta crispación, a tomarla con los rivales, con el árbitro o con quien sea.

–Usted es un reconocido barcelonista, ¿le gustaba más el Barça de Guardiola que el de Martino?

–Comparar la perfección absoluta que fue el Barcelona de Pep con cualquier otro es injusto. El Tata me encanta, es un tío coherente.

–¿Qué jugador se lo puso más difícil?

–Probablemente Federer, porque, yo al menos, me quedaba sin recursos cuando lo tenía enfrente. Hace jugadas que están fuera de los libros.