Y Simeone lo vio desde la grada

El técnico rojiblanco fue expulsado por insultar al árbitro minutos después de que Vrsaljko viera la segunda tarjeta amarilla.

El técnico rojiblanco fue expulsado por insultar al árbitro minutos después de que Vrsaljko viera la segunda tarjeta amarilla.

Simeone gritaba desencajado. «Hijo de puta, hijo de puta, vos sos un hijo de puta», le dijo en varias ocasiones al árbitro. El Atlético en dos minutos se había quedado sin lateral derecho y sin referencia. Quedaba un agujero en el campo que apenas se notaba por la inercia que tomó el partido. No es tan extraño ver a los rojiblancos encerrados en su campo fuera de casa esperando una oportunidad. Pero en el banquillo faltaba alma, un hueco que no podía rellenar la voluminosa figura del Mono Burgos. «Fue sorpresivo, pero el cuerpo técnico está capacitado para todo», reconocía el segundo entrenador rojiblanco. El ex guardameta transmite tranquilidad a sus jugadores, que no echaron de menos a su técnico titular. «Germán [Burgos] también es entrenador, está con nosotros, sabe qué hay que hacer».

Simeone vio el resto del partido de pie, al lado del director de comunicación y del jefe de seguridad del club, al que se abrazó cuando marcó Griezmann, incapaz de contener la tensión del momento. Lo más probable es que el Cholo se pierda la final si el Atlético llega. Las imágenes son evidentes y no hace falta demasiada imaginación para leer los labios del técnico rojiblanco. El castigo, al menos dos partidos de sanción.

La buena noticia para el Atlético es que ahora está mucho más cerca de lo que esperaba de alcanzar el partido decisivo de Lyon. Y para ello fueron necesarios los dos jugadores que llevan sosteniendo al equipo durante mucho tiempo: Oblak y Griezmann. El francés marcó el gol del empate, el que obliga al Arsenal a ganar o a marcar al menos dos goles en el Metropolitano. Algo que difícilmente permite el guardameta esloveno, que lo paró todo excepto el inalcanzable cabezazo de Lacazette. «Oblak es ahora mismo el mejor portero. No porque sea mi compañero sino por sus paradas y los puntos que nos da», reconocía el delantero francés.

Oblak y Griezmann marcan la diferencia en el Atlético y Burgos no quiere imaginarse un equipo sin ellos a partir de la próxima temporada. «Son futuribles, no sé si van a suceder. Lo importante es el equipo, la reacción que han tenido hoy de convertirse en héroes y hay que seguir», admitía el entrenador forzoso. Ese elogio al equipo lo asume también el vestuario, que sabe que su fuerza es la del grupo. «Esos somos nosotros, defendemos todos, trabajamos todos y sabemos aprovechar los errores del rival», reconoce Griezmann.

«Creo que hubo dos jugadas importantes en el primer tiempo, que habíamos avisado de que podíamos convertir y fue un golazo», destacaba el Mono tras el encuentro. «Teníamos que dejar la portería a cero», se lamentaba Bellerín. El lateral español del Arsenal echaba de menos más contundencia en defensa y en el remate.

El Atlético necesita muy poco para seguir avanzando hacia su tercera Liga Europa. Un portero, un delantero y el alma, que no abandona al equipo nunca. Con eso le basta para ser grande, aunque el entrenador tenga que verlo desde la grada. «Fue heroico durante mucho tiempo jugamos con diez hombres y los muchachos lucharon de manera alucionante», decía Burgos.