Zidane ya no es intocable

La idea del Madrid al final de la temporada es renovar el vestuario y que el francés esté al mando pero... lo que nadie quiere en ningún caso es que salga de mala manera del club.

Zinedine Zidane, en la banda del Bernabéu ante el Leganés
Zinedine Zidane, en la banda del Bernabéu ante el Leganés

La idea del Madrid al final de la temporada es renovar el vestuario y que el francés esté al mando pero... lo que nadie quiere en ningún caso es que salga de mala manera del club.

Si la Copa era una competición prioritaria porque la Liga está imposible, Zidane lo disimuló mucho con la alineación que sacó en el Bernabéu contra el Leganés. El francés ha hecho de su unión con el vestuario su gran arma para combatir los malos resultados y la crisis, ha insistido en que confía en todos los que empezaron en agosto y ha descartado cualquier fichaje para no romper la armonía del grupo. Y en ese plan, fiel hasta el final con esas ideas de lealtad a quienes consiguieron dos Champions consecutivas, jugó el choque de la vuelta de Copa con un equipo B, que no hubiese disputado ningún partido importante. Bale, Marcelo, Cristiano y Kroos no estaban ni convocados; Carvajal y Modric fueron suplentes. Por ser leal a un grupo de jugadores, el francés presentó un equipo que no era el más competitivo, pese a que el choque sí se podía considerar como crucial para el futuro blanco.

Hasta ahora, la idea en el Real Madrid, tras terminar la temporada y después de ver si el equipo remontaba el vuelo, era hacer una renovación más o menos profunda del vestuario. Primero tenían que comprobar si este grupo de jugadores, que tantos éxitos ha dado, era capaz de acabar con un título y a partir de los resultados finales, estudiar la situación. Como sólo queda la Champions en el horizonte, en el club se piensa que se va a necesitar renovar bastante el grupo de jugadores. El plan siempre había sido contar con Zidane, pero ahora habrá que ver las fuerzas que tiene él para seguir. Su puesto no corre ningún peligro hasta el choque del PSG y quizá tampoco después, porque tiene suficiente crédito y prestigio como para aguantar esta tormenta, pero... en junio habrá que valorar todas las situaciones y él lo sabe.

Fue él quien reconoció después del encuentro que había cometido un error grave y no rehuyó la palabra fracaso. Su trayectoria en el primer banquillo del Madrid había sido un camino de éxitos desde que lo cogió en enero de 2016. Pero desde septiembre de 2017, todo se ha empezado a torcer y el francés no ha encontrado la clave para dar la vuelta a la situación. Ha utilizado la palabra «inexplicable» varias veces y se ha mantenido fiel a su camino sin apenas variaciones: los titulares eran los que tenían que sacar al equipo en la Liga y los jóvenes, muchos llegados el pasado verano, eran los que debían jugar los minutos en Copa y ganarse un puesto en el equipo principal. Pese las circunstancias, pese a que la trayectoria del Real Madrid había cambiado los objetivos y había convertido la Copa en un trofeo con más valor de lo que se pensaba al comenzar la temporada, Zidane no se ha movido un milímetro de su línea de actuación. El entrenador, que con su método consiguió cambiar el ánimo de un vestuario que no compartía ninguna directriz de Benítez, ha mostrado su lado más conservador cuando han llegado los malos tiempos al Bernabéu. Y por ahora no le está dando ningún resultado.

Tras el encuentro contra el Leganés se vio por primera vez a un entrenador hundido, como él mismo reconoció. Desde siempre, también como futbolista Zidane ha sido un hombre inescrutable, del que es muy complicado descubrir qué está pensando. No siempre ha ganado, pero sí que se le ha visto con fuerza, pidiendo tiempo y partidos para cambiar lo que estaba pasando. El choque contra el Leganés mostró la cara más dolorida del entrenador francés. Tenía todo el prestigio de su época como jugador y de su comienzo fulgurante y exitoso como entrenador en la élite, pero es consciente de que en estos últimos meses, ha bajado su estatus. La Champions es la meta final. Puede que la última parada.