José Luis Bonet: «Hay ministros que están obstaculizando la recuperación»

Así lo afirma el presidente de la Cámara de Comercio de España y Freixenet en una entrevista para LA RAZÓN

¿Cree que se podía haber evitado la marcha de Nissan de Cataluña?

–Por la información que tenemos me inclino por pensar que no porque se trata de un movimiento estratégico de reestructuración y de cierre de plantas. En cualquier caso, es una muy mala noticia que confirma que también la industria del automóvil está sufriendo con la crisis que deja esta pandemia. A España nos está afectando con más intensidad por nuestra estructura empresarial y por la importancia de la pequeña empresa. Ha llegado el momento de que a los sectores más perjudicados, como el turismo, la hostelería, el comercio o el automóvil, se les ayude más. La solución para todos pasa por el emprendimiento, el aumento del tamaño empresarial de las pymes, un plan de formación, la mejora de los instrumentos de garantías y avales, un Plan Renove para el sector automovilístico y la recuperación del turismo.

–¿Cómo está la economía catalana?

–La Covid no ha perdonado a nadie, y en Cataluña, como en Madrid, ha hecho mucho daño por la concentración de personas y por otros factores. Pero es verdad que en Cataluña llueve sobre mojado porque la economía no estaba ya en su mejor momento por las extravagancias políticas.

–Pero la pandemia se lleva también por delante la agenda independentista.

–Esto lo veremos cuando se celebren las elecciones. Será entonces cuando comprobaremos si el extravío independentista se coloca de nuevo en una situación normal o no, y de eso dependerá el futuro.

–¿Cree que las ayudas europeas pararán el golpe?

–Sin duda es una ventaja afrontar la crisis desde dentro de Europa, y más en una Europa que parece que ha aprendido de los errores y que está dispuesta a reaccionar. El acuerdo entre Merkel y Macron confirmó que se habían dado cuenta de que no podían mantenerse pasivos, y fue un primer buen paso. De momento, sólo hay una propuesta de la Comisión Europea, pero por ahí se empieza, y falta ver si se supera la prueba del Consejo. Habrá que leerse la letra pequeña, y si hay condicionalidad o no, que la habrá seguro. Pero es un buen inicio.

–¿Pero los fondos europeos serán dique suficiente para evitar que el Gobierno de Sánchez tenga que implementar duros ajustes?

–Después de un titubeo inicial, el Banco Central Europeo se puso serio y lanzó una inyección de liquidez de más de un billón de euros. Hay que esperar antes de hacer predicciones, pero yo creo que habrá condicionalidad, como le he dicho. Ahora, insisto, Europa, en todos los sentidos, es una bendición: imagínese lo que esto sería fuera de Europa. Todos los políticos deberían tomar nota de que son servidores de los ciudadanos, y en Europa parece que se han dado cuenta por las primeras decisiones que están adoptando. Europa se la juega, como cualquier otra Administración que está al servicio de los ciudadanos, porque si no son útiles, entrarán en un proceso de desafección y les darán la espalda.

–¿Nuestras Administraciones también se han dado cuenta de que están al servicio de los ciudadanos?

–Lamentablemente, no. En España no están reaccionando con la misma agilidad. En marzo, la partitura de arranque del Gobierno fue buena, hizo lo que tenía que hacer: inyectar liquidez para mantener el tejido productivo y el empleo, e intentar que nadie se quede atrás. Pero en la ejecución, la partitura ha desafinado. Los ERTES llegan con retraso, no ha habido contundencia en su ejecución, y en el ámbito fiscal la ayuda se ha quedado corta. No puedes pedir a quien vive al día, como ocurre con muchos autónomos y empresas, que sigan pagando los impuestos. Simplemente, no pueden. El planteamiento ha sido timorato, y ya sabemos que la Hacienda española está francamente mal, pero el Banco Central Europeo ha puesto a su disposición todo el dinero necesario.

–¿Las líneas ICO y los ERTES no son suficientes?

–Para una parte de las empresas, sí; pero, para otra parte, no. Habrá quien se quede en la cuneta. Y habrá proyectos que eran viables, que solo tenían un problema temporal de liquidez, no de solvencia, y que si no se aumentan las ayudas no podrán aguantar.

–¿Qué otras medidas habría que implementar?

–Mi opinión es que nos la jugamos este verano. Hay quien da por perdido el verano, yo creo que no, que hay que ir a por él. Todas las medidas que limitan la movilidad deben quedarse fuera cuanto antes. La pandemia la están controlando, puede haber rebrotes, y habrá que ir con cuidado, pero ahora hay que abrir ya. Apertura de fronteras, nada de cuarentenas, con todas las medidas de seguridad necesarias, temperatura, mascarillas y todos los protocolos que tenga que aplicar el Gobierno en co-gobernanza con las comunidades y ayuntamientos. Y hay que promover una sólida campaña para incentivar la demanda nacional y atraer el turismo internacional, con atención especial a las líneas aéreas. Como le digo, no se puede perder un año, aunque sólo sea porque tiene un valor muy simbólico y desanimaría mucho a las empresas. No vendrán los 83 millones de turistas del año pasado, pero salvar los muebles es muy importante. Ahora mismo la prioridad debe ser trasladar una fuerte impresión de seguridad al turismo internacional.

–¿Una nueva prórroga del estado de alarma es un error?

–Por supuesto. No soy epidemiólogo, y puedo estar equivocado en mi teoría de que la pandemia está siendo controlada. Pero hay que tener en cuenta que el coronavirus va a seguir existiendo y que ahora hay que actuar en el flanco económico, que es el más importante. De él depende el bienestar de las personas.

–¿Comparte las previsiones tan negativas que se están haciendo de la evolución de la economía?

–En la Cámara de España sí estamos alineados con estas previsiones duras. Una caída del PIB del 9,6 por ciento este año. Una tasa media de paro del 19 por ciento, y el año próximo pasaremos del 20 por ciento. Consumo, inversión empresarial y sector exterior que se caen. Pero no hay que rendirse, sino luchar con más energía y fuerza que nunca. Hay que quitar los obstáculos y aprovechar todas las oportunidades en la internacionalización y en la colaboración público-privada. No creo, por ejemplo, que esto lleve a una desglobalización.

–¿El empleo será nuestro gran agujero negro?

–Sin duda. Estamos en manos de los empresarios, y de que desde las administraciones no se les pongan obstáculos para su digitalización, la internacionalización o que avancen hacia la sostenibilidad. Creo que hay que utilizar todos los instrumentos que tenemos a nuestro alcance para ayudar a las pymes a diversificarse, y en el sentido geográfico, a ir a por los mercados del mundo.

–¿Hay que flexibilizar más el mercado laboral?

–En la reconstrucción hay tres etapas. Una primera, de supervivencia, en la que ya hay empresas que se han quedado en el camino y trabajadores en el paro. En la fase de recuperación no hay que hacer ninguna reforma, sino quitar los obstáculos, las fronteras, las cuarentenas, todo en coordinación con Europa. Y una vez que se eliminen los obstáculos habrá que aplicar medidas específicas de ayuda a sectores clave, como el turismo, el comercio o el automóvil.

–¿Junto con la renta mínima para las familias en situación de pobreza?

–Estoy de acuerdo con el ingreso mínimo vital como medida temporal porque hay que ayudar a aquel que se ha quedado sin nada. Pero ya en una segunda etapa hay que replanteárselo. No se pueden dar ayudas sin que se haga nada a cambio. Hay que reconvertir a los trabajadores a través de la formación, insistir en los mayores de 45 años para que puedan volver a ser útiles por su dignidad y por el bien del país. Yo creo que a las personas hay que darles todas las oportunidades que haga falta, pero eso pasa por la formación.

–Hay comunidades autónomas que tienen ya esta ayuda en vigor y que sostienen que sirve para que la gente salga del paro.

–Yo con carácter permanente no la veo en absoluto. Sí como medida de emergencia. Pero lo que hay que hacer es ayudar a la gente a reconvertirse y a esforzarse en mejorar su formación. Por cierto, las ayudas europeas pueden ayudar mucho en esto si se adjudican bien.

–¿Usted impulsaría ahora cambios legislativos de calado para impulsar la recuperación?

–En la fase de recuperación no hay que tocar nada. En la mesa de la reconstrucción, mirando a diez años, hay que hablar de la reforma fiscal o del mercado laboral. Y también de las pensiones, por ejemplo, porque en esta crisis hemos visto cómo hemos tenido que ir a buscar a los sanitarios jubilados. Qué más pruebas necesitamos para darnos cuenta de que, aunque sea un derecho jubilarse a los 65 años, hay que dejar trabajar a aquel que quiera seguir haciéndolo.

–¿Ve espíritu realmente reformista en algún partido?

–Estamos hablando de reformas estructurales que es muy difícil impulsarlas en este ambiente político. La clase política mira más por sus intereses coyunturales de partido que por el acuerdo de Estado. Insistimos en que hace falta diálogo y consenso, pero con esta actitud es imposible.

–¿Mantienen interlocución con el Gobierno? ¿Le han trasladado esa necesidad de acuerdo?

–Yo lo estoy diciendo constantemente, y también lo escribo. Aquí hacen falta las tres «ces» para la recuperación: confianza, contundencia y colaboración. Hace falta confianza en las empresas y en la gente. La mayoría de las empresas están haciendo lo que deben, trabajando y poniendo toda su energía y voluntad para salir de ésta. Si no se pone el foco en las empresas, se equivocarán. Y no es momento de hablar de cuestiones absurdas como la reforma laboral, sino de que se busquen acuerdos importantes para el país.

–¿Qué opinión tiene de la comisión de la reconstrucción que han creado los partidos?

–Es un fallo grave que en el gabinete de crisis de la Covid 19 no estuviera, por ejemplo, la ministra de Industria, Comercio y Turismo, que es quien tiene en sus manos la economía productiva y tiene sentido empresarial. Esto no es sólo una cuestión sanitaria, sino también de recuperación económica, y en las decisiones que se han ido viendo falta ese sentido empresarial necesario. Si al mundo empresarial no se le tiene en cuenta lo que hace es desanimarse, y si esto es una guerra, como dice el Gobierno, la parte nuclear de su ejército son las empresas. Hay unos líderes, que son los empresarios y los directivos, pero también están los trabajadores. Y, al final, siempre acaba habiendo entendimiento entre líderes empresariales y sus empleados por el bien del conjunto.

–Hay una parte del Gobierno que entiende que las empresas sólo buscan beneficio y que ven la relación con ellas en términos de lucha de clases.

–Está equivocados. Estamos en un sistema de economía social de mercado y a España le ha ido bien. Desde la Constitución del 78, que consagra este sistema, con todos sus altibajos, que siempre se producen, nos ha ido bien. El elemento principal de este sistema es la empresa, y por eso hay que escucharla y apoyarla, y el beneficio será del conjunto. Los políticos tienen que escuchar a los empresarios y decidir a partir de la colaboración público privada. El que se salga de esa línea estará equivocado y perjudicará al país. El Gobierno da la sensación de que más que un Gobierno de coalición es de división. Hay ministros en la línea correcta y otros, que parece que no entienden nada, y que de repente dicen cosas tan absurdas como que el turismo es una mala cosa.

–¿El problema es Podemos?

–Hay que ver cada caso. Pero sí se percibe que hay algunos que no están en el camino correcto y que defienden políticas que, de aplicarlas, perjudicarían a la gente.

–¿El Gobierno de coalición puede hacer frente a esta situación tan grave?

–Si son inteligentes y actúan en la dirección que hablamos, ¿por qué no? Pero si se empeñan en confundir los objetivos y en seguir con estrategias distintas, entonces fracasarán ellos y fracasaremos todos. Depende de ellos y de cómo plantean sus políticas frente a esta crisis. Es evidente que hay ministros en el Gobierno de coalición que están obstaculizando y de ahí no puede salir nada bueno. En el núcleo de las decisiones tienen que estar personas con sentido del mundo empresarial.

–¿Se puede salir de esta crisis por la izquierda?

–Se habla de escudo social, que es una manera brillante de decir que hay que atender a quienes están en una situación de desesperación. Ya le he dicho que hay que ayudarles, temporalmente, viendo cada caso, Pero el principal escuso social es el apoyo a las empresas porque los trabajadores dependen de ellas. Cuidado con perjudicarlas porque quienes saldrán peor parados serán los trabajadores. Apoyar a las empresas es apoyar a la gente.

–Y en Cataluña, ¿pueden superar esta crisis con Torra como presidente de la Generalitat?

–Si se dedica a lo que importa a la gente, que es salir del charco, sí. No es momento de priorizar cosas que no tengan que ver con esto. Pero si la Generalitat se dedica a anteponer otros intereses independentistas a la recuperación, entonces, no.

–Todos los empresarios que han pasado por esta serie dedicada a la reconstrucción han defendido hasta ahora la necesidad de los grandes acuerdos.

–A mí tampoco me gusta nada el desacuerdo político. La responsabilidad es de todos los partidos y es muy grave que no sean capaces de estar todos a una. No es lo que se merece la gente.