El hombre que compra los edificios en «streaming»

Amancio Ortega y su hija Marta poseen un sexto sentido para los negocios. A pesar de que el dueño del imperio Inditex no viaja recibe personalmente las grabaciones de los edificios que quiere adquirir.. Su hija ha heredado su privilegiado olfato. Ella es quien toma la última decisión sobre lo que compraremos en Zara cada temporada.. LA RAZÓN entra en Casas Novas, una de las mejores instalaciones hípicas del mundo, regalo del patriarca a su tercera hija y centro de referencia internacional.

Amancio Ortega y su hija Marta poseen un sexto sentido para los negocios. A pesar de que el dueño del imperio Inditex no viaja recibe personalmente las grabaciones de los edificios que quiere adquirir.

La única persona que ha conseguido quitarle el nombre al hombre más rico de Europa, según Forbes, es un niño de pelo rizado de 3 años llamado Amancio. En familia, Ortega es el abuelo y Amancio, el nieto pequeño, que es el niño que su tercera hija, Marta, tuvo con el jinete Sergio Álvarez. Fuera de los muros familiares, en los negocios sigue siendo El Jefe y Amancito, el nieto. Un niño espabilado que ya entiende el inglés gracias a una cuidadora británica que es su sombra y que acude con toda la normalidad a su guardería. Para que Amancito entienda que fuera de los muros de su casa hay niños que no lo tienen fácil, en estas fechas le obligan a regalar parte de sus juguetes a los que no tienen su suerte. Con este detalle, y algunos más que podrán leer, uno entiende por qué la familia Ortega puede seguir haciendo vida normal y, en vez de levantar envidias, generan lo contrario, admiración. Ortega sigue al pie del cañón y ahora viaja menos, pero sigue decidiendo los inmuebles donde se instalan gracias a las grabaciones que le muestra su equipo. Se puede decir que compra en «streaming». Antes, cada tienda o edificio que se adquiría en Inditex o en su sociedad patrimonial Ponte Gadea recibía la visita previa de El Jefe. Ahora, dado que cada vez viaja menos, lo cual no significa que descuide las localizaciones, su equipo le graba desde todos los ángulos posibles la zona que les interesa, en diferentes horas del día. Con esas imágenes y el informe detallado de todas las tiendas vecinas, Amancio Ortega pone el dedo en el edificio y dice: «Quiero éste», y ése es el que se compra o alquila. ¿Cómo se explica eso en una escuela de negocios? Imposible. Tiene una intuición innata para los negocios y para la gente. Su hija pequeña, que es la que se perfila para sucederle, no ha heredado todos «los superpoderes» del padre, pero sí el de la intuición para adelantarse a las tendencias. Siguiendo con esta especie de Síndrome de Estocolmo que a uno le afecta después de haber visto in situ los comportamientos de los Ortega y los que le rodean, puedo seguir con las jaculatorias porque todas son reales. Amancio Ortega, además de admiración, suscita respeto, es curioso que ningún admirador le pida «selfies» porque todo el mundo sabe que le horroriza el protagonismo, de ahí que ejerza de anfitriona de Casas Novas su mujer Flora Pérez, que es la que baja a la arena a entregar trofeos o saludar a los ganadores. Y por supuesto, el creador del fenómeno Inditex, genera agradecimiento, dados los buenos balances económicos de las compañías, que acaban de repartir 500 euros a todos los empleados y, además, los impuestos los pagan en Arteixo, convirtiendo a esta localidad gallega en un municipio con superávit.

Lo que diferencia a Amancio Ortega y a su familia del resto de personajes ricos que integran la lista Forbes es que siguen siendo personas discretas, humildes, sin ostentaciones ni grandezas. Hasta el punto de acercarse la abuela Flora a la zona donde esperaban los chóferes puestos por la organización de Casas Novas y pedirles: «¿Quién me puede llevar al nieto a casa?». El conductor voluntario no tuvo inconveniente en coger las llaves del Mercedes negro de El Jefe, que tiene instalada la sillita para niños y llevar al pequeño Amancio y a su cuidadora inglesa a casa a dormir.

- Inculcar una afición

La familia desde la infancia tiene claro que el ejemplo se aprende en casa, pero en el caso de los Ortega trasciende a la empresa y a todo lo que tocan. El fin de semana pasado, gracias a la invitación de Longines, que es el reloj patrocinador del mejor concurso de saltos que se celebra en España, el CSI 5 estrellas de Casas Novas, además de ser el cronometrador oficial de las pruebas, tuvimos la oportunidad de vivir ese ambiente. Por cierto, que Juan Carlos Capelli, vicepresidente de Longines, que es suizo de madre madrileña, acababa de aterrizar desde Hong Kong y no quiso perderse el momento de entregar su premio, junto a Flora Pérez.

El motivo por el que Galicia existe para la hípica es porque Amancio Ortega y su esposa Flora Pérez pensaron que sería bueno inculcarle a su única hija, Marta, la afición por algún deporte. Probaron con varios y encontraron que la hípica era el favorito de la niña. La que había en La Coruña se le quedaba pequeño si quería dar el paso a la competición. Su padre decidió regalarle una de las mejores instalaciones hípicas del mundo, a la que llamó Casas Novas. 40 hectáreas con vistas al mar y bosque propio, de las cuales 22 hectáreas son campos en el que se cultiva el heno que consumen los caballos. Amancio ni monta a caballo, ni ha montado nunca. Si recorre medio mundo viendo competiciones es por amor a su hija pequeña. Ahora también les acompaña el nieto, Amancito, que ya se sube en un poni. Gracias a la excelencia de las instalaciones han conseguido que los mejores jinetes planetarios se desplacen al fin del mundo, a esta «Fisterra», a competir y donde hay recompensas tan jugosas como los 500.000 euros del Gran Premio Longines, más un reloj con brillantes de la colección Dolce Vita. 96 jinetes de 24 países y 167 caballos, que son los verdaderos atletas y los que compiten, – de ahí que sea un deporte donde da igual si eres hombre o mujer–, se han desplazado durante cuatro días a Arteixo.

Para levantar Casas Novas, un equipo de técnicos recorrió durante meses las más célebres instalaciones hípicas del mundo. Tomaron nota de todo lo mejor que existía, sin reparar en costes, para aplicarlo en la construcción de este centro de referencia mundial que cuenta, entre otras muchas maravillas, con una pista mezcla de arena de Vitoria y geotextil que ya se ha cambiado tres veces desde su estreno en el año 2000 y una UIE, Unidad de Intervención de Emergencia, tres chicos de pista que se encargan de recoger los «cagañones». De ahí que los jinetes y amazonas tengan los dos campeonatos de Casas Novas, verano e invierno, apuntado en rojo en sus agendas. La mayoría de ellos, eso incluye a Athina Onassis y a Sergio Álvarez, tienen casa y cuadras en Holanda por estar más o menos en el centro de Europa. También Marta Ortega, aunque sus caballos suelen partir desde Arteixo porque en Casas Novas cuentan con sus enormes cuadras con rayos UVA, música ambiente y duchas. En esta zona privada también están los caballos que ya no compiten, a los que Marta les tiene tanto cariño que viven su merecida jubilación tranquilos. Cuando uno tiene la suerte de entrar en este recinto privado, como tuvo LA RAZÓN el fin de semana pasado, se sorprende de que no haya perritos junto a los caballos de Ortega, que es una costumbre que tienen los mozos de las cuadras de invitados porque así los equinos al ver al animal encuentran algo familiar en el entorno y se relajan. Aún así ,Marta Ortega también tiene perro, un chihuahua blanco que viaja con ella.

El fin de semana pasado no compitió una habitual de las instalaciones, Athina Onassis, porque su marido, Álvaro «Doda» de Miranda, forma parte del equipo olímpico brasileño y están concentrados en Estados Unidos. Tampoco la infanta Elena, que es visitante habitual o Sergio Álvarez, el padre de Amancito, quien tampoco pudo estar en esta última cita coruñesa porque al ser el mejor jinete español se había ganado una plaza en el concurso de Ginebra que coincidía con el de Casas Novas. Sí competía Marta Ortega, que sufrió una desafortunada caída el primer día de torneo. Su caballo quedaba clavado en la arena y ambos caían, ella de bruces, recibiendo el impacto en la cara, y el caballo, 400 kg, acabó encima del delgado cuerpo de Marta. Un susto, pero nada más; de hecho, los padres, Flora y Amancio, continuaron en el complejo mientras a su hija le realizaban radiografías para descartar males mayores. El tener la cara hinchada y amoratada no le ha impedido acudir esta semana a trabajar.

- Tormenta de ideas

Marta, junto a su equipo, decide todo lo que se producirá. Dicen que ha heredado el sexto sentido del padre para saber qué se llevará y qué no. Los departamentos de diseño presentan los bocetos y entre todos dictaminan si serán los ponchos, los botines o las camisas de rayas lo que veremos días más tarde en las tiendas del imperio Inditex por el mundo. En la empresa todos dan su opinión, realizan una «tormenta de ideas» de todos los departamentos implicados. Las clientas son las primeras que opinan en las tiendas. Y Marta, la heredera, es la que se encarga de rematar la decisión. Quizá sea éste el secreto que no logran entender en las escuelas de negocio que los estudian. En las empresas de los Ortega, todos aportan. Son nuestra mejor Marca España.

Hotel cinco estrellas y balneario para equinos de siete millones

Si no estuviese Amancio Ortega detrás de Casas Novas, los mejores jinetes del mundo no habrían descubierto esta Fisterra en Arteixo y se habrían quedado sin probar la rica gastronomía gallega. Aquí, desde la infanta Elena, Athina Onassis, Carlota Casiraghi o el príncipe Catarí degustan empanada, pulpo a feira y mejillones y los atentos camareros te obligan a comer como si fueran padres protectores. Casas Novas es un hotel de cinco estrellas de súper lujo, un balneario con rayos UVA para los mejores atletas equinos del mundo. Caballos que están valorados en 2 millones de euros e incluso alguno en 7, que viajan con su veterinario, herrador, preparador físico y llevan un régimen alimentario. Cierto que el jinete hace un esfuerzo, pero el verdadero atleta es el caballo y el que compite es el animal. Entrar en estas instalaciones es sumergirte en otro mundo. Ni una colilla en el suelo, 20 chicos de pista que son como gnomos verdes, que lo mismo amansan a un caballo que colocan obstáculos y hasta la señora que se ocupa de los lavabos te sonríe. Las mejores pistas de arena de sílice mezcladas con geotextil de última generación, campo abierto, pistas de entrenamiento, amplias cuadras con música ambiente y, aunque los caballos duermen de pie disfrutan de confortables camas de hierba mullidita.