Antídotos para el fraude

La Razón
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En los tiempos que corren se puede asegurar con cierta inseguridad que la recuperación es un hecho o que el alto nivel de paro podrá descender tímidamente este año. Los organismos oficiales y los expertos ya se empiezan a aventurar a afirmar que existe ese cambio de ciclo, pero nada será seguro hasta que se confirme con datos.

Ahora bien, la percepción en la calle es que la economía real no mejora al mismo ritmo que las exportaciones o los beneficios de las cotizadas en Bolsa y los bancos. Y esa percepción responde, entre otras, a una realidad que escapa a las estadísticas oficiales: la economía sumergida. Siempre ha estado ahí, no es algo que haya llegado con la crisis, pero sí que se ha acentuado aumentando en 60.000 millones de euros entre 2008 y 2012. Los datos ponen los pelos de punta, pero lo que más nos debe preocupar no es conocer la dimensión del fraude, sino buscar soluciones efectivas para reducirlo con contundencia.

Por eso, cuando presentamos nuestro informe, incidimos tanto en las propuestas para acabar con ese cuarto de billón de euros que representa la economía sumergida. ¿Qué tenemos que hacer? Aparte de conocer la verdadera dimensión del problema, es necesario fijar la atención sobre los principales focos de fraude para obtener resultados. Así, los esfuerzos de la Agencia Estatal Tributaria deben centrarse en la investigación de las bases imponibles ocultas, persiguiendo las grandes bolsas de fraude. Pero para lograrlo se necesita incrementar el número de trabajadores de la Agencia, que ahora es de uno por cada 1.928 contribuyentes, frente a los 860 de Francia o los 729 de Alemania. Es vital para reducir el diferencial en el porcentaje de economía sumergida que nos separa de nuestro entorno.

Además, en lugar de centrar el debate fiscal en la subida o bajada de impuestos, el Ejecutivo debería cumplir escrupulosamente el artículo 31.1 de la Constitución, que establece, como principios que deben inspirar nuestro sistema tributario, los de generalidad, progresividad e igualdad. Principios que el alto nivel de economía sumergida deja en evidencia.

Y es que lo que sucede con el fraude fiscal, así como con las posibilidades de elusión que nuestra legislación ofrece a un determinado sector de contribuyentes, como es el conformado por las grandes empresas y fortunas, ilustra claramente que el sistema fiscal español no cumple al 100% con la Constitución. Habrá que cambiar eso.

*Presidente de Gestha