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«La universidad no se adapta a las necesidades del mercado laboral»

Los empleados más demandados para el futuro próximo, hoy estudian títulos que no tienen reconocimiento institucional

Los empleados más demandados para el futuro próximo, hoy estudian títulos que no tienen reconocimiento institucional.

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¿Y para qué he estudiado esto? se preguntan muchos universitarios al acabar su carrera y no encontrar un acceso en el mercado laboral. Elegir la profesión que a uno le gusta, en muchos casos se sacrifica por conseguir un trabajo en poco tiempo dado el exceso de titulados que existe en España y la baja demanda por parte de las empresas. Ahí están los historiadores, los filólogos o los ingenieros navales que salen de la universidad con destino a un largo paro. Y, mientras pasa el tiempo, la única solución parece ser la de preparar unas oposiciones y hacerse funcionarios. Es la opción que siguen muchos en busca de un puesto asegurado. Si es eso lo que se quiere lograr, al margen de gustos y caprichos, el camino adecuado no está precisamente en la universidad.

Las compañías rastrean el mercado para conseguir trabajadores del sector digital como desarrolladores de algoritmos o especializados en big data, donde la tasa de empleo es de prácticamente el 100% porque la oferta no resulta suficiente. Uno de los principales motivos es que la formación requerida no está reconocida en España ni incluida en los planes de los centros de educación superior. Esto puede significar que «llegará el momento, en el que a las empresas les dé igual que un título esté reconocido o no», afirma Francisco Mesonero, director general de Fundación & RSE Adecco Iberia y América Latina. Junto a él, LA RAZÓN convocó a debatir sobre los empleos del futuro a Luis Miguel Olivas, gerente de empleabilidad de Fundación Telefónica; Andreu Cruañas, presidente de Asempleo; Íñigo Fernández, director de Page Personnel y Carlos Martínez, director de IMF Bussiness School.

Este último cuenta que en su centro intentó poner en marcha un grado en big data y le exigieron un profesorado con cualificación que no encuentra en España. «Si traigo un doctor de Harvard no lo reconocen. Tampoco me permiten incluir en el programa las habilidades llamadas «soft skills» como el trabajo colaborativo, porque no responden a un perfil técnico». Por ello, admite, «será muy difícil que el sistema universitario se adapte a las necesidades de la sociedad». Se podría concluir que los centros superiores no persiguen lo mismo que las empresas, que son el suministro y el reflejo de sus consumidores. Así, manifiesta Olivas, «las compañías ya ven la «titulitis» como un factor más y contratan cada vez más por lo que el candidato sabe hacer y puede aportar». Es decir, no sólo se reclama conocimiento, también experiencia. «La teoría ya no vale, queremos que sean efectivos desde el minuto uno», asegura Fernández.

Iniciativa privada

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En este sentido, Mesonero aboga por fomentar una «formación dual», en la que el estudio de la teoría se compagine al 50% con un empleo que cumpla la parte práctica. No obstante, comenta, aplicarlo a la educación estatal «se complica por la cesión de competencias a las comunidades autónomas». Además, ninguno confía en que la Administración dé un cambio de timón y adapte el modelo tradicional a los nuevos tiempos y demandas. De esta manera, son las grandes empresas las que han tomado la iniciativa de formar a los empleados de las nuevas profesiones y, cada vez, más necesitadas por las compañías. «Hace poco, en Fundación Telefónica formamos en programación en cinco meses a más de 500 jóvenes que no sabían nada del tema, hicieron prácticas con nosotros y el 75% de ellos ya ha encontrado un empleo». Cruañas felicita este ímpetu de las mayores sociedades privadas porque «esos alumnos lo aprovechan la masa de empresas, entre ellas las pequeñas y medianas».

No obstante, las pymes se enfrentan a un obstáculo, su capacidad económica, ya que se está produciendo, afirma, «una tensión al alza de los salarios» para los trabajadores de los sectores donde es más difícil encontrar un trabajador cualificado, las profesiones especializadas en el desarrollo digital incluidas, lo que provoca que para las pymes sea complicado afrontar los gastos del nuevo comercio, más electrónico y analítico. «Se está produciendo un proceso muy fuerte de transformación digital. Hay mucha gente apostando por eso y las pymes se pueden quedar fuera porque las consultoras especializadas en e innovación dicen que ellas no tienen dinero para pagarles», destaca Olivas.

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Robótica

Otra de las tendencias que le costará mucho asumir a las pymes será la robotización. Las compañías más grandes ya saben que es el futuro, pues les permite aumentar la producción. Olivas explica que «la tercera industria cárnica del país, que sacrifica hasta 4.000 cerdos al día, espera que, a finales de año sean 6.000, y el que viene ,10.000, porque han sustituido los carniceros por robots». Los autómatas no sólo tienen que ser físicos, sino también digitales, como recuerda Fernández al contar que «una empresa japonesa ha contratado un algoritmo para ser uno de sus directores». Hechos como estos han provocado que se augure un futuro en el que el trabajo va a escasear, y las máquinas ocuparán los puestos de los humanos.

Así, el Instituto Tecnológico de Massachusetts prevé que en 2050 haya un 89% de desempleo mundial, detalla Martínez. Sin embargo, los ponentes desmienten que la tecnología sea una lacra para el mercado laboral, simplemente, debe adaptarse a ella. Sostiene Mesonero que «frente al tópico de que se destruirán muchos puestos de trabajo, ahora se habla de personalizar la robótica al punto de vista del cliente, y esa personalización la realizan otros empleados humanos». De este modo, Olivas asegura que en la compañía cárnica que sustituyó sus carniceros por robots, se han contratado a 700 personas más porque donde trabajan los robots hay una planta baja con un ejército de mecánicos. En este caso se demuestra que profesiones tradicionales como la de los carniceros se vean perjudicadas, mientras se favorecen otras que son, principalmente, especializadas en el sector digital o en el mantenimiento y apoyo a la tecnología.

De esta manera, se produce una brecha entre trabajos con mucha oferta y poca demanda, y otros con el fenómeno inverso. Teniendo esto en cuenta, se pone en duda la mejoría en los últimos años del mercado laboral, «que crece a un ritmo del 35% respecto a tiempos de la crisis», según Fernández. «Estamos yendo a dos velocidades y eso hace chirriar muchas cuerdas», comenta Cruañas para destacar que en España hace falta analizar el empleo del futuro para comenzar a equilibrar ahora la oferta y la demanda de las nuevas y las viejas profesiones, recolocando a la gente mediante una formación teórica y práctica, e incluyendo habilidades como el trabajo colaborativo. Es decir, se reclama que la educación escuche las necesidades de las empresas, que son reflejo de la sociedad que forman sus consumidores. La formación se debe adaptar a lo requerimientos del mercado laboral para que los alumnos cuando vayan a buscar un empleo no se pregunten, ¿para qué he estudiado esto?