Los bancos con más deuda pública no serán penalizados

Alemania renuncia a exigir mayores requisitos de solvencia a las entidades con más exposición en su balances a los bonos soberanos

El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, asiste a la reunión de ministros de Economía y Finanzas de la Unión Europea en Luxemburgo
El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, asiste a la reunión de ministros de Economía y Finanzas de la Unión Europea en Luxemburgo

Alemania renuncia a exigir mayores requisitos de solvencia a las entidades con más exposición en su balances a los bonos soberanos

España e Italia han ganado una batalla y el tiempo dirá si la guerra definitiva. La reunión, ayer, de los ministros de Economía y Finanzas de los Veintiocho se saldó con la renuncia de Berlín, al menos por el momento, a penalizar la deuda soberana que las entidades financieras de las denominadas economías periféricas como España e Italia mantienen en sus balances y que adquirieron en los peores momentos de la crisis. En muchos casos, las compras de bonos se llevaron a cabo en situaciones de gran urgencia y fuertemente presionados por los gobiernos nacionales, que vieron prácticamente vetado el acceso a los mercados internacionales de su deuda pública a mediados del año 2012.

Una peligrosa alianza de alto riesgo que conecta la solvencia de las entidades financieras con la de los estados y que Alemania ve con muy malos ojos. En los últimos meses, esta interdependencia ha sido el principal obstáculo para avanzar en el denominado tercer pilar de la unión bancaria (tras el supervisor único y un fondo de resolución bancaria): un fondo europeo de garantía de depósitos que permita que, ante la quiebra de un banco, los ahorradores de un país vean cubierto su dinero no sólo con los fondos nacionales sino –al menos en última instancia, como propone la Comisión Europea– puedan recurrir a un fondo supranacional sufragado con dinero de las entidades financieras europeas en su conjunto.

Un salto que Berlín no quiere dar sin tener las garantías suficientes de que no hay esqueletos en los armarios, en los balances de las entidades financieras, después de varios procesos de recapitalización desde la quiebra de Lehman Brothers, en septiembre de 2008. Ante esta situación, Alemania ha dejado de exigir que la deuda soberana compute como activo sin riesgo (al menos de facto) y, por el momento, se ha decidido remitir este controvertido debate al Comité de Supervisión Bancaria de Basilea.

Requisitos de capital

Allí, Roma y Madrid tienen aliados como Japón y Estados Unidos, firmes opositores a poner el farolillo rojo a la deuda soberana. El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, al término de la reunión de ayer, reconocía que los dos aspectos iban a seguir ligados y que hasta que no se avanzara en un aspecto no podría hacerse en el otro, apelando razones no sólo políticas sino también de sentido común.

Mientras tanto, La Comisión Europea está trabajando en un nuevo marco de requisitos de capital para que haya normas comunes europeas a la hora de medir el riesgo y las provisiones en el sector como modo de mejorar la absorción de riesgos. El propósito es intentar acabar con las excepciones nacionales que siembran la desconfianza y que impiden la transparencia en el sector.

Con este giro en el guión, todos los sectores involucrados ganan tiempo. No se espera que la Unión Europea revise este tema hasta el año 2018, una vez se hayan sucedido los comicios nacionales en Francia y Alemania, los países que marcan el paso en la legislación supranacional.

Precisamente, es la proximidad de estas elecciones una de las piedras en el camino a la hora de poner en marcha ese gran salto adelante que demandan muchas voces para contrarrestar el tan temido Brexit o un resultado ajustado en el referéndum británico que vuelva a cuestionar el proyecto europeo. «El momento político es el que es», aseguraba el ministro en funciones de Economía y Competividad, Luis de Guindos, a la vez que reconocía «posiciones divergentes» debido a «gobiernos sensibles a las situaciones domésticas y el auge de los populismos» y «diferentes velocidades» a la hora de mutualizar riesgos.

Al menos en el papel, con la amenaza de la salida de Reino Unido de la disciplina de la Unión Europea, como telón de fondo, los Veintiocho se comprometieron a seguir avanzando en los pilares de la unión bancaria con algo de mayor contundencia que en los meses pasados. El tiempo dirá si esta voluntad se mantiene.