Los rumores: un arma letal para las empresas

Los más descontentos, los que les gusta el protagonismo y los que quieren hacer daño a la empresa o a alguien son los perfiles de los que siempre difunden información negativa

En las empresas donde fluye el secretismo hay más rumores
En las empresas donde fluye el secretismo hay más rumores

Se dice que la información negativa se propaga a la velocidad de la luz, mientras que la positiva va a la del sonido. A la velocidad de la luz vuelan los rumores, las falsas informaciones o las desinformaciones, y si no se atajan a tiempo se pueden convertir en letales para la empresa.

Si por algo es peligroso el rumor es que no se puede certificar que la información sea verdadera o falsa, y mientras éste está en marcha, siempre se asocia con algo negativo. «Cuando se desconoce la certeza o no del rumor éste actúa como una metástasis, llegando muchas veces fuera del propio fuero de la organización, lo que lo convierte –en términos muy actuales– en viral. Otro problema del rumor es que, a menudo, refuerza la enfermedad que lo genera», explica Guillem Recolons, consultor en Personal Branding.

Los más descontentos con la empresa, personas a las que no les importa dañar la reputación de la organización y de sus directivos, compañeros o clientes suelen ser el perfil de los amigos del rumor. Pueden tener acceso a los tomadores de decisiones.

Tipos de rumores

Existen mucho tipos de rumores, pero entre los más habituales se encuentra el del despido, del cual se puede enterar media plantilla antes que la propia «víctima». Recolons recomienda, en estos casos, trabajar con protocolos que eviten la dispersión del rumor, como comunicárselo lo más rápidamente a la persona afectada y dejando que sea ésta quien lo comunique a su manera de forma consensuada con la dirección de la empresa.

Los rumores son negativos porque conducen a la distracción. Los del tipo «la empresa va a cambiar de presidente y además es un “killer”», que los hay, pueden desestabilizar mentalmente al trabajador que le dedicará más tiempo a esos comentarios que a trabajar, como explica Carlos Recarte, socio director de Recarte & Fontenla, Executive Search.

La clave: la comunicación

Comunicar bien y a tiempo por parte de la empresa es clave para aplacar los chismorreos y que no se propaguen como la pólvora. «Es obvio que en las empresas que menos comunican, los empleados buscan otros cauces de información y la rumorología tiene mayor impacto. Luego la primera lección que se ha de tener en cuenta es precisamente la necesidad de comunicar mucho y, desde diferentes canales, para evitar rumores que pueden ser inciertos o que pueden generar tensión o problemas en la organización», señala Roberto Luna, catedrático en Dirección de Empresas de la Universidad de Valencia. En las empresas donde fluye el secretismo los rumores «campan a sus anchas». «Por mucho que las organizaciones no quieran informar, están provocando que haya mucha más comunicación informal, pues las personas necesitamos comprender por qué suceden las cosas, cuáles son sus causas y sus impactos en la organización y en nuestras vidas», añade Luna.

Existen tres tipologías de rumores: informativo, emocional e interpersonal. «Si es algo grave, como una venta, fusión o adquisición (informativo) no se puede permitir que la noticia circule hasta que sea oficial y publicada por la prensa. Grandes operaciones pueden peligrar por la difusión de rumores. En caso de un chismorreo menor, el protocolo es justo el contrario: dar la cara para dar validez o no a éste. Por lo general se pueden evitar y neutralizar implantando una cultura de franqueza y respeto y generalizando el “feedback” interdepartamental constante».

Los empleados más tóxicos suelen ser los primeros en difundir rumores. Los miedosos, los que buscan su momento de protagonismo o los que quieren hacer daño a la empresa, son los perfiles de quien está detrás de las informaciones de dudosa veracidad, añade Recarte. Aconseja en estos casos, «no hacer caso de los chismes, no avivar el fuego y no creerse todo. Poner un contrapunto positivo. Si la gente está motivada y bien atendida, los rumores tienen menos impacto».

Lograr una empresa en la que no existan las habladurías es una quimera, señalan los expertos. «Los rumores son más propias de las grandes empresas, y las redes sociales se han convertido en el primer canal para difundirlos. Cuanto más grande es el entorno, más fácil resulta esconderse», explica Ovidio Peñalver, psicólogo del trabajo y socio de Isavia Consultores. Otros entornos más sensibles a los rumores son aquellos que manejan información sensible. «Partidos políticos, comités de dirección de cualquier organización y, por supuesto, empresas sometidas a una fuerte presión por el crecimiento, empresas con problemas de conflictos sindicales y empresas con directivos opacos», sostiene Recolons. Peñalver, sin embargo, no cree que haya que vivir obsesionado con los rumores. «A veces hay que dejarlos pasar, si no se entra al trapo, acaban muriendo».