Pagar con la chaqueta

Pagar con la chaqueta
Pagar con la chaqueta

«Internet de las cosas» y la tecnología «wearable» abre un infinito abanico de posibilidades en el mundo de los medios de pago.

Se imagina entrar en una tienda y que sea su propia chaqueta la que se encargue de hacer el pago de su adquisición o que su nevera realice y abone la compra cuando detecte que falta algún alimento en su interior. La revolución de «internet de las cosas» abre un infinito abanico de posibilidades en el mundo de los medios de pago. Y es que en un futuro quizá podamos ver las tarjetas de crédito y débito como objetos de museo, gracias a la revolución de los dispositivos móviles o «wearables». Se trata de un proceso imparable, que se ha iniciado con el salto del plástico de la tarjetas al grafeno de los teléfonos móviles, pero que, a no mucho tardar, se incorporará a un gran número de «gadgets» que forman parte de nuestro día a día. Y es que los dispositivos conectados y «Iot» están creciendo de manera exponencial, tanto que, según las estimaciones, éstos alcanzarán los 75.000 millones en 2025. De hecho, ya hay varias compañías trabajando en este próximo paso, como Levi’s y Jacquard, de Google, que ya presumen de la chaqueta «Commuter Trucker», que incorpora, precisamente, el sistema «contactless» en la manga.

Actualmente, el principal dispositivo que digitaliza la tarjeta es el teléfono, que integra soluciones como «Samsung Pay», «Android Pay» o «Apple Pay», pero, ni mucho menos, el único. Relojes inteligentes, pulseras, como «Fitbit Pay», e incluso anillos digitales, como es el caso de los artículos de diseño fabricados por Kerv, ya incorporan el pago «contactless».

Mastercard ha sido una de las compañías que ha adoptado con éxito esta tecnología. Gracias a la tokenización, los 16 dígitos de la tarjeta se sustituyen por un ‘‘token’’, que protege el número real, con lo que se puede convertir el teléfono en una verdadera cartera virtual de forma segura. El director del área Digital de la empresa, Alberto López, considera que, como en otras muchas áreas, se esta produciendo una digitalización de los procesos. «Por ejemplo, a través de ‘‘Apple Pay’’, gracias a la tokenización, hemos conseguido trasladar toda la información del chip de la tarjeta físicas a un dispositivo móvil. Se trata de incorporar nuevas funcionalidades a los pagos», explica. Al igual que ocurrió con la tecnología «contactless», los «wearables» están muy cerca de alcanzar su punto de inflexión. En el mundo, 400 millones de personas compran a través de dispositivos móviles, una cifra que se multiplicará por siete en los próximos años. Según los expertos, las transacciones realizadas a través del pago móvil «en persona» pasarán de 4.600 millones en 2016 a los 22.800 en 2021. Asimismo, se estima que, en tan sólo dos años, el 38% de los pagos será digital, y que el 62% de los «wearables» incluirá esta opción. En lo referente a España, uno de cada tres ciudadanos se muestra partidario de realizar pagos con su móvil o su reloj y, además, es uno de los países con más lectores «contactless» en los comercios, los cuales tienen un 80% de penetración. Sólo en 2017, este pago aumentó un 153%.

Pablo Tur, responsable de la vertical de Medios de Pago de la Asociación Española de FinTech e InsurTech (Aefi) manifiesta que las TIC abren una ventana a nuevos modelos de negocio. «La tecnología ‘‘wearable’’ supone la posibilidad de poder automatizar, enviar y recepcionar la información de pagos entre dispositivos de forma sencilla. Por ejemplo, una pulsera o un smartphone podría servir para que una persona ingrese a un gimnasio donde no esté abonado y el pago que realice sea por el tiempo que ha estado disfrutando de sus instalaciones», destaca.

¿Fin de la tarjeta?

Pero este fenómeno, ¿supondrá el fin de la tarjeta de crédito y débito? Alberto López considera que se trata de una evolución. «Al final, lo que cambia es el soporte, pero no su conveniencia ni su utilidad».

Por su parte, el experto en medios de pago de Innovación y Tecnología Financiera del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB), Jorge Ordovás, mantiene que la digitalización de los medios de pago es un fenómeno inevitable que aporta múltiples ventajas tanto para el usuario final como para las empresas. «En el mundo en que vivimos parece natural que el dinero en efectivo desaparezca de nuestras vidas y utilicemos su representación electrónica en múltiples formatos. Para gobiernos, organismos y administraciones públicas, la digitalización de los medios de pago ofrece evidentes ventajas para facilitar la relación con los ciudadanos o la aplicación de impuestos, así como reducir actividades ilícitas. Es una tendencia creciente en el mundo en general y, en Europa, en particular (con países como Suecia donde el dinero en efectivo está a punto de quedar en el recuerdo)». A su juicio, la principal desventaja de este fenómeno es la escasa cultura digital que existe todavía entre los españoles. «Una gran parte de la población todavía no está digitalizada. Sigue utilizando dinero en efectivo mayoritariamente en su día a día. Poco a poco, este segmento se ve forzado a interactuar con la tecnología, y la progresiva digitalización del efectivo requiere de especial atención y apoyo a este colectivo para facilitar el proceso». La edad será una de las claves en este proceso de transición hacia nuevos soportes de pago. «El uso del efectivo irá desapareciendo gradualmente por el peso de la población de mayor edad. Si lo analizamos por segmento, los más jóvenes lo utilizarán menos y se irán acostumbrando más rápido a utilizar medios digitales. La tarjeta física es un elemento que irá desapareciendo, ya lo está haciendo a nivel de usuario cuando la utilizamos con nuestros «wallets» móviles, también existen tarjetas virtuales. Con el tiempo, incluso la tarjeta de débito como tal debería ir desapareciendo para ganar importancia la propia cuenta corriente. Toda la normativa SEPA va encaminada a que los adeudos directos se realicen de forma inmediata», indica Pablo Tur. No obstante, tal y como advierte Ordovás, actualmente, en España, un gran número de comercios (especialmente los más pequeños) no aceptan pagos con tarjeta, por lo que el efectivo, en su opinión, es y seguirá siendo el método de pago mayoritario (para bajos importes). «En el resto de comercios no parece realista que vayamos a sustituir esta costumbre arraigada por el uso de ‘‘wearables’’ a medio plazo. La clave para facilitar su penetración pasa por encontrar la propuesta de valor para los usuarios que actualmente utilizan las tarjetas, conseguir que se planteen la utilización de estos dispositivos en determinados entornos donde aportan un valor añadido, para extender luego su utilización en el día a día de forma natural», concluye.

En cualquier caso, se trata de un fenómenos imparable, al que difícilmente se le podrán poner puertas. «El límite puede que no exista, la tecnología está permanentemente rompiendo barreras físicas. La única limitación es la que venga de la mano de la regulación», concluye.

Seguridad: «No es lo que sabe, sino lo que es»

Los medios de pago evolucionan y, con ellos, también lo hace el fraude. La audacia de los «ciberdelincuentes» fuerza a las compañías a ir un paso más allá en sus soluciones para evitar actividades ilícitas que perjudiquen a los usuarios. Alberto López asegura que uno de los puntos en el que Mastercard pone más énfasis es en la identificación. En este sentido, la biometría es uno de los elementos que más está haciendo evolucionar los medios de pagos digitales . «El PIN es ya pasado. Los nuevos medios de seguridad ya no se fundamentan en lo que sabe el usuario, sino en lo que es. En este apartado, estamos trabajando en nuevas soluciones, como el New Data Security, que ya no se fundamenta en la cara del usuario, sino en su comportamiento. Y es que cuando utilizamos el teléfono o navegamos por internet todos tenemos un patrón de comportamiento que es único, desde cómo sujetamos el dispositivo, hasta los movimientos que hacemos.

En función de ello, podremos poner en conocimiento de las entidades todos aquellos comportamientos que se desvíen de este patrón de conocimientos, con el fin de detectar posibles usos fraudulentos. También hemos lanzado la solución Decision Intelligence, basada en inteligencia artificial, que aprende de los patrones de fraude y ayuda a las entidades financieras a detectar operaciones delictivas».