Bruselas

Treinta años de tratado y bonanza económica

La Razón
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Hoy en día, cuando algunos ponen en tela de juicio los logros conseguidos en estos años de democracia, conviene recordar hechos del pasado como el que en estas fechas se celebra para darnos cuenta de hasta dónde hemos llegado y no olvidar los avances realizados. Es una lección para todos los que cuestionan la idea de una Europa unida y los beneficios que ello conlleva.

Se cumplen ahora 30 años de la entrada de España a la Comunidad Económica Europea, actualmente la Unión Europea, incorporación que se realizó conjuntamente con nuestros vecinos portugueses. Nuestra adhesión supone probablemente la noticia económica más importante desde la instauración de la democracia, me atrevería a decir que incluso aquel hecho sobrepasa el ámbito económico y que gracias a nuestra inclusión la democracia se consolidó definitivamente en nuestra sociedad, además de haber mejorado las condiciones de vida de todos los españoles del momento y de todas las futuras generaciones.

El ingreso anhelado suponía el fin de la autarquía económica de España y su internacionalización. No sólo el fin de las medidas arancelarias, como algunos piensan. Conllevó una transformación rapidísima basada en una apertura a los mercados europeos y mundiales, apoyados por la llegada de fondos para infraestructuras y de capital extranjero para la inversión. Sectores como la banca, los seguros o la industria se beneficiaron ampliamente. En la industria, nuestro país se vio recompensado con la llegada no sólo de capital, sino de tecnología, impulsando la producción y un avance de competitividad de nuestras plantas como nunca antes se había dado. Para sectores con problemas, como es el pesquero, la inclusión en la CEE no llegó a solucionar todas las cuestiones que llevarían a una fuerte reconversión, pero los problemas de esta actividad están mucho más ligados a la ampliación de las 200 millas patrimoniales o zona económica exclusiva de los países mediterráneos y atlánticos que a nuestra pertenencia a Europa.

Como señalaba anteriormente, toda aquella revolución supuso un fuerte incremento de la actividad económica, a la vez que un fuerte aumento de la renta per cápita. El avance del PIB fue vertiginosa, llegando casi a multiplicarse dos veces y media en los primeros cinco años de permanencia. El incremento de la renta per cápita supuso acercarnos a la media de los países europeos y recortar consistentemente distancia con la de los quince países más ricos. En el terreno del empleo algunas fuentes y estudios sitúan la creación puestos de trabajo durante los primeros años, en más de 300.000 por año, algo fundamental pues la tasa de desempleo en aquellos años superaba el 20 por ciento de la población activa. Por todos es reconocido que detrás de estos logros está el tratado de incorporación.

Pero cuando se mira hacia atrás también conviene ser críticos y sacar conclusiones que nos permita afrontar nuestros desafíos futuros. Bruselas reclamaba, como ahora, transformaciones, cambios, reformas para avanzar en los desequilibrios que nuestro país presentaba. Se pedían medidas para incrementar la productividad, entonces ya situada por debajo de los países de nuestro entorno. Se nos advertía de la necesidad de luchar contra la inflación, significativamente más alta que la del resto de la CEE. Se pedía una modernización del mercado laboral pues España estaba a la cabeza de los países con mayor paro, problemas de acceso al primer trabajo, elevadas tasas de temporalidad, falta de cualificación, el paro femenino y de larga duración. Ayer, igual que hoy, el abandono escolar era inaceptable para una sociedad que pretende avanzar hacia mayores niveles de bonanza y estabilidad. No se puede olvidar la insistencia para luchar contra el desequilibrio del déficit exterior.

Los problemas que señalo son calcados a los que en estos momentos muchos tienen en su cabeza. Hoy, como ayer, son muchos los que se oponen a estas reformas. Sin embargo, esa resistencia nos lleva, hoy como entonces, a atrasar una necesaria modernización.

*Profesor y coordinador del departamento de investigación del IEB