Economía

Tres millones de ciudadanos trabajan en negro en España

Tres millones de ciudadanos trabajan en negro en España
Tres millones de ciudadanos trabajan en negro en Españalarazon

Un informe de Randstad cifra la economía sumergida en España en 190.000 millones, el 18,6% del PIB.

Aunque no abundan, los informes sobre economía sumergida que se han publicado sitúan la tasa de la misma en España en el entorno del 20% del PIB. Los últimos datos, incluidos en el informe «Flexibilidad en el trabajo 2014» que la agencia de trabajo temporal Randstad hizo públicos ayer, apuntan en la misma dirección. Según el informe, elaborado en colaboración con la universidad británica de Sheffield y que se nutre de fuentes como la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Organización por la Cooperación y el Desarrollo Economía (OCDE) o Eurostat, la economía sumergida representa en España el 18,6% de su PIB, seis décimas por encima de la media europea, que es del 18%. Este porcentaje supone más de 190.000 millones de euros. Más allá de Europa, Estados Unidos, Canadá, Japón, Australia y Nueva Zelanda cuentan con índices inferiores al 10%.

Aunque el estudio no incluye en cuántos empleos se traducen estas cifras, Luis Pérez, director de Relaciones Institucionales de Randstad, aseguró que tomando como referencia los niveles actuales de ocupación en términos EPA –17,5 millones de personas– y dimensionando el incremento de oportunidades de negocio en términos empresariales que se generaría, calculó que se podrían aflorar hasta tres millones de puestos de trabajo ahora no declarados si se afrontase la economía sumergida y el empleo no declarado en España. A nivel global, más de 1.800 millones de personas están empleadas en negro, lo que supone un 60% del total de trabajadores –3.000 millones–, según datos de la OCDE citados por Randstad.

Construcción, hostelería y restauración son los tres sectores de la economía nacional en los que se concentra el grueso del trabajo no declarado. No obstante, sus efectos perniciosos son globales, pues aquellas economías con mayores índices de economía sumergida son también menos competitivas, explicó Pérez. Este fenómeno obstaculiza la recaudación fiscal, perjudica al sistema de protección de la Seguridad Social y fomenta la competencia desleal.

Corrupción

Entre las novedades que sí plasma el informe destaca la relación que establece entre el nivel de corrupción y el grado de economía sumergida de un país. Su conclusión es que existe una correlación directa y que cuanta más corrupción se percibe en el sector público de un país, mayor es la prevalencia de la economía sumergida. «Esto apoya la afirmación liberal de que el trabajo no declarado es una estrategia de salida a la que tienden quienes se enfrentan a sobornos y a la corrupción cuando tratan de acceder al segmento formal de la economía o permanecer en él», afirma el documento. Este factor sería uno de los que explicarían los elevados niveles de economía sumergida que soporta España en relación con la de algunas economías europeas de similar tamaño como Francia –9,9% del PIB–, Reino Unido –9,7% del PIB– o Alemania –13 por ciento del PIB–, donde los niveles de corrupción son aparentemente inferiores a los de España. En otros socios europeos, como Italia, salpicada también de abundantes corruptelas, la economía en negro es el 21,1% del PIB.

Lo que el informe no detecta es que una presión fiscal elevada esté correlacionada con un mayor predominio del trabajo no declarado. En Dinamarca, donde los ingresos tributarios totales representan un porcentaje de casi el 50% del PIB, la economía sumergida apenas alcanza a equivaler al 13% del PIB. En España, el trabajo en negro es del 18,6%, con unos ingresos tributarios casi 20 puntos porcentuales inferiores en términos de PIB a los de Dinamarca.

Lucha contra el problema

Entre las herramientas que considera útiles para combatir la economía sumergida, Randstad cita tres. La primera, una mayor intervención mediante políticas de mercado de trabajo para la protección de grupos vulnerables. También apunta a los altos niveles de protección social y a la facilidad para recurrir al empleo temporal y a las empresas de trabajo temporal. Una de las principales conclusiones del informe es que en los países con menores índices de economía sumergida son aquellos donde la utilización de las agencias de empleo por parte de las empresas es superior. Sus datos aseguran que se aprecia que países del centro y del norte de Europa cuentan con índices de penetración de empleo a través de empresas de trabajo temporal (ETT) más elevados y datos de trabajo sumergido más bajos.