Sánchez juega con un descentrado Cs

«Su extraña posición en los presupuestos muestra a un partido sin objetivos claros»

ANGEL DIAZEFE

Es difícil seguir el itinerario político de Ciudadanos en estos últimos años, sobre todo desde que Pedro Sánchez llegó a La Moncloa a través de su moción de censura. Primero, quiso pactar con el PSOE un gobierno con el apoyo de Podemos, hasta que éstos les traicionaron y mostraron sus propias cartas: el futuro aliado de Sánchez iba a ser Pablo Iglesias, con cargo de vicepresidente, lo que le hubiera correspondido a Albert Rivera. Después, calculó mal sus posibilidades reales y quiso arrebatar el liderazgo del centro derecha al PP, sin conseguirlo. Finalmente, se enrocó en una posición sin salida al negar sus votos a Sánchez –trago difícil pero necesario– para desbloquear un situación que derivaría en el actual gobierno sostenido con todas las fuerzas contrarias al orden constitucional. A partir de ahí, la situación política es conocida: el peor gobierno posible en la actual situación de crisis sanitaria y económica. Sin embargo, la política produce unas paradojas que, por más indigestas que sean, son, al fin y a cabo, con las que hay que jugar: los Presupuestos que deberían ser aprobados por una ínfima mayoría, se han convertido en unas cuentas de emergencia nacional, la herramienta fundamental para dotar de medios a esta pandemia, por lo que el arco parlamentario se abre hasta Cs. Nunca se había visto que un Gobierno se viera obligado a elegir a los que van a votar sus presupuestos, sobre todo cuando su situación es precaria, lo que ya indica la distorsionada vida política española y la fractura que impide que un partido que se reclama de centro no pueda llegar a acuerdos con un Gobierno que se reclama socialdemócrata, aunque una parte de él practica un populismo intervencionista asfixiante. De nuevo Cs, ahora con Inés Arrimadas al frente, está dispuesto a echar una mano en la aprobación de los presupuestos, «por responsabilidad», mantra del que hay que prescindir porque si no se consiguen unas cuentas ajustadas a la realidad de nuestro crecimiento, será un impedimento en la ayudas que vendrán de Europa. Se parte de que el PIB caerá un 11,2% en 2020 para crecer luego hasta un 9,8% en 2021, gracias precisamente a las ayudas europeas de 27.000 millones de euros. Podría ser así, si estuviera avalado por el Banco de España, por ejemplo, cosa que no ocurre. Puro tacticismo para prolongar como sea el Gobierno hasta llegar a una coyuntura favorable para Sánchez. Cs, de nuevo, se ofrece a participar en un baile en el que su participación es circunstancial, un ensayo para limar asperezas por si en el futuro no lejano necesitase al partido naranja. De momento, el Gobierno negocia con los partidos de la investidura –incluido Bildu– y deja que Arrimadas sueñe con ser una opción «útil y responsable». Pablo Casado reivindicó el centro en la moción de Vox, por lo que para tener ese marchamo ya no hace falta pedir permiso a Cs, un partido bisagra, efectivamente, pero sin objetivos claros.