Opinión

Presupuestos para la Defensa del siglo XXI

Algunos soldados del ejército ucraniano salen de un autobús, a 28 de febrero de 2022, en Kiev (Ucrania).
Algunos soldados del ejército ucraniano salen de un autobús, a 28 de febrero de 2022, en Kiev (Ucrania). FOTO: Diego Herrera Europa Press

La invasión de Ucrania, que ha supuesto el retorno a un pasado oscuro, ha convulsionado certidumbres y confianzas asentadas en décadas de prosperidad en el viejo continente. Una de esas vi gas maestra s de esta contemporaneidad más o menos serena ha sido el paradigma de una seguridad desmoviliza dora, sin adversarios dispuestos a la batalla y una panoplia de conflictos en los que el arsenal tecnológico y la inteligencia desplazaban a los misiles y los blindados. La guerra del siglo XXI provocaba secuelas y estragos, pero sin cadáveres ni sangre. En las mentalidades parvularias, tan afinadasen la izquierda, ya no se necesitaban ejércitos ni entidad es como la Alianza Atlántica para amparar una convivencia sin enemigos. De esa experiencia onírica, Putin nos ha despertado con una sarta de manotazos y pilas de cadáveres. Con incomprensible parsimonia, las democracias toman conciencia de las amenazas para el mundo libre en el emergente reequilibrio de las fortalezas y ambiciones geoestratégicas. La decisión de un canciller socialista, respaldado por la izquierda verde, de abrir una nueva era en Alemania con una aumento notable en el gasto de Defensa y un giro en su política exterior ha puesto el foco sobre el resto de aliados que apostaron por« congelar» su compromiso con los esfuerzos militares, singularmente España. La crisis de 2008 se cebó con la Defensa nacional con recortes notables y constantes de sus partidas de los que no se ha recuperado. Desde 1992 nos encontramos lejos del 2% del PIB, como exige la OTAN a todos los socios, y esa fragilidad nos ha colocado a la cola en dotación presupuestaria y, lo que es más revelador, sin voluntad de revertirlo. España destina un 1,4% del PIB, es decir, unos 18.000 millones de euros. Para llegar al 2% el gasto debería aumentar hasta los 25.600 millones, es decir, en 7.600 millones de euros. Conviene saber que este desistimiento financiero ha mermado las capacidades militares del país mientras potenciales amenazas en nuestras fronteras más calientes han robustecido sus medios. España arrastra un declive peligroso que no se enmienda ni subarrendado ni delegando los deberes propios en flancos sensibles. Alemania y otros lo han comprendidosin complejos y aquí deberíamos hacerlo, aunque con un gobierno en cuyo seno conviven los comunistas que se manifiestan contra la OTAN y la UE por apoyar activamente a los ucranianos, todo se complica extraordinaria mente, incluido que nos entiendan fuera y nos traten como socios fiables. Acumulamos serias des ventajas políticas y económicas, pero también sociales, para afrontar la catarsis ala que el mundo y sus desafíos nos conminan. Hay una rémora dramática en Cultura de Defensa en la sociedad española. Y hay que enmendarla. Requiere un esfuerzo pedagógico que enseñe que nos desenvolvemos en un mundo peligroso. Un Ejército con los medios adecuados es el mejor antídoto de la violencia y el aliado más eficaz de la paz. Hablamos de una inversión estratégica que permita a la democracia sostener la seguridad nacional y responder a los compromisos internacionales.