Alemania supera su tabú antibelicista

Fuerzas iraquíes patrullan en la provincia de Diyala (Reuters)
Fuerzas iraquíes patrullan en la provincia de Diyala (Reuters)

Por primera vez, Alemania ha decidido romper con su tradición de no vender armamento a un contendiente de una guerra. Tras las presiones dentro de su propio Gabinete para que diera un paso a delante, la canciller Angela Merkel ha aceptado suministrar armas a los kurdos iraquíes en su lucha contra los yihadistas del Estado Islámico (EI), que han conquistado en los últimos meses amplias zonas del norte de Irak y Siria. "Estamos preparados, en principio, para proporcionar armas y munición de acuerdo a nuestros medios", aseguró el miércoles la ministra de Defensa, la democristiana Ursula von der Leyen. A su lado, el ministro de Exteriores, el socialdemócrata Frank Walter Steinmeier, añadía que "hay situaciones en las uno también puede pecar por omisión". La Gran Coalición entre la CDU/CSU y el SPD parece romper así con la timorata posición de Merkel en conflictos recientes. En 2011, Berlín se mantuvo al margen de la operación militar en Libia y, justo hace un año, cuando se discutía una posible intervención en Siria en represalia por el uso de armas nucleares por parte del régimen de Asad, Alemania declinó participar.

Este paso adelante equivale a la histórica decisión del Gobierno rojiverde del canciller Gerhard Schröder de participar en 1999 en la guerra de Kosovo bajo el paraguas de la OTAN rompiendo con la tradición de no intervención del Ejército alemán ((Bundeswehr) desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El entonces jefe de la diplomacia germana, el verde Joscka Fischer, justificaba que "la conclusión que debemos sacar de la época nazi no es nunca más guerra sino nunca más Auschwitz". Hasta el final de la Guerra Fría, el Ejército cumplía una mera función defensiva y sólo tras la caída del Muro de Berlín y la reunificación germana, el Gobierno de la época empezó a hablar de la posibilidad de intervenir en aquellas misiones militares respaldadas por la ONU. Más recientemente, el presidente federal, Joachim Gauck, repite con frecuencia que Alemania debe asumir el protagonismo internacional que le corresponde por su poder económico. "Nuestro país no es una isla. Debe decirse sí a sí mismo y no empequeñecerse. Tiene la mayor población de Europa en el centro del continente y es la curta potencia económica mundial", recuerda Gauck.

Sin embargo, la población alemana parece no compartir este giro intervencionista de su Gobierno, pues en un 70% rechaza la venta de armas a los kurdos de un país en conflicto donde nunca se puede garantizar que esa ayuda acabe en las manos equivocadas. De hecho, el EI utiliza armas sustraídas al Ejército iraquí que fueron suministradas por Estados Unidos. Los integristas de Mali, por poner otro ejemplo, se apoderaron de los viejos arsenales del régimen libio del coronel Gadafi. Con un 7% del mercado de armas mundiales, la industria militar alemana es un sector importante que emplea a 300.000 personas. Desde el Gobierno se insiste en que el principal criterio que deben regir las exportaciones es la defensa de los derechos humanos. Sin embargo, el comercio con Arabia Saudí y Qatar, patrocinadores principales del wahabismo internacional parecen contradecir en parte las promesas oficiales.

pgarcia@larazon.es