Las tretas de Mas

La Razón
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Artur Mas es un corcho que flota en el temporal. Eso sí, zarandeo por un mar bravío que le cerca por todos lados. Todo en él es tramoya, en definitiva, un engaño. Pero, se permite siempre presentar como pruebas de fortaleza lo que en realidad no son sino de debilidad. La Diada dejó hace años de ser una fiesta que buscaba ser la de todos para convertirse en un puro instrumento en manos de los nacionalistas. El bochorno ha alcanzado en esta ocasión su cenit con el uso de la cita para la exhibición del “poder” independentista justo en el arranque de la campaña electoral del 27-S.

La incontestable manipulación de los sentimientos con fines políticos tiene a su servicio a los organismos catalanes para crear entre la sociedad, de la mano de sus terminales mediáticos, la ficción de un clima de adhesión aplastante a una causa. Cualquier cosa vale. Mas no está donde está por casualidad. Ha invertido el sentido común, desde luego, la corrupción de Convergencia le resbala y la minimiza, por supuesto, y sus dislates han volado el matrimonio con Unió, de acuerdo, pero, a cambio, ha arrastrado a ERC a una candidatura conjunta para afrontar con garantías el reto de las urnas después del fracaso de pedir una “mayoría excepcional” en 2012 y perder una docena de escaños.

Ese Junts pel Si, de nuevo, disfraza de unidad lo que al final es pura exclusión. Al presidente, que se ha asegurado la reelección en caso de ganar el 27-S, le viene además de perlas tener de cabeza de cartel a todo un figurante como Raül Romeva y esconderse en el cuarto puesto de esa lista. No debe olvidarse que los catalanes, hasta un 67% según el barómetro del CIS, suspenden la particular gestión de Mas al frente de la Generalitat.

Mientras tanto, como diría aquel, que vengan días de campaña y traigan ollas. El invento, evidentemente, se le puede ir de las manos a Artur Mas quedando atrapado por los antisistema de la CUP en su delirante camino a la mayoría absoluta. Poco le importa ya ir acompañado de quienes tiran de las zapatillas en vez de la palabra para debatir en el Parlamento. En su dislate ilegal por la independencia, si los catalanes se resisten a remediarlo en las urnas en dos semanas, Mas, seguro, seguirá buscando a alguien a quien agarrarse con tal de seguir a flote.