Sánchez se juega La Moncloa y el despacho de Ferraz

Arranca una campaña electoral crucial para el futuro de Pedro Sánchez y del PSOE. Del resultado que arrojen las urnas dependerá la continuidad del incipiente proyecto de la actual dirección y el mantenimiento de la formación dentro de la hegemonía del bipartidismo de la que ha gozado hasta ahora. En cualquier caso, pocos dudan de que habrá un antes y un después a partir del 20-D y los socialistas trabajan a contrarreloj para sobrevivir en el nuevo escenario que surja tras los comicios.

El punto de partida para la campaña electoral no es el más propicio para Ferraz. El barómetro del CIS publicado ayer reafirma una tendencia a la baja que ya auguraban otras encuestas, a las que desde el partido se resistían a dar credibilidad. El PSOE pierde 4,5 puntos –respecto a octubre– en vísperas de las elecciones. Con el 20,8% de los votos, la formación de Sánchez marca su peor registro histórico desde 2011, incluso por debajo del 21,2% que heredó de Rubalcaba tras el cambio de dirección. El PSOE se mantiene en la segunda posición pero pierde de vista La Moncloa, el PP le aventaja ya en 7,8 puntos, y tendrá que lidiar con la acuciante amenaza de Ciudadanos que, en sólo un mes, la ha recortado ocho puntos.

Para bregar con este panorama, Sánchez centrará su campaña en equiparar a Ciudadanos con el PP, defendiendo que son las «dos derechas» y negando la vocación de cambio que abandera Rivera, al aseverar que no dudará en investir a Rajoy como presidente si tiene la oportunidad. Además, el líder socialista mantendrá su argumento de que sólo el PSOE supone una alternativa real de izquierdas y llamará al voto útil, para concentrar a los votantes de Podemos, un partido que –a su juicio– se ha «desfondado». Sánchez contará con el apoyo de los ex presidentes González y Rodríguez Zapatero y a través de ellos reivindicará el legado del PSOE y su protagonismo en los grandes avances en derechos y oportunidades.

Para el partido existe un territorio que será decisivo: Andalucía. La federación más numerosa de los socialistas tendrá una doble potestad, una suerte de ying-yang, pues es la única comunidad capaz de coronar a Sánchez y defenestrarlo a la vez. El territorio se consolida como el pulmón electoral del partido, su nicho más estable de votantes, por lo que será decisivo para la victoria del candidato del PSOE, si esta llegara a producirse. Sin embargo, la legitimidad que le otorgan los votos y el potente liderazgo de Susana Díaz pueden suponer también el fin de la dirección de Sánchez. Si el resultado que arrojen las urnas no sobrepasa los 100 diputados y se queda entorno a los 90 que predicen las encuestas, el sector crítico de Sánchez, comandado desde el sur, iniciará las maniobras para el cambio de liderazgo.

Sánchez arranca la campaña consciente de que se lo juega todo a la carta de las generales: su futuro y el del partido. En mayo se enfrentó a una encrucijada similar y salvó los muebles al sumar un poder territorial sin precedentes, pero los pactos con Podemos que disimularon su suelo histórico entonces, se antojan insuficientes esta vez.