Andrea Levy: «La ansiedad mediática de hoy desluce el rigor político»

Entrevista a la vicesecretaria de Estudios y programas del Partido Popular, Andrea Levy,

La vicesecretaria de Estudios y programas del Partido Popular, Andrea Levy

La vicesecretaria de Estudios y programas del Partido Popular, Andrea Levy, destaca que a lo largo de estos años la democracia que se construyó en su día se ha ido fortaleciendo sobre consensos.

El día 15 se cumplen 40 años de las primeras elecciones. Ante este aniversario hemos querido conocer cómo ven la calidad democrática de España las dos generaciones marcadas por este acontecimiento. Marcelino Oreja fue protagonista del nacimiento de una nueva etapa en la que se empezaba a dibujar la salida de la dictadura y la conquista de libertades que han permitido a jóvenes como Andrea Levy vivir en un país de oportunidades. El avance de la sociedad les ha hecho vivir en dos mundos diferentes en los que pese a las distancias se fundamentan en los mismos pilares de sentido de Estado, consenso y compromiso político.

–¿Cómo ha evolucionado España en estos 40 años de democracia?

–A lo largo de estos años, entre todos, hemos construido una democracia que se ha ido fortaleciendo sobre consensos. Esto nos ha permitido grandes hitos como la entrada en la Unión Europea, siendo ahora uno de los países miembros con mayor liderazgo y siendo los españoles profundos convencidos del proyecto de integración europeísta. También la evolución de la economía española, cuyo crecimiento del PIB ha sido del 550% desde 1978, demuestra la gran historia de éxito y superación que han escrito los españoles, aunque algunos pretendan pintar siempre una España trágica y derrotada.

–¿Cómo recuerda el primer día que fue a votar?

–La primeras elecciones en las que pude votar fueron las elecciones autonómicas catalanas en noviembre del 2003. Recuerdo la responsabilidad del ejercicio de votar, de sentir mi, aunque humilde, individual capacidad de decidir en democracia y de hacerlo acorde con mis ideas y lo que consideraba mejor para el futuro. Y desde entonces he acudido siempre a todas las convocatorias, por derecho pero sobre todo por deber de ciudadanía.

–¿Imaginaba que algún día se produciría una repetición electoral?

–La estabilidad institucional ha sido siempre garante del progreso económico y social. Los vaivenes políticos generados por estrecheces partidistas, que sin duda no miran en el interés general, ponen en riesgo el esfuerzo y sacrificio de toda la sociedad. En mi opinión, la clase política no estuvo a la altura de los españoles.

–¿Está España ante una segunda Transición?

– La crisis económica, la aparición de nuevas formaciones políticas y el llamado choque generacional han cuestionado en los últimos años marcos establecidos y han supuesto una cierta revisión general de nuestra democracia, aunque de incierta evolución. Por ello, los sólidos valores de la Transición son más necesarios que nunca, puesto que apostaron por la convivencia, el respeto y el interés general como camino de futuro que nos alejaba de las ruinas de la división, tan tristemente española a veces, como escribía Machado.

–Los consensos que se fraguaron entonces se han demostrado imposibles ahora. ¿En qué ha cambiado la clase política?

–La política se engrandece cuando es capaz de aunar voluntades entorno a un objetivo compartido para nuestro país. Creo que el consenso hoy está en el generoso patriotismo de trabajar en los grandes pactos de Estado que necesita España. Es imprescindible abordar un acuerdo amplio sobre Educación, la garantía del sistema de pensiones, el reto demográfico y de natalidad, entre otros.

–Políticos sin corbata, bebés y besos en la boca en el Hemiciclo... ¿son nuevos tiempos o se ha frivolizado la política?

– La política ha de ser siempre reflejo de la sociedad y acompasar su evolución, como en cualquier otro sector, como por ejemplo, también el periodismo. Ahora bien, deben mantenerse las formas como muestra de respeto y educación a lo que las instituciones representan. La ansiedad por la atención mediática desluce en la mayoría de ocasiones el fondo y el rigor político de los asuntos que ahí se tratan.

–¿Existe la nueva y la vieja política?

–Ya en 1617 Quevedo escribió un manual para Felipe IV sobre cómo ejercer de forma nueva y buena el gobierno, superando la corrupción y las malas prácticas. La novedad en política no pueden ser consignas estéticas sino ideas innovadoras. Los españoles merecen proyectos políticos que respondan a unas ideas, sin trincheras dogmáticas, pero fundamentadas en principios y valores comprometidos en vertebrar nuestra sociedad y no a merced de vaivenes demoscópicos.

–La desafección política ha supuesto la irrupción de nuevos partidos ¿qué importancia le da a la crisis del bipartidismo?

– La aparición de nuevas formaciones políticas ha variado la aritmética parlamentaria. Ahora bien, está por ver si se trata de elementos coyunturales derivadas de la crisis económica, social e institucional de los últimos años o se consolidan como opciones post-ideológicas frente a los referentes tradicionales. Sin embargo, los cambios deben basarse en el debate de ideas y no en criterios meramente estéticos, de ahí la importancia de que los partidos políticos pongamos sobre la mesa cuestiones fundamentales para objetivos a medio largo plazo y con altura de miras para el futuro de España.

–La preocupación por la corrupción sigue en aumento. ¿Es un problema endémico del sistema político? ¿Qué se ha hecho mal en estos años para llegar a esta situación?

–La vivencia en democracia debe de ser el continuo proceso de decantación entre el sistema político e institucional y los elementos que entorpecen su correcto funcionamiento. Por ello, los partidos han de ser tamiz entre la vocación política y el ejercicio del servicio público, depurando las malas prácticas. Sin duda, hay que destacar que la Justicia en España funciona y que se destapen todos estos casos que estamos conociendo es un síntoma de que nuestro sistema trabaja en la línea adecuada.

–¿Con qué político de la democracia se siente más identificado?

–Creo que las generaciones posteriores tenemos un sentimiento de admiración y de deber con todos aquellos políticos que fueron capaces de hacer posible este éxito colectivo. Me permito citar unas palabras de un compañero, Gabriel Cisneros, que para mí reflejan tal proeza: «La Constitución española es la cristalización del sueño adolescente de un grupo de españoles que, cada uno a su manera, y de maneras bien distintas habíamos intuido, buceando en nuestro corazón y en nuestra historia, la España posible, la España necesaria que ahora acariciamos con los dedos».

–¿Cuál es el mayor desafío actual para la democracia?

–Sin duda, los atentados terroristas que pretenden atacar nuestro sistema de valores e imponer su régimen del miedo y crueldad suponen una amenaza a las democracias liberales y a su seguridad. Por otro lado, el desafío independentista del Gobierno de la Generalitat es un chantaje al Estado de Derecho y al pacto constitucional acordado entre todos los españoles como garantía de igualdad, libertad y democracia.