Así votamos en el 77

LA RAZÓN recoge los testimonios de políticos, artistas, periodistas, escritores... que vivieron en primera persona aquella jornada electoral que supuso el comienzo del proceso democrático, en el que, independientemente de su ideología, todos coinciden en que España respiraba libertad.

LA RAZÓN recoge los testimonios de políticos, artistas, periodistas, escritores... que vivieron en primera persona aquella jornada electoral que supuso el comienzo del proceso democrático, en el que, independientemente de su ideología, todos coinciden en que España respiraba libertad.

Francesc de Carreras: «El clima de Guerra Civil era cosa del pasado»

Me levanto a las siete de la mañana para llegar antes de las ocho a la mesa electoral: era interventor en nombre del PSUC, el partido de los comunistas catalanes. Tanto los miembros de la mesa como los demás interventores fueron también puntualísimos. Ninguno tenía experiencia anterior, todos éramos conscientes de nuestra responsabilidad. Había nervios, pero muy contenidos.

En los primeros minutos, un cierto recelo entre todos nosotros, que muy pronto notamos injustificado, la cordialidad fue inmediatamente en aumento y, a lo largo del día, las relaciones acabaron siendo de amistad. Casualmente, conocía al presidente de mesa, ejecutivo de un banco y activo opositor al franquismo. Tras la sorpresa, me dijo discretamente que no se notara mucho que éramos amigos, no fueran a recelar los demás. Enseguida vimos que no había problemas, la confianza entre todos era total.

Antes de abrirse el colegio, largas colas de ciudadanos, con aspecto circunspecto pero relajado, aguardaban en la calle. A las nueve en punto empezaron a desfilar para depositar su voto. El presidente conocía perfectamente el mecanismo electoral y todo funcionó como un reloj, sin ningún problema, ni por parte de los componentes de la mesa, ni por parte de los que acudían a votar. La sensación de vivir ya en democracia era absoluta. Nos sirvieron la comida, los electores seguían desfilando, la tarde se hizo larga.

A las ocho se cerró el colegio, empezó el recuento, firmamos todos los papeles que el presidente nos ponía por delante casi sin mirarlos y se hicieron públicos los resultados. Invité a una copa a la interventora democristiana, una joven muy simpática. Después me fui al local del partido, en la calle Ciutat. El clima de guerra civil, todavía alimentado por muchos, era cosa del pasado, la sociedad ya era democrática. Lo tuvimos claro aquel día.

Margarita Salas: «Todos remaban en la misma dirección»

Ni siquiera recuerdo si voté. Pero lo que tengo muy presente es la época: estaba yo en un congreso en Estado Unidos cuando leí en Prensa que en España se había legalizado el Partido Comunista. Era Semana Santa –faltaban dos meses para las elecciones– y, ante la sorpresa, lo primero que me vino a la cabeza fue la valentía de la clase política por dar el paso. Ése es el principal pensamiento que tengo de entonces, la altura de miras de los dirigentes, que no pensaban en el bien de cada partido, sino en el de España y en dar el paso a la democracia. Da igual lo dispares que eran, todos remaban en la misma dirección.

Fernando Savater: «Ojala vuelvan aquellos tiempos de cohesión»

Las primeras elecciones democráticas fueron muy importantes para los que habíamos luchado contra la dictadura. Algunos más modestamente, entre los que yo me incluyo, yo creo que el hecho de que me metieran en la cárcel fue para mí un ascenso, porque no creo que hiciera nada heroico.

Yo en ese momento era bastante ácrata y nada institucional, pero aún así fui a votar. Lo que me gustó de aquel día es que fue un momento de total satisfacción en la que se abría una etapa nueva. Recuerdo que fue una jornada muy alegre, y los días posteriores también, en los que cada día los periódicos traían noticias nuevas y positivas. Se recuperaban las libertades, era la ilusión de llegar a una época admirable en la que yo participaba. No me acuerdo de a quién voté, así que no quiero equivocarme, pero lo que sí puedo asegurar es que yo no era de derechas. Y lo hice en Madrid porque aún no me había empadronado en el País Vasco. Yo he seguido votando siempre, salvo alguna causa de fuerza mayor que me lo impidiera.

Yo creo que cada época tiene su momento, pretender repetirlas es absurdo. Al igual que, pasados los años, no se está igual que el primer día con la chica de la que te enamoras. Pero sí que podríamos intentar recuperar el espíritu cívico que imperaba en aquel momento, e intentar llevarse bien con el resto de personas. Se respiraba en aquella época un espíritu de cohesión y de comprensión mutua. Sí puedo decir que ójala vuelvan esos tiempos.

José Sacristán: «Tenía una frase en mente ¡Ahora a trabajar!»

Sigue siendo emocionante pensar en aquello. En mente tenía una frase: «¡Ahora a trabajar!». Eran unas votaciones importantes, pero no eran más que el comienzo, tocaba ponerse las pilas. Como ciudadano y como profesional lo viví con pasión, esperanzado y jubiloso porque fue cojonudo; sí, es la palabra indicada. Ahora vemos que se han quedado cosas de ese espíritu en el camino, pero no quiero hacer culpable de ello a la clase política. Soy el primero en asumir la desilusión por mi parte de responsabilidad al pertenecer a un colectivo que sigue aplaudiendo al corrupto. Me gustaría vivir en un país más riguroso, pero no caigamos en culpar a papá y a mamá.

Margarita Robles: «Me sentía parte del proceso democrático»

Viví aquel día con ilusión porque era el principio de una etapa nueva tras tanto tiempo de pérdida de ilusiones. Y yo sentía una gran admiración por las personas que habían hecho posible aquello. Me sentía parte del proceso democrático, éramos protagonistas del futuro.

Aquel día me ayuda, cuando hay un cierto descrédito hacia las clases políticas, a recordar aquel fuerte compromiso y valentía de ciertas personas con amenazas de terrorismo e involución que hicieron posible ese proceso. Yo no pude votar por muy poco, porque yo tenía 20 años y no los 21 años necesarios para votar en las urnas. Pero acompañé a mis padres, en Barcelona y por la mañana. Además recuerdo que fuimos muy pronto porque estábamos impacientes: mi padre siempre fue un gran defensor de la democracia y de sus valores, por lo que para él era un día fundamental. Sinceramente, considero que hoy en día no nos equivocamos si tratamos de recuperar el espíritu de aquella época y la generosidad y empuje que tuvieron los políticos: habría que aprender de ellos y enseñar a la gente joven que hay que luchar por los valores democráticos y cuidarlos para que no haya ningún retroceso.

Ana Pastor: «Las elecciones abrieron el camino de la modernidad»

Las elecciones de 1977 abrieron el camino de modernidad gracias a la generosidad de todos. La Constitución de 1978 tradujo el espíritu de laTransición y sentó las bases del progreso que hoy es visible y extraordinario.

José Mercé: «Fue el año en que España se abrió al mundo»

Recuerdo aquellas elecciones de hace cuarenta años con una ilusión grandiosa, pues fue el momento en que España se abría al mundo después

de tantos años. Lo viví, y creo que no fui yo solo porque nos pasaba a todos, con una gran intensidad. Sentirlo en la propia carne han sido de las cosas más grandes que me han sucedido en la vida. Lo peor es que hoy me doy cuenta de que los políticos se están cargando aquellas ganas que teníamos y aquel espíritu con el que salimos a la calle con ganas de comernos el mundo. Me siento defraudado.

Luis Del Olmo: «Éramos los dueños de nuestro destino»

Cuando comenzó 1977, iniciaba mi cuarto año como director y presentador de Protagonistas en Radio Nacional, y hasta entonces no decía lo que quería, sino lo que me dejaba decir la censura. Aguanté así la frustrada apertura de Arias Navarro y los primeros años de Suárez.

Esperaba mucho del 77, iba a ser un año mágico. Se anunciaban las primeras elecciones para el 15 de Junio, y con la legalización del Partido Comunista, era evidente que no se trataba de un apaño político. La apuesta iba en serio, y tenía garantías democráticas. Se presentaron todos los candidatos posibles, desde la ultraizquierda a la ultraderecha. Hacía más de 40 años que el pueblo no votaba. Dos generaciones estrenaban el derecho a las urnas, y no faltaron agoreros que temían que vencieran las dos Españas, las del extremismo y el enfrentamiento. Se equivocaron una vez más. El pueblo le propinó a la clase dirigente una soberana lección de sentido común. Se votó moderación, y los vencedores fueron UCD y PSOE, Adolfo y Felipe. Los dos nuevos iconos. La derecha de Fraga y la izquierda de Carrillo se convirtieron en partidos testimoniales que fueron perdiendo influencia, mientras que los partidos vascos y catalanes, dejaron claro que habían venido para quedarse. En resumen, el perfil que el pueblo dibujó en sus primeras elecciones, no dista mucho del actual, lo cual es bastante significativo. Pero entonces, lo importante era votar. Estaba claro que íbamos a ser los dueños de nuestros destinos. El país era una fiesta, y la historia daba un vuelco. No habría marcha atrás, y cualquier amenaza de involución, que desgraciadamente la hubo, iba a ser rechazada gracias al poder del pueblo. El 15 de Junio de 1977, los ciudadanos, y con ellos, mi querida radio, iniciábamos jubilosos el camino de la libertad.

Alicia Giménez-Bartelett: «Era un momento de politización en la calle»

Yo militaba por aquella época en el PSOE y les ayudaba en los preparativos de las elecciones, repartíamos claveles y cosas así.

Recuerdo que estábamos en la calle y pasó un coche del Partido de los Trabajadores con chavales aún más jóvenes que nosotras y nos saludaron con el puño en alto por las ventanillas. Me pareció entonces un momento extraño, no sé si de libertad, pero sí de politización de la calle.

Ramón Tamames: «Se abría una nueva mentalidad de prosperidad»

La campaña electoral conducente al 15-J-1977, no fue en el PCE lo que esperábamos, en gran parte por las connotaciones de los candidatos llegados del exilio, algunos totalmente desconocidos para la mayoría de la gente, no se correspondían con las expectativas de una sociedad ya muy evolucionada.

Lo cual contribuyó al resultado en las urnas, que ocasionó un verdadero trauma en la militancia, aunque no se quisiera reconocerlo por la jerarquía pecera.

Ni la mayoría de los militantes y simpatizantes del PCE o del PSUC, creían en la dictadura del proletariado, ni en la socialización de los bienes de producción, ni en la posición hegemónica del partido dentro de las fuerzas de izquierda. La mentalidad de «los nuevos españoles», como diría José Luis Garci en una de sus películas –Asignatura pendiente–, correspondía ya a un mundo muy distinto: democracia, paz, trabajo, justicia social, y prosperidad en el futuro.

Por otra parte, en la preparación de la campaña electoral del PCE, casi nada de eso se tuvo en cuenta, y en vez de mirar al porvenir, se habló sobre todo de los cuarenta años de opresión de la dictadura... O del socialismo en libertad, para lo cual el PSOE tenía una mejor oferta, más creíble porque ellos se llamaban socialistas y los del PCE se supone que eran comunistas, algo bien diferente.

Tras una larga serie con mítines en todo el país, y en todos los barrios de Madrid —con la flamante M-30 como circuito básico de mis correrías—, parecía que yo no saldría con Acta de Diputado, por lo cual estuve en la más absoluta incertidumbre durante casi diez días; mientras se recontaban una serie de mesas electorales en las que se suponía había habido algunas infracciones de la normativa electoral. José María Mohedano, como letrado del PCE, se ocupaba del tema, y de vez en cuando me llamaba por teléfono para decirme cómo iban las cosas.

«Esto no pinta muy bien, Ramón», me dijo. «Pero estamos haciendo todo lo posible. Ya te diré...»

Finalmente, y después de múltiples recuentos, salí diputado, y en el interim encontré el mejor remedio para la hipocondría en el libro Narciso y Goldmundo.

Y todavía, hoy en día, pienso muchas ocasiones en aquel momento mágico del 15-J-1977, y también en el itinerario de Hermann Hesse en esa novela excepcional, que en medio de meditaciones hizo que pudiera recuperar el ánimo. La vida continuaba con nuevas ventanas de libertad.