Barberá se queja de los ataques del PP «sin pedigrí»

La ex alcaldesa, que no ha recibido una llamada de Rajoy, se siente «injustamente tratada» por muchos a quienes ayudó en otra época.

La ex alcaldesa, que no ha recibido una llamada de Rajoy, se siente «injustamente tratada» por muchos a quienes ayudó en otra época.

¿Qué ha hecho Rita Barberá para estar sometida a este acoso y descuartizamiento? Intentaré explicarlo. En el aspecto judicial, haber donado mil euros para la campaña electoral municipal de 2015 con ella como candidata y negar que se los devolvieran en dinero negro en respuesta a la deducción de la UCO. Nadie ha presentado una prueba fehaciente, tan sólo suposiciones de testigos interesados. En el aspecto político, su delito es haber logrado la alcaldía de Valencia en seis legislaturas, cinco de ellas por mayoría absoluta, habiendo tenido seis candidatos socialistas diferentes como contrincantes a los que abrasó como hizo Miguel Indurain en sus cinco Tours, cinco ciclistas distintos a su derecha en el podio de los Campos Elíseos.

Dicho esto, habrá que relatar los efectos, esenciales y colaterales, de toda esta marabunta política, judicial y mediática con una persona convencida de su inocencia pero a la que le niega el tan cacareado derecho constitucional a la presunción de inocencia. ¿Cómo va a sentirse con semejante asedio, incluido el material a las puertas de su vivienda a falta tan sólo de las catapultas con calderas de aceite hirviendo o bolas de fuego, sintiendo además la violencia dialéctica de algunos de su propio partido? Porque, como dicen en mi pueblo, ésa es otra: la saña exhibida por quienes tan poco han hecho aún por la organización popular, entre otras razones porque su juventud les ha impedido demostrar y acercarse a las aportaciones realizadas por esta «alcaldesa de España» a la hégira triunfal del PP, valenciano y nacional.

No quiere salir a la calle. O no puede. El enjambre de cámaras «disparando» contra ella según abre la puerta principal de su domicilio le quitan las ganas. ¿Para qué, si luego tiene que ver la imagen ventajista que los medios quieran sacar? Si camina recta pero de pronto ensombrece su expresión, ésa es la foto que elegirá el papel de todo tipo, desde el «couché» hasta el salmón.

No comprende lo que pasa. Asombrada por cómo se puede embarrar incluso la inocencia y cabreada por la conducta incomprensible, no sólo para ella, de aquéllos a los que ha dedicado sus fuerzas y ha ayudado cuando la han necesitado. Y de aquéllos que sin currículum popular, sin pedigrí, han echado gasolina a su fuego, al de Rita digo, sin el menor miramiento. En su móvil no hay ninguna llamada de Mariano Rajoy, pero entiende menos sus tensas conversaciones con Martínez Maíllo, o por las declaraciones de Javier Maroto –condenado judicialmente– o Cristina Cifuentes, amedrentados o incitados por lo que mi director, mi admirado Francisco Marhuenda, ha denominado en alguna ocasión «Tribunales de honor».

Sí, sí, por más que el artículo 26 de la Constitución Española de 1978 proclame taxativamente que «se prohíben los Tribunales de honor en el ámbito de la Administración civil y de las organizaciones profesionales», principio del que cabría sacar que quedan abolidos «todos, los reales y los figurados». Hoy, informes de la UCO, de la UDEF y tertulias televisivas se han convertido en algo similar a aquellos tribunales de otros tiempos, anteriores a la Carta Magna. El pulgar arriba o abajo, con tendencia a la condena. Desde ahí hemos ayudado a propagar el asunto de los mil euros como un escándalo de corrupción con un tratamiento peor que el de los 740 millones de euros de los ERE andaluces, los centenares o miles según algunos de los Pujol. Como si la cantidad no contara. O que Alfonso Rus era el que contaba dinero «tres mil, cuatro mil, 5.000, 6.000... 12.000 euros, dos millones de pelas» cuando ni era él ni siquiera estaba presente, como se ha demostrado al conocerse el sumario; o que Rafael Blasco está en la cárcel por llevarse el dinero de los necesitados cuando la sentencia judicial le libera de ese delito... Podría poner más ejemplos, pero estoy con el tema de la senadora valenciana.

La verdad, conozco a Rita Barberá, conocí a su padre, y a los dos les he tenido a uno y le tengo a la otra admiración y especial cariño. Pero no es eso lo principal que me guía, que también, me guía la experiencia de la herencia recibida de Don José, de Pepe Barberá, ésa que le ha hecho a ella vivir de su empleo, no de rentas, sin aspavientos, sin propiedades de las que pudiera desprenderse misterio, sospecha o sorpresa. Leal como la que más a su partido, amor a su ciudad. Con sus defectos y virtudes, como todos, se pregunta diariamente, cada hora, cada minuto. ¿Por qué? ¿Por qué esa desproporción virulenta hacia ella, sin motivo para ella?. ¿Y para muchos?. Prácticamente superada por la situación casi numantina de su existencia cotidiana, imposibilitada para recorrer las calles de su «cap i casal» (Valencia en castellano).

Me pregunto: ¿qué hubiera pasado si el PP se hubiera abrazado siempre a la ley del partido, a los Estatutos, y hubieran defendido el principio que consagra de la apertura de juicio oral como frontera para la expulsión. Quizá no habrían tenido que bregar ni bogar en aguas tan turbulentas.

Con 40 años de militancia, fundadora del partido en Valencia, no me extraña que ella aluda a un complot organizado desde hace tiempo ya contra Mariano Rajoy. ¿Será verdad que sólo quedan, quedaban, tan sólo ella y Ana Pastor como último baluarte para tomar, si no arrasar, la fortaleza popular con su comandante en jefe en el interior Todo eso es lo vivido por Rita Barberá estos tiempos. Así es la vida.