«¡Chapó por el hijo!, ¡Chapó por el Príncipe Felipe!»

Teresa y Conchi han salido hoy pronto del barrio madrileño de Ciudad de los Angeles para ver el desfile del Día de la Fiesta Nacional porque no se lo pierden nunca y aplauden de las que más, y este año se suma un aliciente: "¡Chapó por el hijo!, ¡Chapó por el Príncipe Felipe!", repetían.

"¡Es la viva imagen del Rey!", comentaba Teresa cerca de la plaza de Cibeles, mientras su mirada buscaba una de las grandes pantallas desde la que los asistentes al acto podían ver de cerca a los militares. "No veo ni qué Ejercito está desfilando", se lamentaba.

"Es que tenían que poner más gradas para el público porque en el momento que te ponen cuatro personas delante no ves nada. Y nosotras además somos bajitas", le contestaba Conchi con una sonrisa.

Las dos mujeres, arregladas para la ocasión, se extrañaban de que no hubiera más banderas de España colocadas a ambos lados de la calzada porque son de la opinión de que a esta celebración "tendría que acudir mucha gente, porque es una vez al año".

"Tenemos ganas para un fútbol, para un concierto ¿y para esto ná?. Yo envidio a los de Estados Unidos que enseñan la bandera tan orgullosos y no pasa ná", comenta Conchi.

La conversación entre ellas se sucede mientras suenan por los altavoces las marchas militares que acompañan los pasos de las unidades de los tres Ejércitos y de la Guardia Civil.

Y algunos se quejan de por qué la música no ha sonado antes, como Angel, de 70 años, quien consigue colocar a sus nietos en primera fila para que puedan ver algo de lo que ocurre por la calzada central del Paseo del Prado.

"Siempre se oía una hora antes o así ¡tachín, tachín! a lo largo de toda la Castellana y por lo menos te animabas un poco. Yo creo que es por los recortes, pero un poco de música da otro ambiente. Esto parece como un entierro", apuntaba este jubilado, que acude cada año a esta cita junto a su mujer.

También Angel dedica muy buenas palabras de Don Felipe: "Me parece muy bien que esté el Príncipe si el Rey está pocho, y además el Rey lo verá bien en televisión, como si estuviera en tribuna, pero en palacio", agrega.

Fernando, un chaval de 23 años, zamorano, ha aprovechado que está estudiando en Madrid para acudir junto a un amigo, que nunca ha visto el desfile. "Me gusta, me gusta, y además me parece bien que esté presidiendo el Príncipe, si el Rey no se encuentra disponible. Hace el servicio perfectamente", repite el compañero del joven.

Mientras tanto, los ojos de grandes y pequeños están puestos en el cielo, con las estelas del color que dejan los aviones, unos trazos de rojo y amarillo que deja perplejos a los niños, muchos de ellos a hombros de sus padres y la mayoría de ellos portando banderines que, una vez acabado el acto, se venden ya a un euro en los puestos colocados a ambos lados de la acera.

"He vendido doce banderas a cuatro o cinco euros. ¡Ya ves!. Tengo pulseras a dos euros y pins y todo esto. Antes me iba a casa a la hora de venir y ahora no lo vendo todo", se quejaba uno de los vendedores al final del desfile.

La crisis se nota desde hace años, según decía el dueño de un kiosco, y hace que se vendan menos refrescos, helados y patatas.

Sin embargo, los bolsillos parecen no estar tan cerrados para las tabletas y los teléfonos móviles de última generación, si nos atenemos a lo visto durante el recorrido, donde un público numeroso compuesto por familias, parejas y jóvenes, muchos de ellos extranjeros, apretaban una y otra vez las pantallas para inmortalizar el momento.

El sol ha brillado, pero también el frío y algunos han tenido más suerte que otros: "En Cibeles, como no hay árboles te da el solecito y puedes aguantar, pero aquí hija", indica Miguel en el Paseo de Recoletos, mientras se frota las manos para entrar en calor.

Él es uno de los que no han dudado para hacerse una foto con los militares que han participado en el desfile.

Pero no ha sido el único que los ha buscado, porque cuando se han abierto los cordones de seguridad del trayecto muchos han querido posar con ellos, como lo ha hecho un pequeño junto a un miembro de la Armada Española, a quien ha convencido su madre porque "de mayor quiere ser marino", o unas jóvenes parejas al lado de un legionario, que repetían: "van a flipar cuando lo vean nuestros amigos".