Del Río se «esconde» de sus víctimas tras su puesta en libertad

La etarra del Río sonríe satisfecha el martes tras su salida de prisión
La etarra del Río sonríe satisfecha el martes tras su salida de prisión

Las Fuerzas de Seguridad creen que la etarra Inés del Río Prada, recientemente excarcelada de la prisión de Curtis-Teixeiro tras la aplicación de la sentencia del Tribunal de Estrasburgo , podía estar «escondida» en el domicilio de uno de sus tres hermanos que viven en Pamplona o de un familiar próximo, según han informado a LA RAZÓN fuentes antiterroristas. Del Río prefiere, de momento, no dejarse ver ni enfrentarse con la presión mediática que puede suponer su presencia o en la calle o, incluso, que familiares de sus víctimas puedan protagonizar algún tipo de enfrentamiento, fruto de la gran tensión e indignación que ha causado entre ellas la excarcelación de la pistolera.

A este respecto, medios conocedores del asunto han señalado que durante los últimos días en prisión, a Inés del Río se la observaba una cierta ansiedad y nerviosismo, al tener que enfrentarse con la libertad tras 26 años encerrada, y lo que ello podía conllevar. En las primeras fotos tomadas al salir del centro, se le observaba un rostro muy tenso que contrastaba con la sonrisa, un tanto forzada, que tenía en el interior del automóvil en el que abandonó Galicia.

Sin embargo, al tratarse de una persona reservada, que sólo se relacionaba con la otra etarra presa en Curtis-Teixeiro, Maitane Sagastume, y que se dedicaba, sobre todo, a la lectura, era complicado saber qué pasaba por su cabeza.

En cualquier caso, tras abandonar el centro penitenciario, la comitiva en la que iba Inés del río no se dirigió a Tafalla, donde vive otro de sus hermanos y donde aguardaban numerosos medios de comunicación, sino que, según las citadas fuentes, acomodó el ritmo del viaje para llegar a la capital navarra, al domicilio escogido para residir de momento, durante la madrugada, con el fin de que nadie advirtiera de su presencia.

Al tratarse de una persona que está en uso de todos sus derechos, cualquier vigilancia sobre ella resultaría ilegal y la curiosidad sobre el lugar en el que vive es sobre todo mediática.Otra cosa era el rostro de Juan Manuel Piris, el segundo en serle aplicada la sentencia de Estrasburgo, que aparentaba una gran seguridad al abandonar la cárcel de Algeciras y que aparentaba ir rodeado de una cierta «escolta», por personas con gafas oscuras y gorras en algún caso, como si quisieran evitar su identificación. No hay que olvidar que Piris fue condenado, entre otros delitos, por la muerte de otro miembro de la banda, que advirtió de que una potente bomba había sido colocada en una casa cuartel de la Guardia Civil, para hacerla explotar en el momento de su inauguración, con el fin de asesinar a agentes de la Benemérita, sus mujeres y sus hijos.