Cataluña

Desde Lérida: calma tensa ante la cuenta atrás

En la ciudad se respira apatía ante la inminente retirada del tesoro de su museo y ni siquiera la llamada desesperada de la CUP a la confrontación hace mella en sus vecinos.

Vallas a las puertas del Museo de Lérida para facilitar el traslado de los bienes patrimoniales que saldrán hoy con destino al monasterio de Sijena
Vallas a las puertas del Museo de Lérida para facilitar el traslado de los bienes patrimoniales que saldrán hoy con destino al monasterio de Sijenalarazon

En la ciudad se respira apatía ante la inminente retirada del tesoro de su museo y ni siquiera la llamada desesperada de la CUP a la confrontación hace mella en sus vecinos.

Parecía la mañana de ayer una metáfora de los estados de ánimo entre Villanueva de Sijena y Lérida. Si en la zona de Huesca uno miraba al cielo y encontraba al sol como único protagonista, en la ciudad catalana la niebla no dejaba ver más allá de diez metros. Diez también eran los grados de diferencia entre uno y otro lugar, separados por apenas 70 kilómetros. Frío y calor. Mientras en Sijena, con las dudas de la desconfianza siempre presentes, la seña de identidad era la esperanza, al este era todo lo contrario. La calma tensa hacía de los alrededores del Museo de Lérida un sitio destemplado. Vacío.

Se cumple esta medianoche el plazo límite para la entrega de las piezas del tesoro patrimonial –y si esto no se produce será la Guardia Civil la encargada de entrar en el recinto para requisar lo bienes– y ayer al mediodía, 36 horas antes de la «hora H» –a la espera de que fructifique una negociación para acordar el momento de la entrega– en el carrer del Sant Crist no estaba ni Cristo, precisamente.

Cerrado el museo, ni la llamada desesperada de Mireia Boya (CUP) alentó a unas masas que quizá hoy sí la escuchen. Unas vallas que cortaban el acceso a las escaleras, una pintada de «viva España» hecha con el dedo sobre el polvo y unos «fantasmitas» con apariencia de haber sido ideados en un colegio de primaria y con el número 155 tachado era lo máximo que se podía apreciar a las puertas del museo. Dentro, no olviden, las 44 piezas de la discordia.

La institución, sin hablar, pero remitiéndose a un comunicado que firmaban los directores de la Red de Museos de Arte de Cataluña –MNAC, el Museu d’Art de Girona, Museu del Cau Ferrat de Sitges, Museu Frederic Marès de Barcelona, Museu de Valls, Museu d’Art de Cerdanyola...– y en el que pedían la paralización del proceso de entrega de las obras de arte amparándose en que «no se han tenido en cuenta los informes de conservación que aconsejan no ejecutar el traslado», al menos hasta que no haya una sentencia judicial definitiva.

Además, lamentaban una actuación que entienden dentro de la aplicación del artículo 155 de la Constitución por el Gobierno y de las Elecciones del 21-D, y se mostraban «convencidos» de la «legitimidad y legalidad» de la compra de los objetos de la discordia hecha en su día por la Generalitat y el MNAC. Para cerrar, ratificaban su apoyo al Museo de Lérida «en defensa de sus intereses y derechos, y reivindicamos la buena gestión y conservación patrimonial efectuada».

Y, para echar más leña al fuego, un nuevo frente reivindicativo aragonés se abría en Lérida, esta vez proveniente del obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez, que, tras Sijena, instaba a reclamar otras cien piezas a la institución que dirige Josep Giralt.