El juez solitario que sigue pensando en el Supremo

Eloy Velasco, instructor de los casos «Púnica» y «Lezo», decidió irse cuando el CGPJ le retiró en diciembre el juez de refuerzo. Su nuevo destino es la Sala de Apelación de la Audiencia, pero en su cabeza aún está el Tribunal Supremo.

Eloy Velasco, instructor de los casos «Púnica» y «Lezo», decidió irse cuando el CGPJ le retiró en diciembre el juez de refuerzo. Su nuevo destino es la Sala de Apelación de la Audiencia, pero en su cabeza aún está el Tribunal Supremo.

El pasado jueves a la una del mediodía el juez Eloy Velasco cerraba la puerta de su despacho en la Audiencia Nacional tras una mañana frenética, la última al frente del Juzgado de Instrucción número 6, y dejaba oficialmente de dirigir las investigaciones judiciales de algunas de las operaciones –como las derivadas de las operaciones «Púnica» y «Lezo»– más mediáticas de los últimos años. No es la despedida que a Velasco (Bilbao, 1963) le hubiera gustado tras casi una década en el citado tribunal, adonde llegó de puntillas en 2008 para sustituir al juez Juan del Olmo, instructor de la investigación de los atentados del 11-M, que daba un paso atrás en busca de un destino más cómodo en su Murcia natal. Velasco quería salir de la Audiencia Nacional rumbo al Tribunal Supremo, la más alta magistratura del país, pero esfumada por ahora esa posibilidad, la Sala de Apelación de la propia Audiencia, de nueva creación, será su nuevo destino a partir del próximo 1 de junio.

La suspensión de varias citaciones inminentes del «caso Púnica» y algunos requerimientos adicionales de información a la empresa pública madrileña Arpegio –investigada por el supuesto reparto de comisiones a través del plan Prisma de inversión regional– llevan todavía su firma, pero fueron las últimas que rubricó como juez de instrucción de la Audiencia Nacional. Sobre la mesa queda la petición del ex consejero de Aguirre Francisco Granados de una rebaja de 400.000 a 120.000 euros de la fianza que le impuso Velasco para salir de prisión tras más de dos años y medio privado de libertad por el «caso Púnica». Será su sucesor quien tenga que pronunciarse al respecto. En su descargo hay que apuntar que abandonó el juzgado sin que la Fiscalía Anticorrupción se hubiese pronunciado al respecto.

Velasco pudo cambiar de aires antes, cuando se postuló como representante español de un programa de cooperación judicial entre Europa e Hispanoamérica, de designación discrecional por el Gobierno, pero terminó por dar un paso atrás. Su mente sigue estando en el Tribunal Supremo y ese ansiado viaje a la cúspide jurisdiccional sabe que es imposible sin haber puesto una sola sentencia. En la Sala de Apelación lo hará. Pocos dudan de que volverá a pedir una plaza en el Supremo cuando se convoquen las próximas vacantes –entre ellas la del actual fiscal general del Estado José Manuel Maza–, previsiblemente a finales de año o principios de 2018.

Fuentes próximas al juez Velasco aseguran que el magistrado es consciente del cambio que afronta en su carrera. «Pasa de ser un solitario a trabajar en equipo, pero no tiene ningún temor y está convencido de que va a sacar adelante las resoluciones con sus compañeros», el magistrado Enrique López y el presidente de la Audiencia Nacional José Ramón Navarro.

Hay quienes han visto en su salida del juzgado en el que se instruyen, entre otros, los mediáticos casos «Púnica» y «Lezo» –que han llevado a prisión a los ex consejeros de Aguirre Francisco Granados e Ignacio González y han puesto el foco en la supuesta financiación ilegal del PP de Madrid – una maniobra para apartar al magistrado de ambas causas. Pero lo cierto es que Velasco tomó la decisión de irse hace unos meses, en diciembre pasado. «Que no renovaran al juez de refuerzo de su juzgado (Alejandro Abascal, que de julio a diciembre del pasado año aligeró la carga de trabajo de Velasco, desbordado por las macrocausas de corrupción) fue el detonante. Se sintió poco respaldado por el Consejo del Poder Judicial. Daba la impresión de que le estaban empujando a irse», aseguran las fuentes consultadas. «Sólo Púnica, Lezo, Acuamed y Vitaldent obligarán a su sustituto a trabajar exclusivamente dedicado a ellas durante dos años», añaden. «Su relevo tendrá que pedir ayuda. Y se la darán...», vaticinan.

«Eloy quería irse desde hace tiempo, pero al Tribunal Supremo –corrobora un magistrado de la Audiencia Nacional–. Es su ambición, legítima sin duda, desde hace mucho». «Pero él sabe que sin pasar por Sala es imposible. No es que lo hayan querido apartar de su puesto, es que lo ha pedido él mismo», remata (hasta ahora, sus casi tres décadas en la carrera judicial han sido como instructor, con un parón político de ocho años, de 1995 a 2003, como director de Justicia de la Generalitat Valenciana).

Pese a lo que algunos puedan pensar, Velasco está reñido con su sobrevenida condición de juez estrella. «El revuelo mediático no le interesa. Él ha comentado a sus íntimos que sus dos últimos meses no se los desea a nadie. Es un juez estrella muy a su pesar», comentan fuentes de su entorno.

«Le apetece mucho poner sentencias y recuperar tiempo para leer y escribir, dos de sus pasiones, para las que ahora apenas tenía hueco», añaden.

«Es un magistrado vehemente, pero no atolondrado. Se estudia muchísimo los casos y en temas de cooperación judicial se ha movido mucho», aseguran fuentes de la Audiencia. «Eso sí, los asuntos importantes los trabaja de arriba abajo, pero las chorradas no le interesan y suele delegar bastante en la Fiscalía y en el secretario judicial», sostienen.

Con una innegable capacidad de trabajo (cualquiera que haya entrado alguna vez en su despacho puede dar fe de que para Velasco el tiempo es oro y pocas cosas le sublevan más que se lo hagan perder), todavía es capaz de anteponer su familia a sus quehaceres profesionales. Un viaje familiar (está casado y tiene dos hijos) o sus obligaciones paternas son la mejor garantía para los periodistas, por ejemplo, de que una jornada de toma de declaraciones no se prolongará hasta horas intempestivas. «Es una persona que no tiene dobleces. Se le ve venir y sabe reconocer un error», apunta un compañero en la Audiencia.

Ese carácter transparente al que aluden quienes le conocen deja traslucir también que para Velasco la Sala de Apelación es una estación de paso: «El Tribunal Supremo está en su cabeza todavía, por supuesto».