El PSOE baraja 11 «abstenciones técnicas» para maquillar la fractura

Los diputados imprescindibles facilitarían la investidura de Rajoy y el resto votaría «no»

Antonio Hernando, junto al presidente de la gestora, Javier Fernández
Antonio Hernando, junto al presidente de la gestora, Javier Fernández

Los diputados imprescindibles facilitarían la investidura de Rajoy y el resto votaría «no»

«Abstención táctica» y «abstención técnica». La primera es estratégica y consiste en permitir que gobierne ahora el PP para evitar que salga reforzado de una repetición electoral. La segunda es metodológica y supone que sólo los diputados estrictamente necesarios defiendan la controvertida postura de facilitar un ejecutivo popular. La técnica y la táctica confluirían en el mismo resultado, que Mariano Rajoy sea presidente; sin embargo, no tienen el mismo efecto para un PSOE que afronta muy dividido la eventual sesión de investidura del candidato del PP. El objetivo principal: evitar que se vuelva a visibilizar la fractura socialista que surgió en el último Comité Federal, ante el riesgo cierto de que al menos una veintena de diputados rompan la disciplina de voto.

La «abstención táctica» parece ya definida y, aunque la dirección interina de Ferraz asegura que su tarea se limita únicamente a «generar las condiciones» para que el Comité Federal debata y apruebe la posición del PSOE, la estrategia del partido está encaminada a favorecerla. Sin embargo, la forma en que se concrete no está todavía resuelta. En un principio se planteaba la abstención en bloque de todo el grupo. Es la práctica habitual, la tesis más probable y permitiría asumir una suerte de «responsabilidad colegiada» por favorecer que gobierne el PP, pero –ante la amenaza de varios diputados díscolos de contravenir el mandato del Comité Federal– desde la gestora se están explorando otras vías. Resurge con fuerza la idea de la «abstención mínima» que defendió en julio el presidente extremeño, Guillermo Fernández Vara, y que tiene su reflejo en la maniobra que llevó a cabo la CUP en Cataluña para investir a Carles Puigdemont, cuando permitió que dos de sus diputados votasen bajo la disciplina de Juntos por el Sí a favor del hoy president de la Generalitat. En el caso del PSOE, sus diputados no votarían con el PP, sino que simplemente se abstendrían, en lugar de oponerse como el resto del Grupo Socialista. De esta forma, el partido materializaría un doble objetivo: conseguiría investir a Rajoy y maquillaría las profundas diferencias que existen en el seno del grupo.

El problema surge cuando hay que designar a los 11 diputados que defenderán la abstención. Una posición comprometida, ya que quedarían señalados como los culpables de que gobierne el PP y su federación de origen generaría también suspicacias de cara al futuro congreso del PSOE. Para salvar este escollo se pensó que esta responsabilidad recayera sobre los miembros de la dirección del grupo, pero su número reducido –sólo son siete tras la salida de Pedro Sánchez– y el hecho de que al menos tres de ellos –Meritxell Batet, José Luis Ábalos y Sofía Hernanz– sean afines al ex secretario general y, por ende, partidarios del «no» complica la tesis. Por ello, hay quienes creen que la mejor estrategia es hacer pedagogía de la necesidad de la abstención, porque sería «ridículo» y «poco serio» que el PSOE «se abstenga de puntillas» en lugar de defender la conveniencia de dotar de un gobierno a España y afrontar el proceso de refundación del partido en la oposición.

Sin embargo, esta vía conlleva importantes riesgos, pues tanto el PSC (siete parlamentarios) como diversos diputados alineados con Sánchez –Susana Sumelzo, Adriana Lastra, César Luena, Margarita Robles y María González Veracruz, entre otros– ya han expresado su intención de romper la disciplina de voto si el partido impone la abstención. Según diversos dirigentes, esta imagen ahondaría todavía más en la fractura actual del partido, en lugar de avanzar hacia el cierre de las heridas de la guerra intestina que ha llevado al PSOE a uno de los momentos más comprometidos de sus 137 años de historia.

En la tesis de hacer pedagogía está el presidente de la gestora, que no ahorra argumentos, en cada intervención pública, para defender la vía de la abstención. Sin embargo, las trabas que está encontrando en los barones territoriales –como adelantó ayer este diario–, que han llevado a retrasar el Comité Federal, obligan a pensar en escenarios alternativos. Ayer los candidatos a dirigir el PSC, Miquel Iceta y Nuria Parlon, volvieron a clamar al unísono por el «no» a Rajoy, mientras que otros dirigentes como la recién nombrada por la gestora del PSOE vicepresidenta de los Socialistas Europeos, Elena Valenciano, defendía que «prefería un gobierno de Rajoy antes de terceras elecciones». Estas declaraciones enfrentadas son sólo un botón de muestra de la convulsión interna que vive el PSOE en las últimas horas: el cisma que se hizo palmario a raíz de la dimisión de Pedro Sánchez se trasladó, incluso antes de su salida, al grupo parlamentario, que es el que en última instancia tiene que dar cumplimiento al mandato del Comité Federal. La opción de expulsar del grupo a los díscolos pierde fuerza, si tenemos en cuenta que el escaño es personal y los exiliados pasarían a incorporarse en el Grupo Mixto con la consiguiente merma de parlamentarios socialistas que les dejaría en un número inferior a Unidos Podemos. Todas las vías están abiertas para evitar escenificar un nuevo frente de debilidad en el PSOE.