El «sindibanquero» prepara el relevo de Cándido Méndez en UGT

El núcleo duro de la organización clama por un cambio generacional en el sindicato. La inacción ante los escándalos ha minado la imagen del actual secretario general

Cándido Méndez y José Ricardo Martínez en una manifestación en marzo de 2013
Cándido Méndez y José Ricardo Martínez en una manifestación en marzo de 2013

El líder del sindicato en Madrid encabeza el movimiento para la renovación junto a los de Valencia y Cataluña. La inacción ante los escándalos ha minado la imagen del actual secretario general

Jueves cinco de diciembre, víspera de la fiesta de la Constitución. Acaba de terminar la recepción de la Comunidad de Madrid, en la Real Casa de Correos, y algunos dirigentes de UGT almuerzan en un típico local del casco histórico de los Austrias. El comentario es unánime: la situación del sindicato es crítica, enorme el daño por los últimos escándalos en Andalucía, se ha reaccionado tarde y mal. La figura de su secretario general, Cándido Méndez, es el gran tema de conversación. Desde que la crisis estallara y las finanzas ugetistas quedaran al descubierto, por todos los despachos de la sede confederal no se habla de otra cosa. Méndez está muy debilitado por su inacción, no ha sabido batutar el vendaval y su ciclo está agotado. La mayoría piensa que su mandato acabó con José Luis Rodríguez Zapatero y que no debió presentarse al liderazgo de UGT en el último congreso.

Casi a la misma hora, el barbudo sindicalista que lleva ya cinco mandatos al frente de UGT, lo que muchos le reprochan, acudía casi de incógnito a un centro comercial del sureste de Madrid, próximo al barrio de Vicálvaro, donde reside, para adquirir varios libros. Siempre fue un avezado lector, y ahora parece que mucho más. Desde que estalló el escándalo, su vida se ha hecho hermética. Dicen en el barrio que antes era habitual verle salir temprano para caminar un buen trecho e, incluso, tomar alguna «tapita» con su mujer, Encarnación Gálvez Merino. Una mujer completamente desconocida para el público, militante también de UGT, y que trabaja con enorme discreción como secretaria en la Universidad de Alcalá de Henares. De sus dos hijos nade se sabe, excepto que nunca han usado el nombre de su padre y que estudian en el extranjero.

Pero la vida de Cándido Méndez, según cuentan sus allegados, es ahora muy diferente. En el seno de UGT aflora ya una corriente crítica que le censura haber optado al último mandato y que denuncia una falta de reflejos ante los graves acontecimientos. El llamado «eje sindical de poder» está encarnado por José Ricardo Martínez, líder de Madrid, José Álvarez, en Cataluña, y el valenciano Toni Ferrer, auténtico número dos de la organización que se perfila como alternativa, por varias razones. El madrileño es polémico, altisonante y de ambición desmesurada. El catalán puede afrontar en breve una nube de sospechosas finanzas. Y sólo el valenciano, un hombre mucho más sindicalista, en términos de pura ortodoxia, podría aspirar al liderazgo de UGT con el beneplácito, además, del partido hermano. La Comunidad Valenciana es para el PSOE, en estos momentos, prioritaria.

A pesar de su situación frágil, Cándido ha recibido estos días bastantes llamadas: de Alfredo, de Bono, de Chaves y de Zapatero, su auténtico amigo, con quien de verdad ejerció como un ministro en la sombra. Por ello, son muchos quienes piensan que su dirección debió expirar con él y no presentarse de nuevo. Las declaraciones públicas de apoyo se plantean como una salida táctica, forzosa más que sincera, ante la falta de un claro sucesor. En el Gobierno, tanto desde Moncloa como en el Ministerio de Empleo se mantiene una posición de respeto, distante, dejando hablar a la Justicia, y se remite toda la agresividad al PP de Andalucía. Aquí radica la gran artillería de los populares, en una comunidad aún sin liderazgo, pero donde UGT se mantiene como la única central sindical que aventaja, aunque por escaso margen, a Comisiones Obreras.

De manera que este hombre anclado en el pasado y rocoso en el presente tiene ya ante sí un endeble futuro. Ha batido todos los récords como secretario general de UGT, cargo al que llegó hace casi veinte años, para sustituir a Nicolás Redondo.

Con su impenitente barba, rostro gélido y delgada figura, sigue durmiendo poco, insomne sin remedio. Tras tantos años en el cargo, muy pocos le auguran un final de ciclo. Es un líder amortizado al frente de una UGT en entredicho, que exige un cambio generacional. En las sedes federales de UGT se piensa que acabó el tiempo de «los amos de la mafia sindical» y urge un nuevo modelo, al estilo alemán. Veremos quién se atreve, con un líder debilitado y un final de etapa, en busca de heredero.

Sindicalista profesional desde los 25 años

Junto al PSOE desde el principio

El actual secretario general de la UGT es hijo de Cándido Méndez Núñez, dirigente socialista que reorganizó el partido en la provincia de Jaén junto a Alfonso Guerra. Fue diputado del PSOE en 1980 ocupando la vacante dejada por Miguel Boyer. Fue nombrado secretario general de UGT-Andalucía en 1986.

Colaborador de Chaves

Durante su periodo al frente de la UGT en Andalucía colaboró con Rodríguez de la Borbolla y con Chaves, ambos socialistas, con los que firmó tres Acuerdos de Concertación Social

Azote del neoliberalismo

Ya en la secretaría general de la UGT, Cándido Méndez proclamó que seguiría en la línea de su predecesor, Nicolás Redondo, en su defensa del Estado de Bienestar, su oposición a las políticas neoliberales del PP y la cooperación con Comisiones Obreras sin aceptar unificar los dos sindicatos

Ola de escándalos

Las acusaciones de financiación ilegal y falta de transparencia de la UGT han propiciado que su ciclo de casi 20 años al frente de la UGT se dé por concluido por muchos afiliados