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Fernando Savater: «Por suerte quienes critican la Transición no estaban entonces para estropearla»

Fernando Savater / Filósofo. Opuesto a los nacionalismos «atávicos», defensor de la pluralidad y rebelde frente a la política del «no es no», Savater reivindica la ciudadanía desde su retiro en San Sebastián y esboza una certera reflexión sobre el futuro: «Hay que repensar la educación y homologarla en todo el país»

Fernando Savater, filósofo
Fernando Savater, filósofolarazon

Opuesto a los nacionalismos «atávicos», defensor de la pluralidad y rebelde frente a la política del «no es no», Savater reivindica la ciudadanía desde su retiro en San Sebastián y esboza una certera reflexión sobre el futuro: «Hay que repensar la educación y homologarla en todo el país»

–¿Cómo explicaría a Amador lo que ocurrió en 2016 en España: bloqueos, líneas rojas, meses de Gobierno en funciones, dos elecciones generales...?

–Amador tiene ya 40 años y se explica las cosas por sí solo... pero a otros pequeños amadores les diría que, aunque el bipartidismo tiene aspectos negativos, favorece la gobernabilidad. Lo que ha faltado es entrenamiento en ir más allá del bipartidismo, tener que formar grupos con quienes eran adversarios. Hasta que el pluralismo se ha entrenado lo suficiente, hemos estado bloqueados.

– Después de la desaparición de UPyD, que usted fundó, ya hay quien pronostica el fin de Ciudadanos. ¿El centro está condenado a evaporarse?

–Yo creo que puede existir y no veo la desaparición de Ciudadanos . Ha jugado un papel importante en los últimos tiempos. PP, PSOE y Ciudadanos son partidos fundamentalmente centristas, unos más a la izquierda o más a la derecha. Podemos es extremista y radical, mientras que los nacionalistas quieren fraccionar el Estado.

–Con la experiencia del siglo XX, ¿por qué seducen los cantos de sirena del populismo?

–El populismo ha atraído a gente en todo el mundo. El centrismo funciona a base de dejar disconforme a mucha gente, y en situaciones de crisis los medios son proclives a la exageracióny al radicalismo.

–¿Las redes sociales?

–En internet lo único que tiene éxito es la barbaridad, lo extremo. Si uno dice algo sensato o moderado, pasa desapercibido. Esa insatisfaccion ante la sensatez lleva a mucha gente al radicalismo. Hace sentir héroes a personas que llevan una vida común.

–Podemos no logró el «sorpasso» y España resiste mientras otros países sucumben a los populismos... Spain is different?

–El hecho de que en España el populismo empezara con entusiasmo ha servido para escarmentar antes. Hay mucha gente que ha empezado a darse cuenta de que Podemos no es lo que parecía. Trump es un personaje que desafía al sentido común. En España hay más sentido común político que en otros países que van a los extremos, pese a que hay un récord histórico en enfrentamientos civiles.

–¿Existe la nueva política?

– Ya sabemos lo que son el parlamentarismo o la democracia, pero ir sin corbata al Parlamento no es relevante. A mí me gustan mucho las carreras de caballos, y hubo un gran jinete del siglo XX a quien a la vuelta de una retirada temporal le preguntaron cómo iba a montar. Y dijo: «Yo, como siempre, una pierna a cada lado». En política también, hay que ir como sobre un caballo, con una pierna a cada lado. Hay que tratar a la población como adultos.

–¿No nos tratan como tal?

– A mí me parece que hay un político admirable: Obama. Su discurso de final de mandato ha sido para gente adulta y comprometida. Eso sí es nuevo. La demagogia, no. Un político demagogo y disparatado no es novedad.

–¿Vivimos una segunda transición?

–No, la Transición fue un hecho único después de la dictadura de Franco. Pasar de un Gobierno a otro no es una transición: son los vaivenes normales de la política. Afortunadamente quienes hoy critican la Transición no estaban entonces para estropearla.

–Reforma de la Constitución. ¿Sí o no?

–Hay que reformar algunos aspectos para mejorarla. Por ejemplo, los derechos históricos o la separación Iglesia-Estado. Es necesario tener cuidado al abrir la reforma porque las fuerzas políticas deben estar unidas. La Constitución surgió de un acuerdo muy amplio y no se puede cambiar sin que se dé ese mismo acuerdo.

–¿Es Cataluña el gran desafío?

–Yo creo que sí. Los nacionalismos y la mentalidad fraccionaria son muy antiguos. Es un atavismo y un residuo anticuado en política. Los ciudadanos pueden ser como quieran siempre que acepten la ley común, que es la ciudadanía. Un país tiene que afrontar el futuro de una manera unida.

–¿La educación es el pacto pendiente de nuestra democracia?

–Sí, por supuesto. No creo que la educación resuelva todos los problemas, pero estoy seguro de que en la solución de todos los problemas hay una parte de educación. Es un disparate que desde que empezó la democracia no haya habido un chico o una chica que haya empezado y acabado los estudios con el mismo plan. Necesitamos una educación pública de calidad, laica, con un conocimiento de la lengua común. Hay que volver a repensar y homologar de manera estatal la educación.

–Y sobre España...

–UNA IMAGEN: la playa de la Concha en verano jugando con mis hermanos.

–UNA PALABRA: quisiera que fuera luz.

–UN DESEO: que los españoles comprendan que España es la garantía de su ciudadanía. No es una idea metafísica.

–UN TÓPICO QUE SEA REAL: la capacidad de los españoles de enfrentarnos por cualquier detalle nimio.

–UNO QUE NO LO SEA: la idea de la crueldad.