Política

Génova apoya que Cifuentes quiera controlar el PP de Madrid

María Dolores de Cospedal
María Dolores de Cospedal

El resultado electoral determinará la dirección de la formación regional.

Después del amago de insurrección de este pasado fin de semana por parte de Esperanza Aguirre, ayer las aguas del PP de Madrid volvieron a su cauce. Desde la dirección nacional esquivaron incluso la comparecencia habitual de los lunes en la sede central del partido para no ser fustigados a preguntas por el primer choque de trenes entre Génova y la ya candidata al Ayuntamiento de Madrid tras la oficialización de su nombramiento el viernes. Y ella, por su parte, optó por el silencio después de que sus declaraciones del domingo en la Cope obligaran al partido a emitir incluso un comunicado.

En la dirección nacional advierten de que «a nadie le interesa el conflicto» porque la imagen de falta de unidad perjudica al partido en su conjunto, perjudica a Mariano Rajoy, «pero también dañará las posibilidades electorales de Aguirre en su carrera por hacerse con el Ayuntamiento de Madrid». Por tanto, Génova no quiere pulsos preelectorales, aunque no se desentenderá de la confección de las listas a la Asamblea de Madrid y al Ayuntamiento. La competencia es regional, y el control en teoría lo tiene Aguirre, pero en esta ocasión la novedad es el pulso que mantendrá la todavía presidenta del PP madrileño, hasta las elecciones según lo acordado con Génova, con la candidata a la Comunidad, Cristina Cifuentes, hasta ahora delegada del Gobierno. De puertas adentro, y también en el análisis exterior, se medirá la cuota que cada una coloca en esas candidaturas y esto se interpretará en clave de poder.

Todos los pasos que se vayan dando de aquí a las elecciones tendrán su repercusión, además, en el nuevo reparto de poder tras los comicios de mayo. En la dirección nacional admiten que Cifuentes está obligada a dar la batalla por quedarse con la presidencia del PP madrileño, aunque ahora se desmarque y no entre en una lucha que sólo serviría para desgastarla. Está obligada, «aunque no le vaya a ser nada fácil, si quiere evitar que le hagan la vida imposible», explica un miembro del Comité de Dirección del partido. Pero el desenlace vendrá muy condicionado por el resultado electoral. Lo lógico, y ahí está el espejo de lo que ocurre en las demás comunidades autónomas, es que si Cifuentes gana y consigue sentarse en la sede del Gobierno regional, asuma también la presidencia del PP de Madrid, como hacen los demás «barones». Aunque Alberto Ruiz-Gallardón nunca tomó el poder del partido madrileño pese a ser presidente de la Comunidad.

En la situación actual nada se puede dar por atado, ni tampoco adelantar escenarios, ya que el tablero cambiaría muchísimo en el caso, por ejemplo, de que la delegada del Gobierno se quedara fuera del poder y, sin embargo, Aguirre sí alcanzase el control del Ayuntamiento. Aunque también en este peor escenario, Rajoy utilizará sus instrumentos para que coja las riendas una persona de la confianza de la dirección nacional. De cumplirse aquéllo por lo que trabajan en Génova, es decir, la victoria en las dos «plazas», en Comunidad y en Ayuntamiento, la hoja de ruta lógica llevará a Cifuentes a recoger de manos de Aguirre el bastón de mando de la organización regional. Y, en consecuencia, la dirección nacional recuperará también la conexión con la filial madrileña, «desde el respeto a la autonomía en sus decisiones que tienen las demás organizaciones regionales», puntualizan.

Los movimientos inmediatos, las citadas listas o el equipo encargado de la campaña, por ejemplo, irán avanzando hasta que punto cabe esperar una acción coordinada entre Aguirre y Cifuentes, o, al contrario, dos estrategias divergentes. Oficialmente dicen que ahora tocar trabajar juntos y que las disputas hay que dejarlas para resolverlas de puertas adentro. Es decir, que toca poner sordina a la distancia que separa a las dos candidatas, con sus respectivos grupos de fieles a su sombra, y que agranda el choque que ha manteniendo Cifuentes con el todavía presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González.