Granados: «La prisión me ha ocasionado una auténtica tortura»

El personaje que se describe en el sumario «ni yo mismo reconozco, no es Paco Granados, ése no soy yo»

El exconsejero Francisco Granados, durante una comparecencia por videoconferencia desde la cárcel de Estremera el 3 de junio de 2016
El exconsejero Francisco Granados, durante una comparecencia por videoconferencia desde la cárcel de Estremera el 3 de junio de 2016

El juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco pretendía que el ex

consejero de la Comunidad de Madrid Francisco Granados, «tirara de la manta» y desvelase dónde oculta en el extranjero una ingente cantidad de dinero que, según asegura el magistrado en varias de sus resoluciones, procedente del cobro de comisiones ilegales, principalmente de su época en que era alcalde Valdemoro. Sin embargo, sus expectativas se vieron del todo defraudadas nada más comenzar Granados a declarar, el pasado 21 de diciembre, cuando comprobó que su testimonio se iba a centrar en denunciar la vulneración de su derecho a la presunción de inocencia «desde el primer día en que fui detenido», en que no tiene «un sólo duro fuera de España» y que los «dos años y pico» que lleva en prisión -es el único procesado del «caso Púnica» que se encuentra en esa situación- le ha ocasionado una auténtica «tortura», que, aseguró al juez, «en prisión, efectivamente existe», refiriéndose, lógicamente a una «tortura» psicológica y nunca derivada de malos tratos físicos. «No tengo un sólo duro fuera de España», aseguró el ex consejero de Madrid al juez, a quien expresó el «daño irreparable en lo persona, en lo familiar, en lo social, en todos los sentidos» que le ha ocasionado su situación procesal, «con un sufrimiento, con una tortura a la que se refería el sr. Marjaliza en aquel alegato final que al parecer le hizo a usted -en el que también mintió-, pero que esa tortura, en prisión efectivamente, existe».

Por ello, manifestó que era «muy difícil demostrar lo que no existe», es decir, que tenga en países extranjeros importantes cantidades de dinero, como sostiene el magistrado; y que, en cambio, si «tuviera un solo duro fuera de España hace ya mucho tiempo que lo hubiera puesto en su conocimiento, para que acabara de una vez por todas esta situación que estoy viviendo.

De esa forma, aseguró que su principal objetivo es demostrar su inocencia y que se aclare «absolutamente todo y al final la verdad, que es sólo una, termine resplandeciendo: «Quiero, ya sé que es difícil, limpiar mi nombre y aclarar absolutamente cualquier cuestión».

Por otro lado, señaló que desde que comenzó a leer el sumario, después del verano, y ver todo lo que se dice de él, ha llegado a la conclusión que se describe un personaje «que ni yo mismo reconozco, que no es Paco Granados, y algunas personas que están aquí y me han seguido tanto en lo personal como en la política en los últimos 20 años, saben que ese no soy yo». «Yo no me he dedicado a eso, me he dedicado a buscar el interés general, a ayudar a la gente en lo que he podido y no me he enriquecido con la política. Soy incapaz de amenazar a un funcionario, de extorsionar. No lo he hecho nunca en ninguno de mis trabajo», afirmó en su declaración.

En relación con el maletín encontrado en el altillo de casa de su suegro con casi un millón de euros, Granados manifestó al juez -que en un momento determinado ve que no va a lograr confesión alguna insta a los abogados participantes a ir «rapiditos, por favor»-, que le pidió a su mujer que llevara a casa de sus padres unos «papeles», pero desconociendo en todo momento que lo que había en el interior eran 900.000 euros. «¿Quiere decir que ha pasado nueve años ese dinero en un altillo?», le pregunta el juez Velasco, y su respuesta, lacónica pero segura: «Claro, por supuesto».

Después de la declaración, regresó a prisión, donde ha pasado ya tres navidades.