Iceta busca recuperar la sociovergencia

El líder de los socialistas catalanes ha mantenido encuentros con dirigentes de Unió como Espadaler y el intelectual y pensador Félix Riera

El primer secretario del PSC, Miquel Iceta, durante la manifestación convocada hoy por la entidad Societat Civil Catalana /Efe

El líder de los socialistas catalanes ha mantenido encuentros con dirigentes de Unió como Espadaler y el intelectual y pensador Félix Riera.

Una auténtica «pelea de gallos». Así definen muchos dirigentes políticos catalanes la campaña de los comicios hacia el 21 de diciembre. Las grietas soberanistas sobre una lista unitaria abren paso a otros movimientos de gran calado con dos protagonistas indiscutibles: el primer secretario del PSC, Miguel Iceta, y el líder de ERC, Oriol Junqueras. Según fuentes socialistas y republicanas, ambos rivalizan en estos momentos por recuperar la sociovergencia y el espectro político de la antigua CiU, aunque con diferentes matices. Mientras Iceta busca atraer un catalanismo centrista de tinte socialdemócrata, Junqueras mira hacia un sector más radical de izquierdas. Los dos líderes han contactado ya con personas de la antigua Convergencia y Unió Democrática de Cataluña. Tanto el PSC como el núcleo duro de Esquerra Republicana se oponen a esa candidatura única de país reclamada por el PDeCAT para tapar su fracaso electoral vaticinado por las encuestas.

Según ha sabido este periódico, Miguel Iceta lleva semanas diseñando esta operación sociovergente de centro y ha mantenido encuentros con dirigentes de Unió, el partido democristiano tantos años dirigido por Josep Antonio Durán i Lleida. Entre ellos estaría el último secretario general y candidato autonómico, Ramón Espadaler, el intelectual y pensador Félix Riera, así como los miembros de la plataforma «Portes Obertes», Mario Romeo e Ignasi Refel. Todos ellos reivindican el catalanismo político de la extinta CIU y una «tercera vía» de diálogo con Madrid para el encaje de Cataluña en España. Las conversaciones, muy avanzadas, han sufrido un cierto «shock» tras el ingreso en prisión de Oriol Junqueras y los consejeros del Govern por orden de la jueza Carmen Lamelas. Los interlocutores admiten en privado su temor a que ello provoque un rebrote del independentismo radical y constante agitación callejera.

También Oriol Junqueras tiene en su estrategia a antiguos democristianos de Unió, aunque en su vertiente más soberanista y en su día críticos con Durán Lleida. Entre ellos figuran la que fuera presidenta del Parlament, Nuria de Gispert, y el dirigente Antoni Torrellá, fundador de la plataforma «Democrates», ambos cercanos a la tesis del separatismo. Por el filo social de izquierdas, el líder republicano estaría tentando a Alberto Dante Fachín, el dirigente de Podemos en Cataluña fulminado por Pablo Iglesias. Fuentes de ERC confirman que Oriol Junqueras prepara su candidatura y mueve los hilos desde la cárcel de Estremera, opuesto frontalmente a una lista unitaria con el PDeCAT. «No vamos a tragarnos otra vez este marrón», afirman dirigentes republicanos tras recordar los «sapos tragados» para articular la coalición de Junts pel Sí. La opinión clara de Junqueras es concurrir en listas separadas, tal como ha publicado en su reciente artículo del diario «Ara» desde la prisión.

En el PDeCAT los nervios están a flor de piel con una intensa conspiración de Artur Mas. Según fuentes convergentes, el ex presidente maniobra en la sombra para una lista única bajo el lema «Juntos por la libertad» que sustituya a la anterior. Mas no oculta su deseo de ser candidato y mártir del «procés», por lo que en su entorno ha caído como un jarro de agua fría el anuncio de Carles Puigdemont de serlo él también. El presidente destituido, y ya prófugo de la Justicia, siempre se había autodescartado como candidato, por lo que la sorpresa ha sido mayúscula. La actual dirección se opone a ello, si bien otro sector lo ve como una jugada para forzar la lista unitaria, que el propio Puigdemont reclama desde su refugio. Aunque la coordinadora general, Marta Pascal, apuesta por esta candidatura única, en la plana mayor de Convergencia rechina el nombre de Puigdemont. «Ha sido un cobarde y ahora es un lastre», dicen muchos convergentes. Lo cierto es que, una vez más, «el Puchi» va por libre dejando a su partido trastocado de una pieza.

Las elecciones autonómicas del 21-D y las detenciones del núcleo duro del Govern han dejado K.O a los partidos soberanistas bajo una profunda división. Mientras en un principio pensaron en boicotearlas por estar «manchadas» desde Madrid, ahora todos quieren presentarse y hasta los antisistema de las CUP, reacios en un principio, podrían concurrir. El efecto electoral de la fuga de Puigdemont, con el ingreso en prisión de Junqueras y los consellers, es por el momento una incógnita. Nadie se atreve a pronosticar un resultado claro, si bien las actuales encuestas avanzan un empate entre soberanistas y constitucionalistas que harán necesarias futuras alianzas. De ahí el auténtico vértigo de negociaciones entre dirigentes de ambos bloques para configurar unas listas que han de estar cerradas en las próximas horas.

En polo de la izquierda, la ambiciosa Ada Colau se erige ahora como liderasa soberanista, tras la fuga de Puigdemont y la encarcelación de Junqueras, sin desvelar todavía sus cartas. Mientras para unos apoyaría al líder de ERC sí finalmente es el candidato más votado, otro sector de Los Comunes apuesta por fagocitar a la marca de Podemos, Cataluña sí que es Pot, lo que ha provocado la rebelión de Alberto Dante Fachín y su enfrentamiento con Iglesias. La amenaza de un Parlament muy fragmentado se cierne sobre el panorama, sin olvidar una candidatura de las entidades independentistas liderada por Jordi Sánchez y Jordi Cuixart desde la cárcel, o la ex presidenta de la Cámara autonómica, Forcadell, pendiente de su futuro judicial en la comparecencia ante el TS el próximo jueves día 9.

La división soberanista está servida y ello supone un alivio para los constitucionalistas. El 5 de diciembre comienza la campaña, que durará dos semanas, y los partidos han de tener articuladas sus listas el próximo martes. Artur Mas ha forzado al máximo la candidatura unitaria de país y deslizado su predisposición a encabezar la convergente como un «mártir» con la multa que tiene encima, pero un sector del partido se opone frontalmente. La gota que colma el vaso ha sido el anuncio de Puigdemont y sus presiones para ir en una lista única, que les ha dejado a cuadros. «En el partido no se le quiere», opinan varios dirigentes, que apuntan a Josep Rull, uno de los ex consejeros en la cárcel de Estremera, como el aspirante con mayores posibilidades.

El rechazo convergente es también muy fuerte hacia Santi Vila, el único que ha logrado eludir la prisión bajo fianza. «Ha estado en el carro y se ha bajado en el último momento», advierten sus compañeros que le tildan de «trilero y traidor». En el PDeCAT le auguraban muy poca fuerza electoral en solitario, si bien admiten los sondeos bastante negros para Convergencia, que la sitúan como cuarta fuerza política. Por ello, el enorme interés de Mas y la dirección del partido en forzar esa lista unitaria que disfrace algo su fracaso. La carrera hacia el 21-D arranca con tensión e incertidumbre, bajo lo que algunos llaman «un combate de boxeo entre dos bandos».