Urdangarin: «Nunca he sido un comisionista»

Urdangarín señala que fue su ex asesor quien contrató empleados ficticios en Aizoon por «temas fiscales». Asegura que no se encargaba de cobrar «ningún peaje» y que su labor se ceñía «al área deportiva». Exculpa a la mujer de Torres y dice que no la vio «en el comité de dirección ni en ningún proyecto»

Iñaki Urdangarin durante su declaración en el juicio del caso Nóos
Iñaki Urdangarin durante su declaración en el juicio del caso Nóos

> Señala que fue su ex asesor quien contrató empleados ficticios en Aizoon por «temas fiscales» > Reitera que su labor se ceñía «al área deportiva» y que no se encargaba de las facturas del Instituto

Iñaki Urdangarín negó ayer, en su primera jornada de declaraciones, que haya cobrado comisiones por su labor en el Instituto Nóos. «En ningún momento se trataba de un peaje o de una comisión. Nunca he sido un comisionista. No me he encargado nunca de esto», aseguró al tribunal del «caso Nóos» en relación a los 300.000 euros que el Gobierno balear pagó en 2003 a la asociación sin ánimo de lucro (según explicó Matas, en concepto de comisión al entonces duque de Palma) por poner en marcha una oficina de seguimiento del patrocinio del equipo ciclista Illes Balears, cuyo objetivo, precisó, era «controlar que las cosas se iban a hacer bien».

Ante el desfile de preguntas sobre facturas que exhibió durante dos horas al tribunal el fiscal Pedro Horrach, Urdangarín insistió en que no se ocupaba de la facturación ni del marketing ni de contratar a empleados.

Precisamente en relación a este último aspecto, el marido de la Infanta Cristina aseguró, además, que se enteró de la contratación por parte de Aizoon, la sociedad que compartían los entonces duques de Palma, de empleados que la Fiscalía considera ficticios, a raíz de la investigación judicial. «Había empleados que por supuesto desarrollaban su labor en tareas relacionadas con el objeto social de la sociedad, otros que llevaban a cabo labores de mantenimiento y otros, que he descubierto después, que ni sabía que estaban con nosotros». «¿Quién los contrató?», le preguntó Horrach. «Yo me dedicaba a lo que me dedicaba. Nuestro asesor en estos temas era Miguel Tejeiro», el ex asesor fiscal del Instituto Nóos, que ya no figura entre los acusados después de que Manos Limpias retirase sorpresivamente la acusación contra él en la primera sesión del juicio. «Él nos asesoraba sobre la contratación de empleados por un tema fiscal», añadió el marido de Doña Cristina.

Minutos después, como hizo Torres, remitió al fiscal al también procesado Marco Antonio Tejeiro cuando Horrach exhibió una factura más de Aizoon. «Él era el contable, el que llevaba los temas de facturación y de administración del Instituto Nóos», subrayó. Y, en la misma línea que su ex socio respecto a la participación de sus respectivas esposas en la gestión, aseguró que a Ana María Tejeiro, mujer de Torres, «no le he visto en el comité de dirección ni dirigiendo ningún proyecto, supongo que haría gestiones personales o de algún tema interno».

La declaración comenzó con un cruce de reproches entre la presidenta del tribunal, Samantha Romero, y Horrach, que empezó su interrogatorio al ex duque de Palma haciendo alusión a unos correos electrónicos que el ex deportista remitió a su esposa en 2004 (Urdangarín aclaro que «Kid» era una forma cariñosa de dirigirse a ella, y no un nombre en clave) y en los que la acusación que ejerce Manos Limpias sustenta el supuesto conocimiento que tenía la Infanta Cristina de la gestión de Aizoon. «Es la primera vez que veo que la acusación pública cuestiona la documental de otra acusación», le espetó Romero al fiscal, que poco después, al zanjar esta cuestión, le replicó que la función de la Fiscalía «no es sólo acusar, sino también oponerse a las acusaciones que se consideran infundadas».

Urdangarín –que se enfrenta a una petición de la Fiscalía de 19 años y medio de cárcel por acusaciones de prevaricación, malversación, tráfico de influencias, contra la Hacienda Pública, falsedad y blanqueo– explicó al tribunal que el Instituto Nóos era «una asociación de profesionales» en la que «coexistían empleados» de distintas empresas, entre ellas Aizoon, a los que se pedía su colaboración para determinados proyectos. «¿Se les pagaba por no trabajar?», le preguntó Horrach. «Los que trabajaban conmigo sí sabía lo que hacían (se refirió incluso un grupo de personas que, desde su casa, buscaba información sobre proyectos, una iniciativa que «basculaba» en torno a su sobrino Jan Gui). Los otros no sé si trabajaban o no, no los conocía», precisó.

En el ADN del Instituto Nóos, continuó, «estaba generar beneficios». «¿Para qué?», le preguntó Horrach. «Para reinvertirlos en los proyectos que estaban en marcha», contestó Urdangarín, que como ya hizo ante el juez Castro, insistió en que su trabajo en Nóos era «colaborar en el área deportiva, la relación con las personas y escuchar las propuestas del comité científico». «¿Lideraba Diego Torres el Instituto Nóos?», le inquirió el fiscal. Pero el marido de la Infanta no descargó la responsabilidad en su ex socio. «Éramos unos impulsores bajo el consejo de un grupo de personas cercanas nuestras, que decidimos generar un área de conocimiento en un ámbito en el que existía un vacío» (la consultoría en el área deportiva).

Horrach se enervó después de que Urdangarín le asegurase que desconoce quién negoció con el Govern balear el presupuesto del proyecto del equipo ciclista. «Señor Urdangarín –dijo sorprendido– Nóos Consultoría no era una multinacional...». «Era un proyecto un poco atípico que funcionaba solo...», se defendió el procesado, que subrayó lo dejaron en manos de Juan Pablo Molinero, «el mayor experto» de temas deportivos relacionados con el ciclismo. «No lideré ese proyecto», volvió a decir, «las empresas tienen sus equipos directivos y en los buenos profesionales se delega porque lo hacen bien».

A renglón seguido, cuando Horrach puso sobre la mesa el convenio firmado con el Govern Balear para medir el impacto de ese patrocinio, negó que fuera su firma la que figuraba en el contrato y lo achacó a «una anomalía». «Mire cómo vengo, yo me vine de Nóos sin ningún documento y sin ningún papel», contestó cuando el fiscal hizo referencia a las actas del comité de dirección de Nóos.

Respecto a la primera edición del Valencia Summit en 2004, el ex duque de Palma dijo que Aizoon facturó al Instituto Nóos por la organización del evento «porque prestó capital humano al proyecto», una contribución que, sin embargo, la Fiscalía considera inexistente. «¿Qué hacían?», se interesó Horrach. «Aportar sus conocimientos al desarrollo de la cumbre», contestó el acusado.

La declaración de Urdangarín, que continuará el próximo miércoles (el martes es fiesta en Palma y el lunes no está señalada sesión) se interrumpió a las tres de la tarde ante la preocupación de algunos letrados por perder sus vuelos.

Urdangarín se sentó frente al tribunal para declarar cuando, tras 25 horas de declaración de su ex socio repartidas en cuatro días, ya nadie le esperaba hasta la semana próxima. Con traje y corbata oscuros y camisa a rayas, el marido de la Infanta empezó con voz pausada, se refirió a Doña Cristina como «mi señora» y empezó a hablar en un tono tan bajo que la presidenta del tribunal le tuvo que pedir hasta en tres ocasiones que hablara más alto para que se pudiese grabar su voz correctamente. Hasta le tuvieron que subir el micro para acercarlo más a la altura de su boca.A medida que se sucedía el interrogatorio, se le vio gesticular algo. E incluso echó mano de unas gafas de pasta amarilla, que dejaron claro que no es supersticioso, para leer algún papel.De apariencia tranquila, afrontó sus primeras horas de declaración únicamente auxiliado por un delgado portafolios, que no resistía la comparación con las dos maletas repletas de documentos de Diego Torres. Las sucesivas preguntas sobre facturas, contrataciones de empleados y tareas cotidianas de gestión le hicieron encadenar una ristra de «supongos», «no recuerdo», «lo desconozco» y «ha pasado mucho tiempo». Sólo la insistencia del fiscal provocó un par de respuestas enérgicas. «Después de diez años no me acuerdo de los detalles... es evidente», se excusó.