Los «barones» de Podemos prefieren a Iglesias

El pulso de poder dentro del partido se extiende por toda España, pero Errejón sólo cuenta con el apoyo de Valencia, Murcia y País Vasco. El resto apuesta por el líder, mientras los «anticapis» se hacen fuertes en Andalucía y La Rioja.

El pulso de poder dentro del partido se extiende por toda España, pero Errejón sólo cuenta con el apoyo de Valencia, Murcia y País Vasco. El resto apuesta por el líder, mientras los «anticapis» se hacen fuertes en Andalucía y La Rioja.

La batalla por Vistalegre II prosigue su curso aunque oficialmente continúe la tregua de Navidad. Los movimientos, más discretos, se registran en la sombra. Las tres candidaturas oficiales reconocen que a partir de la próxima semana tocará pisar el acelerador. Mientras tanto, cada bando repasa sus fuerzas y mueve fichas para atraerse a la gran corriente que puede juzgar un papel importante en el cónclave del partido morado, Anticapitalistas. La recuperación del discurso sobre renta básica por parte del errejonismo puede enmarcarse en ese campo y en la necesidad de compensar la asimilación del proyecto encabezado por el secretario político con la condescendencia hacia el Sistema añadiendo gotas de «radicalidad» a sus propuestas.

Más complicado lo tienen los fieles a Íñigo Errejón a nivel territorial. Tan sólo tres secretarios generales autonómicos le respaldan en la pugna con la propuesta de Pablo Iglesias: Comunidad Valenciana, Región de Murcia y País Vasco. Sin embargo, fuentes del partido morado apuntan a que tan sólo la organización murciana cuenta como el buque insignia del errejonismo en el plano de las organizaciones territoriales. La plaza fuerte de los errejonistas, encabezada por Óscar Urralburu, trabaja a plena potencia a favor del secretario político, como demostró el centenar de firmas a su favor de dirigentes y militantes.

Otro errejonista, el secretario general valenciano Antonio Montiel, lo tiene más complicado por la resistencia interna en el aparato de Podemos. El cese «manu militari» de Sandra Míguez, fundadora del partido, como secretaria de Organización, no ha sido olvidado. De hecho, hay quienes señalan que esa medida genera sospechas sobre si ya se estaban tomando posiciones ante el cónclave de febrero. En cualquier caso, Montiel –que hasta ahora ha visto tapadas algunas de sus decisiones más controvertidas e inoperantes por ciertos respaldos en la dirección nacional– tiene a los críticos enfrente. Dentro de la formación morada no pasó desapercibido que Montiel criticase el cese de José Manuel López –destacado errejonista madrileño- como portavoz de Podemos en la Asamblea de Madrid– cuando meses atrás se condujo de una forma similar con Míguez. En la Comunidad Valenciana Errejón también alinea a la diputada Ángela Ballester.

El tercer feudo de los seguidores de Errejón, la organización vasca, tiene a su frente a Nagua Alba. Sin embargo, la secretaria general, apoyada por el diputado errejonista Eduardo Maura como secretario político, no atraviesa su mejor momento en una estructura que lleva generando tensiones desde su puesta en marcha. Pese a que los dos dirigentes cuentan con hilo directo con Errejón –Alba llegó a llevar al hermano del secretario político, Guillermo, en su lista–, se encuentran enfangados en un conflicto con los críticos de Álava y supervisados muy de cerca por las huestes de Anticapitalistas, que cuentan con un gran peso en la organización territorial vasca. «El problema es que tanto Alba como Maura son vistos como enviados directos de Errejón», reconocen fuentes de Podemos en el País Vasco, que apuntan también la clave de algunos apoyos desde Madrid: «Con el tiempo se ha visto que los candidatos oficialistas de la capital no lo han sido tanto de Iglesias como de Errejón».

En su momento, el primer secretario general en el País Vasco, Roberto Uriarte, denunció que el secretario político metía la cuchara en las decisiones del partido. De ahí que el cese de Sergio Pascual como responsable de Organización –y brazo ejecutor de Errejón– enervase al entorno errejonista.

Tanto Alba como Maura integraron las filas del aparato de partido puesto en marcha por el secretario político, y que es uno de los puntos fuertes de Errejón: haber situado a sus peones en los lugares clave del esqueleto de la organización. En Princesa, 2 todavía recuerdan cómo Alba acudía a la sala de prensa para seguir, junto a miembros del equipo de comunicación del partido, las comparecencias. Ahora ha decidido no firmar el manifiesto «errejonista». Tal vez para no enervar la situación en su organización territorial, ya de por sí bastante tensa. Por su parte, la corriente de Miguel Urbán también cuenta con apoyos potentes pese a ser considerada la minoritaria de las tres que se presentan a Vistalegre. Así, una de sus caras más conocidas, Teresa Rodríguez, controla la secretaría General andaluza tras haber derrotado en dos ocasiones al errejonista Sergio Pascual. Además, Rodríguez domina el Consejo Ciudadano Andaluz.

Otro tanto sucede en La Rioja con Kiko Garrido y en Navarra con Laura Pérez Ruano, que lideran las secretarias generales estando adscritos al sector anticapitalista.

El caso más interesante es el de Cataluña, cuyo secretario general, Albano Dante Fachin, es un «verso suelto» que puede deparar sorpresas. Después de ser elegido batiendo al candidato oficialista Raimundo Viejo, Dante ha dado muestras de ir por libre: favorable a una confluencia con Ada Colau y considerado como alejado de Iglesias, no ha dudado en apoyar algunas de las reflexiones del secretario general para Vistalegre II.

Cuando se pregunta por él en Podemos la respuesta más común es la misma: «incalificable». Si Iglesias tiene un problema con el control de la estructura del partido, al menos cuenta con una ventaja: cosecha el apoyo de la mayor parte de los secretarios generales territoriales. En Aragón alinea al secretario de Organización, Pablo Echenique, responsable del partido en dicha comunidad autónoma, y que ha pasado del sector crítico al oficialismo. El recorrido ha sido parecido, pero en un sentido contrario, al de su adversaria, Violeta Barba. Ésta, presentada en su momento como candidata oficialista del equipo de Iglesias, ahora se alinea con los errejonistas.

El secretario general también puede contar con el secretario general balear, Alberto Jarabo. Aunque Podemos en Baleares tampoco atraviesa su mejor momento con líos y guerras internas, Jarabo barre para Iglesias y la secretaria política, Laura Camargo, se adscribe a Anticapitalistas. La principal figura errejonista es el diputado Juan Pedro Yllanes, sin poder real sobre la estructura regional a priori.

Otras secretarías generales alineadas de forma incondicional con Iglesias son la canaria (Meri Pita), la cántabra (Julio Revuelta) y la extremeña (Álvaro Jaén). En Madrid, con la reciente elección de Ramón Espinar, los pablistas ganan otro terreno importante. El secretario general de Podemos en Castilla-La Mancha, José García Molina, sólo tiene que afrontar la oposición de Anticapitalistas mientras que el de Castilla y León, Pablo Fernández, pilota el partido bajo las premisas de Iglesias.

Otro caso pintoresco es el de Galicia, donde la complejidad de las confluencias aporta más pimienta a la situación. La lucha interna se dirime entre la diputada de En Marea Ángela Rodríguez –que fue apoyada por Errejón para optar a la Secretaría General de Podemos Galicia– y la secretaria general Carmen Santos, que se ha acercado al pablismo de la mano de Carolina Bescansa. Lo curioso es que, como en otros casos, Santos fue señalada como crítica con anterioridad desde el aparato nacional del partido. ¿Y qué pasa con los socios electorales de Podemos? Pues, de momento, toca esperar acontecimientos.

Hasta ahora, tan sólo Joan Baldoví, de Compromís, ha apostado por Errejón. Su compañera, Mónica Oltra, ha preferido optar por la diplomacia a la espera de acontecimientos.

Otro tanto sucede con los catalanes cercanos a Ada Colau, en especial Xavi Domènech, que parece mostrarse más cómodo con Errejón. Sin embargo, el entorno de la alcaldesa de Barcelona prefiere también esperar.