Mas ordena a sus consejeros que intensifiquen la presión para el pacto

Convergència asume que no tiene mayoría para «culminar» el proceso independentista

Lo que no pudo ser por las buenas se intentará por las malas. El Gobierno de Artur Mas mantiene la idea de cerrar un acuerdo de gobernabilidad con la CUP para propulsar el proceso independentista, pero no quiere hacerlo desde una posición de debilidad. Mas ha ordenado un cambio de estrategia que ya se hizo visible el pasado lunes, cuando los dirigentes de Convergència comenzaron a endurecer el tono contra la formación anticapitalista. La conclusión de CDC es que las bases ofrecidas para un acuerdo con la CUP ya existen –delegación de poderes del presidente de la Generalitat y cuestión de confianza en 10 meses– y, por tanto, es el momento de esperar a que los antisistema flexibilicen su postura y acepten la investidura de Mas, innegociable para CDC.

Es pronto para ver si el cambio de guión de Mas va a resultar efectivo, pero Convergència ya no sólo menciona la posibilidad de unas nuevas elecciones como un escenario que no se puede descartar, sino como el escenario deseable en caso de que el veto persista. Los convergentes confían en que la CUP asuma que una nueva convocatoria electoral es «un riesgo tremendo», tal y como dijo el propio número uno de su formación, Antonio Baños, y que, en consecuencia, se presten a la investidura.

Tan clara es la consigna de intensificar la presión sobre la CUP que Convergència llegó a lanzar el siguiente mensaje en las redes sociales en la medianoche del lunes: «Si finalmente no se inviste al president Mas será porque la CUP cuenta con el apoyo del PP, Ciudadanos, el PSC, etcétera». La réplica de la CUP fue inmediata: «A ver, a ver. ¿Nos lo podéis volver a explicar? ¿La CUP tiene el apoyo de quién?».

El cruce entre Convergència y la CUP prosiguió ayer, en esta ocasión con un artículo publicado por el diputado Julià de Jòdar en el diario «Ara», en el que rechazó investir «de rodillas» a Mas. El diputado antisistema insistió en consensuar la figura de un presidente diferente al líder de CDC y asumió las consecuencias de que las conversaciones descarrilen definitivamente. «Sabemos que esta posición puede llevar a un escenario, no deseado, de nuevas elecciones anticipadas. Si nos fueran impuestas, la CUP sabrá explicar dónde estamos y por qué estamos. Y los catalanes decidirán con rigor, sabiduría y urgencia social qué (quién) liderazgo quieren para el proceso y qué (cuándo y cómo) futuro quieren para sus hijos», añadió Julià de Jòdar.

El malestar va en aumento. Fue el candidato de CDC a las generales, Francesc Homs, quien encendió las alarmas en la CUP al dibujar las líneas rojas para posibilitar un pacto: un Govern fuerte (léase, con estabilidad parlamentaria), un proceso soberanista impulsado con seguridad jurídica, un compromiso con los valores europeos y una inequívoca voluntad de diálogo con el Estado. El propio Homs asumió que los secesionistas no tienen mayoría suficiente para «culminar» el proceso, y expresó su deseo de que tras las elecciones generales se abra un periodo de «diálogo, negociación y pacto».

La CUP se mostró atónita ante estos planteamientos. «Que se pretenda que la CUP deje de ser la CUP es un error grande, una grave falta de respeto y una irresponsabilidad mayor. ¿Qué duda puede haber de que estas exigencias quieren anular el debate, bloquear un acuerdo y preterir las demandas sociales y democráticas de la mayoría social?», se preguntó el diputado De Jòdar.

ERC asiste al cruce como espectador de lujo, intentando representar el papel del bombero que apaga el fuego. Por el momento, este rol no está surtiendo ningún efecto, ya que, hoy por hoy, la complicación se centra en la figura de Mas. «Con otro candidato ya habría investidura», dijo el propio Baños.

La oposición, por su parte, criticó el teatro que están realizando ambas partes. El líder del PP catalán, Xavier García Albiol, apostó a que la CUP investirá a Mas antes de la campaña de las elecciones generales y advirtió de que convocar nuevos comicios sería «tremendamente perjudicial» para la estabilidad de Cataluña. Mientras, la cabeza de lista del PSC por Barcelona, Carme Chacón, lamentó que Mas «ponga en ridículo» la presidencia de la Generalitat, sometiéndola a una «rifa» y «arrastrándola» por el Parlament de Cataluña.