Moragas, la mochila del presidente

Jorge Moragas
Jorge Moragas

De él se han dicho muchos tópicos: el verdadero «fontanero» de La Moncloa, la sombra de Mariano Rajoy, cicerone en sus viajes al extranjero o muñidor de sus discursos. Lo cierto es que Jorge Moragas Sánchez es un diplomático que ha sabido ganarse la confianza del presidente como nadie. Un ministro veterano define la especial relación entre un gallego y un catalán, dos caracteres que se complementan: «Cuando de todo desconfías, la cercanía todo lo puede». Y este es el caso del jefe de Gabinete del Jefe del Gobierno, ahora nombrado nuevo director de campaña para las elecciones generales. Un enorme reto en el que Rajoy ha querido situar a un hombre cercano y confidente.

Jorge Moragas llegó al Congreso como diputado por Barcelona en la VIII Legislatura, año 2004. Siempre con una mochila al hombro, era un tipo algo peculiar, simpático y dicharachero, al que le gustaba alardear de sus idiomas y viajes al extranjero. Su carrera diplomática y el manejo de las lenguas le fascinaron a José María Aznar, que le nombró asesor de Protocolo. Era un furibundo liberal, con aires de aventurero, cabello revuelto y equipaje siempre dispuesto. Sus diatribas contra la dictadura cubana, donde protagonizó un incidente en el mismo aeropuerto de La Habana, gustaban al entonces líder del PP, que le encargó las Relaciones Internacionales del partido. A partir de ese momento, Moragas comenzó a moverse como pez en el agua por Génova 13 y trabó una estrecha relación con dos hombres importantes: Mariano Rajoy y Javier Arenas.

Es la suya la historia de un buen diplomático. Es decir, sibilino y astuto, sin aspavientos. Servidor al jefe, asesor en la sombra. Intrigante, si es preciso. Y, sobre todo, confidente. A lo largo de estos años, Jorge Moragas se ha ganado la absoluta confianza de Rajoy, ha sido su compañero de viajes y fatigas a todas horas, sobre todo en esa apretada agenda internacional donde se mueve sin problemas. Ya lo dijo un día Paco Ordóñez: «Los que estamos viajados y hablamos idiomas, tenemos mucho ganado». Hete aquí a Moragas, embajador de Rajoy, a su lado por el mundo y celoso guardián de sus secretos.

Por su poder y cercanía al presidente, en estos años le han crecido enemigos. Tal parece que esto es un acicate positivo ante Rajoy, quien siempre ha hecho oídos sordos a cualquier ataque a su hombre de confianza. Su nombramiento como director de campaña, su aterrizaje en Génova demuestra que el presidente quiere un engranaje perfecto y controlado entre Moncloa y el partido. Algo que ahora era inexistente.

Rajoy quiere un puente indiscutible entre ambos y por eso ha recurrido a su gran mayordomo, que tendrá las llaves de las dos casas. Jorge Moragas es la gran sorpresa y el verdadero triunfador de esta remodelación. No sólo marcará las prioridades de la agenda del presidente en el Gobierno, sino también en el partido.

En los últimos días trabajaba ya en la nueva página web de Rajoy, que pretende sea mucho más innovadora y cercana. Un día, en el Congreso, le pregunté qué llevaba en esa mochila impenitente. «Papeles secretos», me contestó. Así se ha visto. Como buen diplomático, tiene ya las credenciales del jefe para su reto más difícil.