Rajoy ha cumplido, ahora le toca a Merkel

Las reformas han alejado a España del foco, pero Alemania es aún clave para lograr el crecimiento

La gestión de la economía es una carrera de fondo, y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha dado buena prueba de ello. El año pasado por estas fechas corrían ríos de tinta sobre el precipicio al que se enfrentaba España, y un rescate total, al estilo de los de Portugal, Irlanda o Grecia, parecía inminente. Mientras tanto, la canciller Angela Merkel presionaba a Madrid no sólo para llevar a cabo una intensa agenda de recortes y reformas, sino que lanzaba mensajes de inestabilidad que alimentaban la prima de riesgo española.

Sin embargo, las cosas hoy parecen haberse dado la vuelta y Rajoy puede permitirse dar consejos a Berlín. «Creo que es el momento, cuando se da una necesidad de crecimiento, que aquellos que tienen capacidad de realizar políticas que generen crecimiento, lo hagan», señalaba a comienzos de semana en referencia de Alemania.

Para empezar, el tiempo ha demostrado que Alemania no es inmune a la crisis y aunque no pueda decirse que el motor europeo se haya gripado, sí es evidente el recorte a su previsión de crecimiento, debido a la reducción del poder adquisitivo de sus socios, que afecta seriamente a sus exportaciones.

Según los datos del ministro de Finanzas germano, Philipp Roesler, el PIB de Alemania registrará un crecimiento del 0,4% en 2013, una reducción desde el 0,7% de 2012. Alemania no es una isla y la prueba es que está sucumbiendo a los rigores fiscales que están sufriendo países importadores como España, Italia, Grecia, Portugal o Irlanda, pero también a las caídas de actividad en los demás líderes mundiales como EE UU y China, con efectos directos en el comercio mundial. En un país donde el 60% de sus exportaciones se venden en Europa, la dependencia es total. Merkel lo sabe, y por eso ha dicho que «si fracasa el euro, fracasa Europa», «si fracasa Europa, fracasa Alemania».

A la coyuntura económica, se suman los problemas de Merkel en materia política, pues este año se encuentra atada a unas elecciones para otoño en las que se lo juega todo y que restringen su margen de maniobra en Europa. Frente al caso español, en el que los costes de endeudamiento del país han caído al mínimo 10 meses atrás, Francia sigue en el ojo del huracán y ahora atrae las miradas desde que a finales del año pasado perdiera la preciada triple A. Esta degradación no es más que la prueba de la influencia negativa sobre las perspectivas de crecimiento a largo plazo de diferentes desafíos de naturaleza estructural que afronta el país, incluida la gradual perdida de competitividad y las rigideces en el mercado del trabajo y de los servicios. A ello se suma la desconfianza que está cosechando el presidente, François Hollande, que con su política impositiva del 75% para las grandes fortunas, ha alimentado una fuga de capitales al extranjero. Tampoco está en mejor situación el italiano, Mario Monti, que inmerso en una difícil elección está viendo que sus esfuerzos en materia económica no han evitado el crecimiento de la deuda pública, que el pasado mes de noviembre marcó un nuevo récord al escalar hasta los 2,020 billones de euros, un 0,3% más que en octubre. De hecho, la deuda italiana se eleva ya por encima del 125% del PIB. Frente a ello, España prevé que 2014 sea un año de crecimiento económico y de empleo, una tendencia que en realidad debería comenzar la segunda mitad de 2013 si no hay turbulencias en los mercados financieros. El «milagro español» no ha pasado desapercibido para el presidente del Eurogrupo, Jean Claude Juncker, que dio por «zanjado» el debate sobre la necesidad de un eventual rescate financiero.

En la misma línea, la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, ha calificado de «un paso en la buena dirección» las reformas del mercado laboral y no pierde ocasión de aplaudir las medidas del Ejecutivo.¿Es Francia el nuevo problema de Europa? Después de Grecia, Portugal, España e Italia, la economía del país galo es la que concentra las miradas de los mercados. Y su presidente, la atención de sus socios. Recién llegado al Elíseo en mayo de 2012, François Hollande, adalid del crecimiento, representaba la esperanza europea y el contrapeso a la todopoderosa canciller Angela Merkel. Hoy, al socialista francés los problemas se le acumulan. Empezando por lo alto que colocó el listón al comprometerse con Bruselas a cumplir en 2013 una reducción del déficit público al 3% del PIB. Una promesa que le ha llevado a realizar la mayor cura de austeridad conocida en Francia en las últimas tres décadas. Sin embargo, ese ajuste de 33.000 millones, a base de recortes públicos y subida de impuestos, puede quedarse corto. La economía gala lleva meses estancada y asomándose al precipicio de la recesión. 2012 cerró con un retroceso del 0,2% en el último trimestre y para los dos próximos se prevé un imperceptible crecimiento del 0,1%. Sin embargo, las previsiones de otros organismos predicen una caída de hasta el 0,5%, lo que imposibilitaría respetar los objetivos de déficit u obligar al Gobierno a dar otro tijeretazo.

Hollande convierte a Francia en el nuevo foco de riesgo económico de la UE

¿Es Francia el nuevo problemae Europa? Después de Grecia, Portugal, España e Italia, la economía del país galo es la que concentra las miradas de los mercados. Y su presidente, la atención de sus socios. Recién llegado al Elíseo en mayo de 2012, François Hollande, adalid del crecimiento, representaba la esperanza europea y el contrapeso a la todopoderosa canciller Angela Merkel. Hoy, al socialista francés los problemas se le acumulan. Empezando por lo alto que colocó el listón al comprometerse con Bruselas a cumplir en 2013 una reducción del déficit público al 3% del PIB. Una promesa que le ha llevado a realizar la mayor cura de austeridad conocida en Francia en las últimas tres décadas. Sin embargo, ese ajuste de 33.000 millones, a base de recortes públicos y subida de impuestos, puede quedarse corto. La economía gala lleva meses estancada y asomándose al precipicio de la recesión. 2012 cerró con un retroceso del 0,2% en el último trimestre y para los dos próximos se prevé un imperceptible crecimiento del 0,1%. Sin embargo, las previsiones de otros organismos predicen una caída de hasta el 0,5%, lo que imposibilitaría respetar los objetivos de déficit u obligar al Gobierno a dar otro tijeretazo.

El adiós de Monti devuelve la habitual inestabilidad a Italia

Cuando Mario Monti llegó al poder en noviembre de 2011, Italia estaba al borde del colapso. La prima de riesgo estaba desbocada, el país llevaba años de estancamiento y sufría una terrible crisis de credibilidad ganada a pulso por el entonces primer ministro, Silvio Berlusconi. Catorce meses después, «Il Professore» ha recuperado parte de esa credibilidad perdida y la prima de riesgo se ha situado en los 260 puntos. Y poco más, pues Italia sigue sumida en una crisis de la que parece que saldrá más tarde y más debilitada que el resto de países de su entorno. Esta semana se han acumulado las malas noticias. La productividad sigue en caída libre y el PIB, que estaba previsto que cayese un 0,2%, podría hacerlo hasta un 1%. Acabada su experiencia como jefe de Gobierno en febrero, muchos esperaban que «Il Professore» se convirtiese en una garantía de que Italia va a seguir el camino del rigor sustituyendo como presidente a Giorgio Napolitano, cuyo mandato expira en primavera. Monti, sin embargo, ha decidido enfangarse en las turbias aguas políticas italianas y aspirar a repetir como primer ministro.