«En noviembre puedo estar en la cárcel o en el exilio»

LOS EQUILIBRIOS DIFÍCILES. Amagó con no acudir a la proclamación de Felipe VI; ya en el Congreso, se resistió a aplaudir el discurso del Monarca y, más tarde, le saludó con un deseo de buena suerte.  Artur Mas intenta buscar su sitio
LOS EQUILIBRIOS DIFÍCILES. Amagó con no acudir a la proclamación de Felipe VI; ya en el Congreso, se resistió a aplaudir el discurso del Monarca y, más tarde, le saludó con un deseo de buena suerte. Artur Mas intenta buscar su sitio

Sentimientos encontrados en CiU, la Federación que gobierna Cataluña, ante el reinado de Felipe VI. Frialdad y escepticismo en Convergencia, expectación y esperanza en las filas de Unió Democrática. Son los ánimos que pululan por los dos partidos y que pudieron verse claramente en el Congreso durante el acto de proclamación del Rey. Mientras que Artur Mas no aplaudió el discurso, Josep Antoni Duran i Lleida sí lo hizo, a diferencia del resto de los diputados del grupo parlamentario. El presidente de la Generalitat no encontró nada nuevo en las palabras del Monarca. «Más de lo mismo», comentó con cierta redundancia antes de saludar a don Felipe. Algunos parlamentarios convergentes, como Pere Macías y Jordi Xuclá, lo calificaron de «plano y demasiado prudente». Según el líder democristiano, «bien construido, pero un poco frío y necesario de mayor compromiso en ciertas cuestiones». Las dos «almas» de CiU afloran en este crucial momento de la historia de España y en el papel que el Rey debe desempeñar ante el conflicto catalán. El «núcleo duro» convergente es partidario de forzar una mediación y exhibirla públicamente. Algo que rechaza de plano Duran: «Hay que mover ficha sin que se note, con exquisita discreción». En su opinión, una presión pública sobre el papel del Monarca es contraproducente, «producirá el efecto rebote y enrocará todavía más al Gobierno». Sus palabras no tardaron en cumplirse por boca de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. «Hay que respetar y cumplir la Constitución, que delimita muy bien las funciones de cada cual», afirmó rotunda al ser preguntada sobre el tema.

En Moncloa no ha gustado la actitud de Artur Mas durante la proclamación y, mucho menos, sus declaraciones posteriores. «La cortesía no está reñida con la divergencia», dicen en el entorno de Mariano Rajoy. También a la hora de los saludos, las cosas fueron diferentes. El Rey agradeció en catalán al presidente de la Generalitat su presencia, a lo que este replicó con un escueto: «Señor, le deseo suerte». Por el contrario, Don Felipe habló algo más con Duran Lleida, con quien comentó algunos aspectos de la decoración en el Congreso, algo que también hizo con Josep Sánchez-Llibre. A ambos los conoce casi desde niño, cuando la Familia Real pasaba temporadas de invierno en su casa de Baqueira-Beret y donde los dos diputados tienen residencia mucho tiempo. «¿Qué tal este año la nieve?», les preguntó el Rey en un perfecto catalán, lengua en la que de igual modo se expresó la Reina Letizia. En La Zarzuela no ha pasado inadvertida la presencia de Duran y Sánchez-Llibre en el acto de abdicación en el palacio Real, los únicos diputados catalanes que acudieron. No obstante, eluden avanzar encuentros futuros. Sí admiten que es deseo del Rey «hablar y escuchar a todo el mundo», pero siempre dentro de su función constitucional. En el nuevo equipo de la Casa Real, que tomará posesión en unos días, se quiere mantener una escrupulosa relación con La Moncloa, sin salirse un ápice del papel de la Corona. En este momento tan delicado, «no puede haber roces», dicen en Zarzuela y Moncloa. En este sentido, tal como sucedió bajo el reinado de Don Juan Carlos, se valora mucho el carácter de Rajoy, «un presidente responsable, serio y de palabra», y el papel de Soraya Saénz de Santamaría, verdadera interlocutora del Gobierno con la Casa Real en estos días, con un eficaz y espléndido resultado. Evitar esos posibles roces es precisamente la tesis de Duran: «Si forzamos el papel del Rey en público, limitaremos su capacidad en privado». Una manera de actuar que ha venido haciendo don Felipe en su etapa de Príncipe. En los últimos meses han sido muy frecuentes sus visitas a Cataluña, algunas de incógnito, casi en sigilo, para recibir en el Palacete Abéniz, en Barcelona, a representantes de la sociedad empresarial y civil de Cataluña. Algunos asistentes opinan que Don Felipe escucha mucho y habla poco. «Es muy consciente de su papel institucional y conoce muy bien el problema». Hay quienes se atreven a decir que Cataluña puede ser el 23-F de Don Felipe. Sin llegar a tanto, existe unanimidad en que es uno de sus grandes retos. En este círculo, le definen como «prudente, informado y preparado». Sin embargo, todos coinciden con la tesis de Duran y las competencias de la Monarquía. El Rey reina, pero no gobierna, y no se le puede pedir lo que no puede hacer. En lenguaje marinero, que tan bien conoce: «El Rey puede sugerir un rumbo, pero el timón lo lleva el Gobierno».

Así las cosas, los próximos meses serán de infarto. En Cataluña, las espadas están en alto. Artur Mas, obstinado en la consulta soberanista del nueve de noviembre. Duran partidario de la «tercera vía», una consulta pactada y legal, no basada en la pregunta de la independencia. De no ser así, el líder democristiano vaticina lo que él llama «choque de trenes». La situación se agrava ante la crisis del PSOE, con el derrumbe del socialismo catalán, que preocupa mucho en el PP, en sectores políticos y económicos. De ello hablaron en un discreto corrillo en el Congreso Felipe González, Alfredo Pérez Rubalcaba y el propio Duran. El ex presidente del Gobierno demanda «mucha cintura» para enderezar la situación y no le gustaría una deriva radical de su partido. Rubalcaba ya está fuera y Duran agotará al máximo su petición de dialogo. «Se hace lo que se puede, pero el Gobierno hace lo contrario de lo que ha dicho el Rey». La próxima semana, Don Felipe y Doña Letizia tendrán su primera «prueba de fuego» como Reyes en Cataluña, durante la entrega de los Premios de la Fundación Príncipe de Gerona en la que coincidirán con Artur Mas. Desde la Generalitat, Joana Ortega y Frances Homs ya se han apresurado a definir el encuentro como «ocasional y no formal». Es decir, buscan una audiencia oficial en La Zarzuela. En el seno de CiU, las posturas siguen divididas. Duran opina que «arduo trabajo tiene el Rey por delante para ejercer su función moderadora, convencer al Gobierno de que reme en la dirección necesaria para calmar el conflicto catalán». Por su parte, Mas se muestra inflexible. Tras los saludos en el Congreso, la veterana Ana Balletbó, durante muchos años diputada del PSC, le invitó a las jornadas que todos los años organiza en la localidad de S,Agaró. «¿Cuándo son?» ,le preguntó Mas. «En noviembre, president». Cuenta conmigo, «si no estoy en la cárcel o en el exilio». Epatados dejó a todos la respuesta.