Rubalcaba: se acabó el año de gracia

Los que creen que el PSOE es suyo abogan por un congreso extraordinario mientras los demás prefieren unas primarias

Los que creen que el PSOE es suyo abogan por un congreso extraordinario mientras los demás prefieren unas primarias

Hace poco más de un año, Alfredo Pérez Rubalcaba ganaba el congreso socialista en Sevilla. Veintidós escasos votos le encumbraron a la Secretaría General de un PSOE que atravesaba sus momentos más difíciles. Había cosechado la derrota más importante en unas elecciones generales y su poder municipal y autonómico estaba reducido a una mínima expresión. Los errores de la derecha en Asturias, que se presentaba dividida, y en Andalucía con un Javier Arenas como cabeza de cartel que se diluyó como un azucarillo ante un José Antonio Griñán que aguantó el tirón y mantuvo el gobierno pactando con Izquierda Unida, endulzaron sus primeros momentos y minimizaron las derrotas de Galicia y País Vasco.

Un año después, el PSOE sigue en la UVI. Rubalcaba, su equipo y sus aliados, no consigue sacar al partido de ese pozo sin fondo en el que se ha metido. No es oposición política. El penoso resultado del Debate del Estado de la Nación es la prueba del algodón. Rubalcaba fue ninguneado por un Rajoy que afrontaba su primer debate en unas condiciones más que desventajosas. Las críticas internas subieron de tono. Tampoco es oposición en la calle. No ha conseguido reconectar con unos movimientos sociales que lo miran de reojo, y con un cierto desprecio, porque consideran que lo socialistas «ya no son de los suyos». Conclusión, los socialistas no capitalizan el descontento porque son vistos como una parte más del «establishment» y, como tal, no exento de culpa en la gestión de la crisis.

En palabras de Tomás Gómez, el crítico dirigente madrileño, es necesario «un nuevo líder y un nuevo proyecto». No le falta razón si se analizan las encuestas. El PSOE no recupera terreno ante un PP acosado por un fuerte descontento social, por una crisis a la que no se vislumbra final y por Bárcenas. El partido de Rubalcaba parece no contar en este acoso. A pesar del desgaste de Rajoy, que ha perdido 20 puntos en el apoyo popular, el PSOE sigue por debajo en las encuestas. Su líder no aprueba ante los electores. Continúa en valoración por detrás del presidente del Gobierno y su percepción por parte de los más jóvenes no augura un liderazgo de futuro.

Rubalcaba ha fracasado en su primer año de gestión. No ha conseguido armar una alternativa –creíble– ni afianzar su liderazgo en la sociedad, pero tampoco en el partido. Los conflictos con los gallegos y, sobre todo, con los catalanes han evidenciado una debilidad a la que Ponferrada ha puesto la gota que ha colmado el vaso. Galicia es el ejemplo de que el partido no aceptará imposiciones desde Ferraz. El hartazgo está llegando a las bases.

Cataluña es la imagen del fracaso, de la incapacidad de armar una alternativa federal. El PSC ha entrado en un círculo vicioso. No son independentistas, ciertamente, pero han centrado su política en decidir sobre el derecho a decidir, abandonando a su suerte a una buena parte de su electorado que está «pasmado». Los socialistas catalanes están entusiasmados por su actuación. No se dan cuenta de que sólo reciben los parabienes de los que nunca les votarán. El soberanismo ha ganado una nueva batalla.

Ponferrada, por último, es la degradación de la política y de la autoridad. Su estigma, que perseguirá a los socialistas durante décadas. Es su fracaso personal de una forma de hacer política. Este episodio ha servido, sin embargo, para que muchos hayan visto que el rey iba desnudo. Por eso se han iniciado los movimientos. Al frente, el propio aparato que aupó a Rubalcaba en Sevilla que da sus primeros pasos de la mano de Patxi López. Parecen conscientes que Rubalcaba no llegará en condiciones a una contienda electoral y que no sirve refugiarse en el caparazón. Los críticos, que estaban entre bambalinas, están haciendo explícito su malestar y no se andan con miramientos. El año de gracia ha acabado. Unos ponen sus esperanzas en un congreso extraordinario –más fácil de controlar por los que consideran que el PSOE es de su propiedad– y otros apuestan por las primarias como única posibilidad de volver a mirar a los ojos a los ciudadanos. El PSOE ha perdido un año. Ahora empiezan las hostilidades.