La cifra del asalto de los «susanistas»: 100 diputados

Ferraz se prepara para el día después de las elecciones, consciente de que el PSOE no ganará los comicios ni podrá formar gobierno

Pedro Sánchez y Susana Díaz coincidieron ayer en su primer acto conjunto para las elecciones generales
Pedro Sánchez y Susana Díaz coincidieron ayer en su primer acto conjunto para las elecciones generales

«Semana horribilis» para Pedro Sánchez. El desánimo cunde en las filas socialistas en un momento crucial para el partido, pues apenas restan 40 días para las elecciones generales. Cuando todavía no se había atenuado el ruido interno por el fichaje de Irene Lozano, Sánchez sorprendía con un almuerzo con Mariano Rajoy que no había consensuado con el resto de barones territoriales. La idea de transmitir una imagen de unidad, de sentido de Estado, se vio sobrepasada por la incomparecencia pública del líder de la oposición tras el encuentro, que vio como el resto de candidatos nacionales aprovechaban su paso por La Moncloa para ganar puntos de cara al electorado. Sánchez dejó pasar la oportunidad de sumarse ese tanto y el hecho de atribuirse el triunfo ajeno de aprobar la ley del divorcio le convirtió de nuevo en blanco de todos los reproches dentro y fuera de su partido. Esto, unido a que algunos medios han dejado volar los fantasmas del sorpasso por parte de Ciudadanos, ha minado sobremanera la moral del candidato socialista. Sánchez trata de paliar este clima adverso con «trabajo y más trabajo», pero la omnipresencia no siempre ha sido la mejor receta para calmar a las huestes socialistas, si bien sus «ocurrencias» más criticadas han venido de la mano de una excesiva sobreexposición mediática.

Pero el desánimo del secretario general no es consecuencia del temporal externo, con el que ya está acostumbrado a lidiar, sino más bien de los pronósticos que le ofrece su círculo más cercano. Según ha podido saber LA RAZÓN el entorno del candidato ya le está preparando para el día después de las elecciones. En Ferraz son conscientes, y así se lo han transmitido a Sánchez, de que no tienen opciones de ganar al PP el 20-D y de que, si se cumplen los peores augurios, tampoco serán capaces de formar Gobierno, pues se enfrentarían a la difícil misión de liderar un frente de todos contra el PP. En el mejor de los casos podría establecerse una triple coalición entre PP, PSOE y Ciudadanos, una hipótesis que no barajan en Ferraz, ya que supondría aliarse con las «dos derechas». Con este panorama, éstas serían las primeras elecciones en democracia en las que el PSOE no pugna por ser la fuerza más votada, sino que se centra en mantener la hegemonía dentro de la izquierda y de su propio partido.

Sin embargo, dentro del PSOE existe una fuerte corriente que no comparte las nuevas metas del partido y que está empezando a difundir la idea de que un resultado por debajo de 100 escaños sería detonante suficiente para forzar la salida de Sánchez de la dirección. Un dato que resulta incluso optimista y que haría bueno el obtenido por Alfredo Pérez Rubalcaba –que marcó el peor de la historia del partido en 2011 con 110 diputados– si se atiende a las encuestas y a los pronósticos que barajan las federaciones, en los que no superarían en muchos casos los 90 parlamentarios.

Ante la incertidumbre de los resultados que puedan arrojar las urnas, Ferraz intenta blindar a su secretario general. Después de configurar unas listas a medida, en la que Sánchez ha plagado el grupo parlamentario de personas afines que aseguren su permanencia, el partido se ha lanzado a ganarse el favor de la militancia. Eslóganes como «Pedro nos une» no están dirigidos tanto a los electores como a sus propias bases, a fin de configurar un frente común entorno a la figura de su líder que impida que le remuevan de su cargo si pierde las elecciones. Sánchez no se quiere ir y así lo ha manifestado en numerosas ocasiones, pero el peso de su pulmón electoral reside en dos territorios «hostiles». Andalucía y Cataluña suponen tradicionalmente más del 37% de los apoyos que recibe el PSOE. Si partimos de los 100 diputados, Andalucía mantendría los 25 que cosechó en 2011, y Cataluña obtendría 12, un resultado poco probable si lo extrapolamos con las municipales, lo que les daría siete en el mejor de los casos. Así se entiende la lucha que se ha librado en Barcelona por colocar en los primeros puestos a personas de confianza, una pugna que ha ganado Carme Chacón, ya que el primer diputado afín a Miquel Iceta va como número seis.

Con este escenario, hoy el PSOE se reúne a puerta cerrada –por primera vez– para debatir las enmiendas de sus federaciones al programa electoral. Una votación que ha dejado de ser pública y se ha sacado del programa de la Conferencia Política del próximo fin de semana para evitar que las disensiones internas salgan a relucir tan cerca de las elecciones. El principal foco de disconformidad será la reforma laboral, que los barones territoriales piden que se derogue en su totalidad.